Votar, deber ciudadano

HORACIO DORADO GÓMEZ

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Entre los colombianos reina la incertidumbre, que no es otra cosa que la inseguridad y desconfianza, por cuenta de la polarización, incluso dentro de las mismas familias hay agrietamientos. Este fenómeno es la reproducción de la gran polarización de la historia política colombiana, entre Santander y Bolívar, quienes compartían el sueño de la libertad, lucharon juntos por ella, pero se separaron por las diferencias en sus proyectos políticos. En los últimos años la polarización se volvió a desarrollar en Colombia, porque el desarreglo entre Santos y Uribe nos ha perjudicado a todos. Las distintas posturas ideológico-partidarias repercuten gravemente en las relaciones sociales, incluso entre parientes muy cercanos. La polarización política nos volvió a dividir en facciones extremas y en consecuencia, las voces moderadas perdieron poder e influencia.

Esa mancha en Suramérica, se extendió ante la carencia de consenso, la población se dividió, desconfía de los rivales políticos y no está dispuesta a ceder para llegar a acuerdos. Son sociedades polarizadas y lo más grave, es que, tales divisiones producen los peores resultados en todas las esferas: inseguridad para las empresas e inestabilidad política, pobreza y desigualdad social.

El peor ejemplo de lo dicho, es el vecino país de Venezuela. Allí cunde la crisis moral, política, económica, financiera, social, militar, judicial, sanitaria, educativa, cultural, migratoria más grande que se haya conocido en toda su historia. Entregaron la soberanía nacional a Cuba, los derechos humanos pisoteados y la institucionalidad destruida. Para colmo de males, mediante una farsa electoral, reeligieron el absolutismo de Nicolás Maduro.

Desde luego, la inseguridad alimentaria y salarial provocada por las crisis económicas y la rampante corrupción genera vulnerabilidades que empujan a las personas a los extremos políticos. También, la violencia y la criminalidad, son factores que junto a la impotencia del Estado, y la ineficaz justicia en su conjunto, conduce a las personas a adoptar posiciones extremas, alimentando la polarización de los votantes convirtiéndose en un círculo vicioso. Tribulación que se fomenta desde las redes sociales, sin análisis sobre las falsedades y las verdades.

En fin, después de esta larga campaña, llegamos a elegir el Presidente de los colombianos, en medio de la incertidumbre fomentada, desde encuestas pagadas para arrebatar la silla presidencial a punta de sondeos de opinión que no obedecen a la información ni a la realidad social, económica, jurídica y política de las propuestas ni de programas, acabando de oscurecer el panorama nacional. Quienes saben de política, dicen que “las encuestas se hacen para que el ciudadano compre un candidato, no para que lo elija”.

Concluyendo, no es útil hablar mal de la política, porque esta es necesaria y parte de la vida de los colombianos como sostén de la democracia, bien dijo Aristóteles: “somos animales políticos y la política es una actividad inherente a la naturaleza humana”. En tal sentido, es necesaria su participación, como deber ciudadano y como un derecho de todo sujeto social. Tomemos posiciones para ser actores de los cambios a que aspiramos. Hagámoslo a conciencia por quien mejor nos represente para tener una Nación fuerte. Es nuestra responsabilidad con la familia, con Colombia y con nosotros mismos, votando por quien verdaderamente creamos que es la mejor opción y no por razones equivocadas. Recordando que hoy, en el cubículo, estaremos solos, con nuestra conciencia.