Unidad familiar en torno a las costumbres

HORACIO DORADO GÓMEZ

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Como todos los años, esperamos la navidad. Época para irradiar amor puesto en lo alto. Cariño, afecto para la familia y desde luego, para renovar la fe en Dios. No hay ninguna disculpa para no compartir con los hijos, ni mucho menos, para dejar de inculcar los valores y para transmitirles la felicidad que está adentro del corazón vibrante de alegría con tantas cosas lindas, y símbolos navideños que aprendimos cuando niños. Entonces, es tiempo para remozar la Navidad que está llena de tradiciones.

Cuando empezamos a hablar de Navidad al final de cada año, es la señal del restablecimiento de cosas transmitidas de generación en generación, muy anteriores a la nuestra. El pesebre, el árbol de navidad buscándole el sitio ideal, con los mismos adornos y figuras, posiblemente heredados de nuestros abuelos, cada uno contiene su propia historia, custodiadas con esmero. Son momentos de energía sacada de donde no las tenemos, un día específico para renovar el gozo y el espíritu navideño de toda la familia. Desde los ansiosos niños por adornar el hogar, hasta las recomendaciones de los más viejos, con indicaciones de: “quite aquí, ponga allá”, hasta que todo quede “regio”, a decir de las señoras.

Todos esos sentimientos de alegría caracterizan la unidad de la familia alrededor de las costumbres. No finalizan con la celebración, porque siempre estaremos a la espera del próximo año. La casa queda triste después de desvestirla, porque las tradiciones forman parte de un pasado y a veces con nostalgia, porque las personas que compartieron esas costumbres ya no están entre nosotros.

Necesario, entonces, conservar la Navidad tradicionalmente, porque son partes estimulantes de nuestras vidas. De cada núcleo familiar depende su mantenimiento para que los que siguen, aprendan a amar a los demás, poniendo en alto el amor y la paz. La felicidad no solo está en los regalos materiales. Lo primordial es disfrutar con alegría y espiritualidad. Transmitir el mensaje de renovación de fe y la alegría que acompaña las tradiciones navideñas, es la manera de cultivar el espíritu y encontrar felicidad al interior de cada uno. Con cada acto volvemos a ser niños. Hablar sobre el significado de la Navidad en las distintas tradiciones religiosas y contar anécdotas sobre la celebración de estas tradiciones en la familia es la forma de fortalecer el espíritu navideño. Son momentos para compartir con las personas queridas y para dar, no solo para recibir. La Navidad es tiempo de costumbres que invitan a participar de un mensaje de amor y de entrega.

Es temporada de enseñar a los hijos a compartir con aquellos que lo necesiten, a ser solidarios y a estar dispuestos a dar desinteresadamente. Aquello que pedimos desde nuestro corazón tiene un gran valor., por ejemplo, salud para un familiar, bienestar para los amigos o vivir en armonía. Ante los cambios del mundo moderno, muchas de estas tradiciones se han ido perdiendo. Hoy, muchos niños parecen ajenos a los rituales familiares de antaño. . Aprovechemos para rescatar, con hijos y nietos, tradiciones como cantar villancicos, hacer la novena e intercambiarlas con los vecinos, contar historias de Navidad, hacer manualidades o jugar aguinaldos.

Civilidad: Estas celebraciones en familia crean vínculos emocionales de amor y alegría.