El payanés nació en 1886 y dedicó su vida a la conservación de archivos históricos con más de 400 años de antigüedad.


Por: Guillermo Alberto González Mosquera

En la histórica Calle de la Pamba en Popayán, junto a la Casa Mosquera, otra amplia casona colonial que hasta 1864 hizo parte integral de la primera, guarda una de las colecciones documentales más completas y ordenadas que se tenga noticia en América Latina. Son más de treinta mil documentos – el más antiguo data de 1537 y acredita la fundación de Popayán – que reúnen los testimonios escritos de más de cuatro siglos de historia nacional. Allí funciona el Instituto de Investigaciones Históricas José María Arboleda Llorente, adscrito a la Universidad del Cauca como centro de investigación y docencia desde el año de 1969. Cuando el eminente historiador español Salvador de Madarriaga conoció la obra monumental que había realizado Don José María Arboleda, no vaciló en exteriorizar su admiración y catalogó el Archivo como el mejor de la América Hispana.

Para realizar un trabajo de esta categoría se requería de alguien con vasta cultura, la consagración y las cualidades de auténtico historiador poseídas por Arboleda Llorente. La tarea de clasificación y catalogación de documentos históricos, realizada desde la antigüedad en la penumbra de los monasterios y el ambiente sosegado de las bibliotecas, requiere de quien se decida a encararla, con la conciencia de que va a emplearse casi de por vida a consolidarla. Para ello tendrá que proveerse de una paciencia sin límites a fin de primero descubrir el documento, comprobar luego su autenticidad para ubicarlo en el tiempo y valorar su importancia. Posteriormente deberá catalogarlo y tomar las medidas de preservación para que se conserve lo más cerca posible a su condición original. Puesto en los anaqueles, no deberá quedar como pieza muerta, sino como herramienta para investigadores que se servirán de él para reconstruir una época, determinar la participación de un personaje en un hecho notable y analizar con las modernas metodologías las varias circunstancias sociológicas y antropológicas que se dieron alrededor del hecho que se analiza. Tarea apasionante que sólo pueden llevar a cabo quienes tienen la vocación para hacerlo. Don José María dedicó cuarenta y dos años de su vida a la realización de esta obra monumental. Sin contar con paleógrafos en la Popayán de su época, hizo él mismo un índice de los signos de la escritura de los siglos XVI Y XVII, necesaria para la interpretación de los respectivos documentos. Luego emprendió la redacción de doscientos volúmenes de resúmenes de los cuales sólo han sido publicados ocho.

Don José María tuvo la oportunidad de vivir en Roma durante su juventud y allí realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana. Cuando regresó a su tierra natal entró de lleno en la política conservadora de la época y fundó y dirigió el periódico «El Cometa» desde donde defendió sus ideas. El Presidente Suárez lo designó Ministro Plenipotenciario en la Embajada Colombiana en Quito y durante el tiempo de su misión diplomática desempeñó las funciones de Embajador, pues no se nombró al titular. Cuando regresó a Popayán ocupó los cargos de Director de Instrucción Pública y luego la Rectoría de la Universidad del Cauca. Sus publicaciones más destacadas en el ámbito de la historia como «El Indio en la Colonia», «La Fundación de Popayán», «Los Documentos de Don Sergio Arboleda» y «Popayán y la Semana Santa, sus Templos y Procesiones», son documentos obligados para quienes deseen conocer cómo se formó la ciudad y su evolución en el tiempo. Escribió en dos tomos «Popayán a través del Arte y de la Historia», de los cuales sólamente se publicó el primero. También en dos tomos la «Biografía del Arzobispo Mosquera», obra de gran aliento sobre una de las figuras descollantes de la Iglesia Colombiana y uno de los payaneses eminentes en toda la trayectoria humana de la ciudad. Su «Historia de Colombia», es un texto académico y pedagógico destinado a la enseñanza en el ciclo de la educación media, que revela su doble condición de historiador y pedagogo.

Don José María murió en Popayán a los 83 años en 1969 y dejó uno de los más fecundos legados que payanés alguno haya hecho para glorificar a su tierra.

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