¿Quién sabe?

MARITZA ZABALA RODRIGUEZ

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@mazarito1

Hoy quiero compartirles una historia que personalmente me gusta mucho, pues plasma lo que nos sucede cuando las situaciones que vivimos nos angustian, porque al asediarnos, nos ponen mal y nos hacen olvidar que a los únicos que tendremos siempre, somos a nosotros mismos. A nadie más.

No es fácil responder a las distintas circunstancias y a veces es difícil aceptar que todo se equilibra por sí mismo, porque cada cosa, tiene su significado y razón de ser y en medio del afán actual dejamos de lado paciencia, prudencia y resiliencia.

También hay que tener claro que hay cosas que solo suceden y no hacen parte de nuestro dominio. Simplemente suceden y ya. Tal vez en medio de las circunstancias, buenas o malas, no debemos dar nada por sentado en nuestras vidas.

Y es cierto, literalmente, los golpes que nos damos, nos hacen recordar que rompemos para construir y que todo lo que nos pasa: bueno o malo, nos forma y hace de cada uno, lo que vemos en el espejo a diario. Siempre podremos tomar la actitud más inteligente y hacer de una situación negativa una oportunidad para experimentar. Por eso mi elección personal de vivir un día a la vez, sin perder el tiempo en juzgar lo que hacemos, puede funcionar.

El relato que traigo hoy y que espero, nos haga reflexionar, sobre el papel y perspectiva que cada uno puede tomar, es este:

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: ‘¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: ‘¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: ‘¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?”.
Relato tomado del libro “Sadhana, un camino de oración“, del místico y sacerdote católico Anthony de Mello (1931-1987).