BannerFans.com

Permanecer “on line” no es saludable

JAIME BONILLA MEDINA

jaboneme@hotmail.com

Mucho se ha escrito sobre las ventajas y desventajas de las redes sociales. Se advierte de no permitirlas en los niños por las perturbaciones anímicas, conductuales y psicosexuales que pueden ocasionar. Los mayores no estamos exentos de estas secuelas.

Cerca de 2.000 millones de personas son usuarias de Facebook. En Colombia, alrededor de 17 millones navegan cotidianamente y comparten sus vivencias. Para la mayoría, es una actividad inofensiva, pues ignora los propósitos ocultos, y los efectos perjudiciales que ocasiona. Sin embargo, algunos analistas ya se atreven a desenmascararlos.

Mencionaremos solo dos estudios, de los múltiples existentes, donde los autores demuestran los estados de ánimo funestos despertados por la rutina en las comunicaciones “on line”. En febrero (2017) Holly Shakya y Nicholas Christakis publicaron en la revista American Journal of Epidemiology los resultados de un monitoreo minucioso a 5.208 adultos durante dos años de interacción en Facebook. También interrogaron la frecuencia del compartir con sus amistades, y la sensación de cercanía. Conclusión: entre más uso de la red, más empeora el estado de salud mental y predomina la infelicidad al compararse con el nivel de los demás. Los que tenían mayor contacto real con el mundo, presentaron menos síntomas negativos. Mai-Ly Steers en Journal of Social and Clinical Psychology (2014) reveló que el hecho de cotejarse con otros, a través de Facebook, es causa importante de depresión.

Mori Ponsowi escritora y politóloga argentina analiza detalladamente este fenómeno. Menciona que el exitoso libro Everybody lies (Todos mienten), del economista Seth Stephens-Davidowitz, habla del comportamiento hipócrita de los individuos en internet. Mientras en Google la mayoría son sinceros en la terminología de las búsquedas, debido al anonimato, en Facebook se cambia la fachada al querer proyectar una imagen favorable. De aquí se desprende una secuencia extensa de situaciones inescrupulosas. Mark Zuckerberg, creador de Facebook, antes de ser un experto en informática, estudió psicología -algo poco conocido- y entendía muy bien esa inclinación natural del humano al mimetismo.

Peter Thiel, poderoso empresario, uno de los primeros socios aportantes a Facebook, es seguidor del filósofo francés René Girard, quien fuera promotor de la teoría mimética: “el deseo humano es esencialmente mimesis; nuestros deseos se configuran gracias a los deseos de los demás. No sabemos quiénes somos ni qué deseamos, pero miramos e imitamos lo que otros hacen”. Thiel y Zuckerberg descubrieron la importancia de las redes sociales y esa relación con el comportamiento humano de la emulación constante; de ser queridos exhibiendo solo el cariz amable. En Facebook todo esto ocurre en forma simultánea conduciendo a una competencia creciente, violenta, deprimente y destructiva.

El asunto no concluye aquí: toda actividad en la red está registrada y clasificada con detalle. Mediante algoritmos detectan los gustos expresados en cada comentario, afiliación, enlace o “me gusta” que demos. Mientras nosotros fisgoneamos, Facebook nos vigila y usa la información para ganar dinero vendiéndonos anuncios seleccionados según nuestras preferencias. Dejó de ser una red social para convertirse en un negocio multimillonario; y nosotros los anunciadores gratuitos. Dos mil millones de internautas le hacemos publicidad a Facebook sin siquiera sospecharlo. Zuckerberg es el quinto personaje más adinerado del planeta y su empresa es la cuarta más valiosa.

Aparece otro flagelo: el secuestro ideológico. Al difundir noticias falsas, fácilmente las aceptamos, sin averiguar la confiabilidad de la fuente ni la veracidad, pues nos están dando ese bocado afín que nos encanta saborear.

Facebook no debe ser en un tóxico para la vida ni nosotros sus esclavos. Los expertos recomiendan evitar numerosos contactos para no envidiar personas distantes. Evadir los grupos opuestos a nuestras intenciones. Eludir páginas amarillistas. Cerrar el perfil durante varios días para realizar una dieta digital. Lo más importante es el autocontrol y cordura en el tiempo de permanencia.

Nada remplazará, ni la inmediatez de un chat, al diálogo ameno y presencial, el olor de un tinto humeante, el entrelace de unas tibias manos, la mirada cercana de unos ojos ensoñadores y los labios insinuantes de una buena compañía.