Que nos paguen la deuda

marco valencia tradicionalPor: Marco Antonio Valencia

@valenciacalle

La deuda que los empresarios y contratistas (especialmente de la construcción) le deben a la cultura del Cauca constituye uno de las afrentas morales más grandes de los últimos tiempos.

Conocer esa historia explica un poco el por qué no tenemos un instituto de cultura en el departamento del Cauca.

El por qué carecemos de artistas y productos nacionales que representen a la región, el por qué no hay recursos de fomento para el sector. Y no hablamos de una deuda moral sino económica.

El gobierno nacional desde el año de 1997, al crear el Ministerio de Cultura faculta a los entes territoriales llamados gobernaciones y alcaldías para la creación de organismos parecidos como Secretarias de Cultura o Institutos de Cultura “como entes independientes” para que se encarguen de fomentar la cultura de manera directa; luego en el año 2001 crea el impuesto de la estampilla Procultura, facultando a gobernaciones y municipios su aplicación en sus respectivos territorios con el fin de financiar la cultura.

Pues bien, la Asamblea Departamental del Cauca, después de doce años, óigase bien, después de doce años, tan solo hasta el año 2013, después de muchos, pero muchos ruegos y casi obligado por el Ministerio de Cultura aprobó el cobro del impuesto a la estampilla Procultura en el departamento, ¿Por qué? Porque las empresarios y contratistas en el Cauca, digámoslo de una vez, no dejaban.

De buena fuente sé que algunos empresarios dedicados a la construcción liderados por ingenieros dizque sensibles socialmente, con argucias políticas y amiguismos, presionaron a los gobernadores de turno, para impedir una y otra vez, que la Asamblea del Cauca con firma del gobernador reglamentara el impuesto a la “Estampilla Procultura”. Un impuesto que en casi todos los departamentos y ciudades del país hoy en día se cobra entre el 1% y el 2%, pero que en el Cauca – de manera ilógica y para cumplir el requisito-, se aprobó para cobrar el 0.5%.

En la práctica, y a carta blanca, por parte de los contratistas y empresarios, hubo evasión de impuestos por más de diez años. Impuestos que estaban destinados a fortalecer la cultura y sus procesos en el departamento. Pero en realidad la culpa, la responsabilidad política y administrativa recae directamente en gobernadores y diputados de turno que hoy deberían ser investigados por la contraloría departamental por omisión funcional.

No tener recursos en el departamento del Cauca para el sector cultural ha impedido que se tenga un Instituto de Cultura, necesario y justo para una región agobiada por la violencia, el analfabetismo y la falta de oportunidades para artistas y creadores, con mucho que ofrecer para Colombia y el mundo gracias a su riqueza multicultural. La cultura en el Cauca es una oficinita de la Secretaría de Educación, que sirve para disimular la falta de interés real y contundente de nuestros gobernantes por un sector que merece otro trato, otras disposiciones.

Por falta de recursos para la cultura es que nuestra industria cultural es un espejismo, las iniciativas culturales tienen cara de elefantes blancos, y sus artistas son casi que convidados de piedra en los escenarios nacionales. Para no ir más lejos, el Cauca no tiene una biblioteca departamental, ni escenarios propios para eventos, ni plan de premios y estímulos para creadores, ni apoyo directo a escuelas de formación. Nada. La oficinita de cultura es un burocrático con funciones y recursos limitados con más deseos que recursos, con más alma de quijotes que de gestores. Y así no se puede.

Es increíble que con semejante orfandad, todavía los caucanos tengamos que ofrecerle y mostrarle al mundo. Porque la gente viene de todas partes a escuchar, ver, probar, conocer ver las obras de arte que tenemos no solo en los museos y las iglesias, sino en las calles y los pueblos. Pero lo triste es que por falta de políticas culturales definidas, los artistas no se lucran de nada y los únicos que se benefician del turismo, por citar un solo ejemplo, son los empresarios tradicionales a través de sus hoteles y restaurantes o servicios de transporte. Los cultures, los artistas ven pasar la plata de un lado a otro y no recibe nada, solo aplausos. Y así no se puede.

Exhorto hoy, a la Asamblea departamental en cabeza del doctor Mauricio Medina Castro, y al gobernador del Cauca: ingeniero Oscar Campo, a realizar dos debates ineludibles sobre el tema cultural para del departamento: el primero: para incrementar el impuesto a la emisión de la estampilla de “procultura” al 2% y así saldar esa deuda moral e histórica de empresarios, contratistas y gobierno departamental con el sector cultural. A lo mejor, en el debate descubran como ha ocurrido en todo el mundo que la cultura es una mina tan rica que bien administrada deja dividendos no solo educativos y sociales, sino también económicos.

Y un segundo debate, más importante todavía, para crear, el Instituto de Cultura Departamental con todos los requerimientos de ley. No hacerlo es quedarse retrasado frente a lo que ocurre en el territorio nacional.