Popayán, historia y cultura

Darío Mazuera es un personaje del Gran Cauca que se encumbró siendo uno de los militares que acompañaban a Julio Arboleda durante la revolución de 1860, deportado por varios países, por criminal y aventurero y que finalmente murió fusilado, como un héroe. Los historiadores de su tiempo se expresan de él en diferentes formas, inclusive relatan historias inverosímiles y sanguinarias.

DARÍO MAZUERA

Lunes 2 de marzo, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano

Se cree que Darío Mazuera nació en fecha no determinada en Cartago, ahora Valle del Cauca. Sergio Arboleda (1822-1888) relata que “En el norte del Estado, un joven entusiasta, de actividad y de talento, Darío Mazuera, llegó a deslumbrar al Comandante en Jefe, Julio Arboleda, que creyó hacer un hallazgo en persona de tan buenas cualidades, cuando se sentía tanto la falta de hombres, y lo hizo, primero, Gobernador de Buga, después de Palmira, luego Teniente Coronel Comandante de una Columna, y al fin Comandante General del Departamento Militar del Norte. Este joven sacaba muchos recursos pecuniarios y tenía el don de engañar y de parecer popular en los pueblos mismos en que estaba cometiendo violencias, para sacar dinero que en la mayor parte aplicaba a sus propios gastos que no eran nada moderados”.

Dario Mazuera

José María Quijano Wallis (1847-1922), quien es el historiador que más detalles da de Mazuera, en sus Memorias autobiográficas escribe que “… desplegó en Palmira sus instintos sanguinarios, su audacia incomparable y su energía felina. Alguna vez en esa población, en un momento impulsivo y de mal humor, hizo sacar de la cárcel un grupo numeroso de prisioneros políticos y, sin fórmula alguna, los hizo fusilar en la plaza pública, mandando él mismo la escolta para la ejecución. Y como ésta ejecutó varias otras fechorías, según lo refieren las crónicas”.

Fueron tantos los crímenes de Mazuera que el 7 de febrero de 1862 fue dado de baja en el ejército por el mismo Julio Arboleda, quien le otorgó pasaporte después que aquél le hablara en “términos atrevidos y amenazantes”.

Cuando huyó del Cauca se refugió en Lima y entre 1863 y 1865 se convirtió en la persona de confianza del general Juan Antonio Pezet, presidente del Perú … luego Mazuera se instaló en Chile donde, vivió por algún tiempo “de la intriga, del chantaje y de las artes de los caballeros de industria”, hasta que fue expulsado por las autoridades … Instalado en México se puso al servicio del general Antonio López de Santa Anna, ex presidente, convirtiéndose en su secretario privado y su hombre de confianza.

En Nueva York estableció relaciones de amistad con el escritor Rafael Pombo (1833-1912) y le prometió darle sus “Memorias” para que fueran publicadas. De allí debió huir apresuradamente con destino a París, a donde llegó el 17 de mayo de 1867. Allí lo conoció Florentino Vesga, amigo de Pombo y redactor del importante periódico Diario de Cundinamarca, quien trabajaba en la Legación de Colombia que estaba a cargo del general Santos Gutiérrez.

En París la vida de Mazuera, fue la de un “rico libertino“. Conoció a importantes personajes: Alejandro Dumas, el filósofo Julio Simón, quienes plasmaron sus autógrafos en un álbum en el que Mazuera coleccionaba las firmas de los principales literatos y personajes de la época. En compañía de Vesga visitaba diferentes lugares y en uno de ellos dieron con una anciana que leía cartas.  Mazuera solicitó que le leyera la suerte. Las cartas le mostraron un destino fatal: su fin estaba cercano y sería sangriento, e impresionado, confesó a su acompañante que era perseguido por la policía que desde Estados Unidos le solicitaba en extradición y que temía por su vida. Vendiendo su libro de autógrafos pudo salir de Francia antes de ser apresado.

Huyendo Mazuera viajó a La Habana completamente pobre. En el malecón encontró a Fernando Escobar, un médico muy distinguido y amigo suyo del Estado del Cauca. Mazuera le exigió diez mil pesos bajo la amenaza de divulgar su delito de bigamia, pues dicho médico era casado en Santiago de Cuba, a pesar de que su primera esposa vivía en Cali. Escobar denunció a Mazuera como un terrible revolucionario y criminal colombiano ante las autoridades coloniales de la isla, quienes lo desterraron y lo pusieron en un vapor que partía para México y lo arrojaron en las playas de Yucatán.

Se estableció en la ciudad de Mérida, con el apoyo y protección de Francisco Altamirano, un literato de la localidad y opositor al gobierno. Al parecer Mazuera, según su protector, quería dedicarse a “reparar las faltas de su vida”. En junio de 1867 los republicanos derrotaron al emperador Maximiliano y se inició una serie de represalias con aquellos que apoyaron la monarquía. Mazuera fue encargado de la dirección del periódico Combate, desde el cual se había llamado a la guerra civil contra la monarquía. El 14 de agosto de 1868 Mérida cayó en manos de las tropas enemigas comandadas por el coronel José Ceballos, quien hizo apresar a Mazuera y a Altamirano como conspiradores.

En la cárcel, Altamirano consideraba que el colombiano no corría ningún peligro dada su condición de extranjero y de neutral. Pero Mazuera  consideraba que había llegado el momento de “entregar vencido el pensamiento, como se ha entregado vencido el cuerpo” y llevado por el remordimiento de sus crímenes, ofreció la salvación a su amigo y protector, pues lo autorizó para que en el momento en que fueran llamados para ser fusilados él diera su nombre como suyo y de ésta forma pudiera conservar la vida, mientras daba aviso al consulado colombiano.

Con algunos temores de conciencia, Altamirano obedeció a su amigo no sin antes recibir su testamento escrito: “Si mi vida ha sido estéril, no lo será mi muerte, que ella contribuya a la felicidad y al amor. Tenga como premio, a lo que es más bien hastío que sacrificio, un bondadoso recuerdo. Quiero que mis cenizas descansen en la Patria, cerca a las de mi Jefe en la guerra de 1860. El cofre que guarda mis Memorias, a Rafael Pombo; la noticia de mi muerte, a Florentino Vesga”.

Poco después, sin que alcanzara a llegar la ayuda de los funcionarios de la Legación Colombiana, Mazuera sufría la muerte sangrienta que le predijera la anciana en París. Era el 6 de febrero de 1869, y sus últimas palabras fueron: “Señores, ¡Aquí morimos varios inocentes! ¡Que nuestra sangre caiga sobre los malvados!”. Las memorias de Mazuera fueron entregadas a Pombo y sus cenizas fueron enterradas cercanas a las de Julio Arboleda.

PRIMEROS POBLADORES DE POPAYÁN

De: Mario Pachajoa Burbano

Nos preguntamos ¿Cuáles fueron los primeros pobladores del Valle de Pubenza y desde cuando?. Jaime Arroyo Hurtado (1815-1863)  investigó en detalle esta parte de la historia de Popayán, lo que nos ha permitido hacer un compendio de la importante información que nos suministra.

Las tradiciones señalan a los primitivos pobladores como seres venidos por mar de diversos lugares con rumbos inciertos y desconocidos. Se cree que los primeros fueron los Caras a quienes los incas conquistaron.
Los españoles encontraron a los Quichuas, Aztecas y los Chibchas quienes tenían un grado relativo de progreso, que asombró a los conquistadores. Los demás formaban grupos completamente salvajes.

Cualquiera que sea su origen, algunos desaparecieron, nos dejaron imponentes muestras de su cultura en las ruinas que aún hoy admiramos en San Agustín, Coconuco, Cobaló y muchas otras regiones del antiguo Cauca.

Los dialectos que hablaban eran numerosos, pero se ha notado que entre regiones lejanas y dispersas de Colombia, hay muchas similitudes, por lo que se cree que provenían de un mismo origen. Hay muchos  lugares, ríos, lagos y montes cuyo nombre es muy similar. Los primeros historiadores creen que los indígenas que poblaban la actual Colombia y el Ecuador tenían su origen en el Caribe. Pero hay un fundamento más razonable en las voces caribes que han llegado hasta nosotros y que conservan todavía en los nombres propios de sitios y lugares, de montes y de poblaciones; esos nombres no son en manera alguna de los que trajeron al Perú desde las Antillas los primeros conquistadores españoles; tampoco pertenecen al idioma quichua ni aymará; son genuinamente indígenas y encuentran fácil interpretación en la lengua caribe.

Los Caribes eran innumerables, sus tribus y parcialidades se diseminaron hasta la Florida, USA. Pero esta raza tan populosa y tan viajera no constituyó una nacionalidad, ni  formó una monarquía bien organizada; su género de vida era independiente, y cada parcialidad formaba un campo social por separado. Hablaban una lengua suave, hermosa, abundante en articulaciones vocales; pero variaba muchísimo, descomponiéndose en un número considerable de dialectos diversos. Conocían el cultivo del maíz, la yuca, la batata y del algodón; entre sus animales domésticos poseían un perrillo mudo y el conejillo de ludias, llamado cuy en la lengua de ellos.

A la llegada de los españoles, hacia el sur de la hoya del Patía habitaban las tribus Quillancingas algo mezcladas con los Caras. En las del Pacífico formaban una especie de confederación las salvajes tribus de los Guapíos, Telembíes y Barbacoas. El centro del Patía pertenecía a los Patías y Bojoleos. Al inicio de la hoya del Cauca, se encontraba la confederación de los Pubenenses, compuesta de varias tribus, entre las cuales se contaban las de los Coconucos y Chisquíos, sometidas al Yazgüen (régulo), cuya corte era Pubén, hoy Popayán.

Los Guachicono, los feroces Paeces, los famosos Pijaos, los Pantagoras y otras tribus crueles hacían sus irrupciones en los valles del Cauca y Magdalena. En la banda oriental del río Cauca hay noticias vagas de los Calococos, los Toribios y de algunas tribus más que obedecían al cacique Calambás, relacionadas, según conjeturas, unas con los Paéces y otras con los Pubenenses.

En los territorios bañados por los ríos que nacen en nuestras cordilleras y van hacia el río Amazonas, habitaban numerosas tribus entre ellas los feroces Cofanes que fueron civilizados por el jesuita Rafael Ferrer y otros, en los años entre 1603 y 1604. Los Cofanes llegaron a formar tres pueblos que, en ausencia de los jesuitas, llegaron a tal estado de salvajez que cuando Ferrer pretendió reconquistarlos le dieron muerte.

Finalmente, en el libro de Jaime Arroyo Hurtado los autores reflexionan que: ¿Cual era, poco más o menos, la población que sumaban todas estas tribus? Imposible determinarlo: los datos faltan y los calculadores discrepan de tal manera que es imposible resolverse a tomar un término medio como expresión de la verdad.  Carlos Benedetti, en su Historia de Colombia, 1887, dice que el territorio  que actualmente lleva ese nombre comprendía en la época de la conquista una población de seis á ocho millones de habitantes; pero nosotros creemos bien exagerada esa apreciación.

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