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    La historia de un adicto que cayó al infierno y subió a la gloria

    El relato de un hombre surcaucano que ahora apoya a personas que pasan por el mismo infierno que él pasó.

    POR EFRAÍN PIAMBA GÓMEZ

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    Leonardo Emiro Gómez Rendón, director de la fundación en sus orientaciones de rehabilitación.

    Con su vocación de servicio, Leonardo Emiro Gómez Rendón apoya a quienes le necesitan. / Fotos Somos vencedores por hoy – El Nuevo Liberal.

    El protagonista de esta historia de vida es Leonardo Emiro Gómez Rendón quien nació en Bolívar, Cauca en el año de 1957.

    En su pueblo natal, cursó estudios de básica primaria y dos años de secundaria. En busca de mejores oportunidades, a comienzos de la década de los años 70, migra a Popayán, le acompañó una parte de su familia y fijaron su residencia en un sector popular de la capital Caucana.

    En el barrio donde vivía se encontró con un grupo de jóvenes alegres, despreocupados por el estudio y el quehacer de la casa; esos nuevos “amigos” lo invitan a embarcarse en una aventura de consumo de sustancias alucinógenas que duró aproximadamente veinte años.

    En ese lapso borrascoso, dice Leonardo Emiro “me inicié como un moderado consumidor de drogas: bazuco y marihuana. Conseguí empleo informal y me camuflé como trabajador para ocultar mi adición a esas drogas que causan más dependencia porque son de bajo costo”.

    Con el correr de los años, en la vida de Gómez Rendón, se establece una relación directamente proporcional, a más edad, más vicio.

    Estas magnitudes fueron la causa por las cuales ingresó al bajo “bajo mundo” de la drogadicción, abandonando a su familia, a sus verdaderos amigos y a la sociedad de bien donde interactuó.

    La adicción a las sustancias psicoactivas hizo que Leonardo Emiro viviera un verdadero calvario como habitante de calle y, cuando no hubo recursos para saciar su narco dependencia, se convirtió en reciclador pordiosero y otras actividades propias de este tipo de personas.

    Ingresa a la Cárcel San Isidro de Popayán

    Aprovechando su estado de vulnerabilidad. Leonardo Emiro es contratado para llevar una mercancía que permanecía en una casona de un barrio de Popayán; justo cuando cumplía su trabajo de estibador, le cae la Policía y lo detienen porque según labores de inteligencia de los uniformados, los objetos que estaba cargando en un camión, era producto de un robo.

    El caso pasó a la autoridad competente quien le dictó orden de detención intramuros, por tal motivo, fue recluido en la Penitenciaría de la capital Caucana.

    En la prisión, desafiando su estado depresivo, trabaja y estudia. Emiro expresa: “Comencé a leer la Biblia y sentí el llamado de Dios que me decía: tú tienes que salir de ese infierno”.

    El caso es conocido por un coterráneo, profesional del derecho, quien asume su defensa y logra demostrar que es inocente de los cargos que le imputan. Promediando el año de estar en el reclusorio, sale con libertad incondicional. Pero el caso va más allá, el jurista demanda a la Nación por falsas imputaciones y logra que su patrocinado sea indemnizado.

    Cambio de vida

    Una vez en libertad, con algunos recursos producto de la demanda, a pesar del control que ejerce su defensor, sigue consumiendo drogas.

    El abogado hace ingentes esfuerzos para que se someta a un tratamiento de desintoxicación, proceso que se cumple en un tiempo prudencial.

    Emiro ingresa a la fundación ‘Narcóticos Anónimos de Colombia’, sede Cali. Este centro de rehabilitación tiene como propósito principal que sus miembros, mediante la práctica del “programa de 12 pasos”, se mantengan sin consumir ningún tipo de drogas de sólo por hoy y llevar el mensaje al adicto que todavía sufre.

    Uno de sus principios rectores es perder el deseo de consumir drogas y descubrir una nueva forma de vivir. Aduce el personaje de la historia: “En esta confraternidad, con la guía del Ser Supremo, trabajamos mutuamente y nos comprometemos cada día a dejar la droga y retornar a la sociedad de bien de la cual nos alejamos”. A los tres semestres de haber ingresado a esta institución, Emiro retorna a la normalidad.

    En su nuevo estado de vida, se gradúa en un bachillerato nocturno, estudia en el Sena y se especializa como Facilitador de Comunidad Terapéutica, niveles 1 y 2. Ahora se prepara para ingresar a la universidad. Con sus ahorros, producto de la indemnización, crea su propia fundación.

    Fundación ‘Somos Vencedores por Hoy…’

    Con el lema “La recuperación es posible”, Gómez Rendón se convierte en director de esta organización que cuenta con las licencias y requerimientos de Ley. Opera en la ciudad de Cali con el Número de Identificación Tributaria (NIT) 901116045-9; a esta dependencia, llegan los asuntos relacionados con drogadicción.

    En la actualidad, atiende a 15 personas con problemas de adicción los cuales disfrutan de servicios en salud, alimentación, terapias, talleres, entre otros.

    Para colaborar con el sostenimiento de la institución, sus integrantes tienen una microempresa de venta de libros a bajo costo y cuya temática es la lectura para niños, pasatiempos, dibujos, recetas de cocina y medicina natural; además promocionan la venta de bolsas para la basura y otros elementos caseros.

    Mensaje

    Con este breve testimonio, Leonardo Emiro expresa: “Hago un llamado a los padres de familia, hijos, educadores y comunidad en general, para que mancomunadamente se haga un trabajo en favor de la juventud y de esta manera evitar que niños y adolescentes caigan en este flagelo de la drogadicción y a los adictos que establezcan comunicación con Dios y le expresen cada día ¡Señor!, hoy quiero estar limpio y no consumo de drogas”.