¡Odebrecht, vergüenza mundial!

ÁLVARO ORLANDO GRIJALBA GÓMEZ

Decano de la Facultad de Derecho Ciencias Sociales y Políticas de la Uniautónoma del Cauca.

agrigo@hotmail.com

Parece que la erupción del volcán de la corrupción Odebrecht, y esa incandescente lava que ha quemado prestigios, aspiraciones, aparentes pulcritudes, arrasado y devastado campañas políticas de sirios y troyanos, dejado por el piso el prestigio de “prestantes” ciudadanos que presumen manejar con honestidad el país, hubiese amainado su furia, pero no.

Por más cortinas de humo que se quieran tender sobre este escándalo que sacude el alma de la patria, no se podrá esconder jamás con actos y acciones de gobierno publicitados a todo espacio por medios abyectos a él, fruto de la enmermelada publicitaria, como los que buscan consolidar los acuerdos de La Habana, destacando el desplazamiento de guerrilleros a las zonas veredales de concentración con sus compañeras y sus niños, la entrega de armas, con los rimbombantes actos de despedida al Vicepresidente y la precipitada inauguración de las obras que ejecutó y deja en ejecución, salvo las que le debe al Cauca, esperando que esa honestidad del Vicepresidente saliente borre la desprestigiada imagen del gobierno actual. Estos sobornos de Odebrecht repartidos en Colombia, que ascienden a más de 11.1 millones de dólares, no se podrán tapar ya con nada, cada día se descubre más y más. Hay que llegar a la verdad.

Desde el momento que en diciembre el Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América, reveló que la multinacional brasileña Odebrecht había repartido más de quinientos millones de dólares por distintos países del mundo para sobornar la contratación de obras de infraestructura, y que al nuestro le tocaron más de once millones de esa torta podrida de la corrupción, ha empezado a tejerse una tragicomedia y puesto en escena a actores de todos los pelambres y niveles, en un escenario de verdadera vergüenza para el mundo, y que nos coloca a los colombianos en una alta escala de corrupción contemporánea como para ponernos rojos.

Por más que no se quiera, por parte de los implicados, el escándalo continúa creciendo y como bola de fuego sigue quemando a su paso lo que encuentra.

La Fiscalía basada en inspecciones judiciales, pruebas documentales y testimoniales como las declaraciones de los directivos de Odebrecht y otras evidencias, afirma que las campañas presidenciales del 2014, la de reelección del presidente Juan Manuel Santos y la del candidato opositor se beneficiaron de las maniobras y los pagos ilegales de esta multinacional corrupta.

Están en escena en esta real comedia de corrupción, como actores principales, el ex senador Otto Nicolás Bula Bula quien recibió coimas para él y entregar. El exviceministro de Transporte Gabriel García Morales que aceptó cargos de pedir dinero para la adjudicación del contrato de la Ruta del Sol II. Los hermanos Moreno Rojas que habrían recibido 1.000 millones. Roberto Prieto gerente de la campaña de Santos, Juan Sebastián Correa Echeverry asesor de la Agencia Nacional de Infraestructura ANI a quien Odebrecht le pagó sobornos. Andrés Guillermo Giraldo Rivera a quien Bula afirma haberle entregado un millón de dólares, entre otros actores receptores, lavadores e intermediarios de estas conductas marcadas por el sello de la corrupción.

Es una vergüenza Odebrecht para el mundo con sus tentáculos estrangulando procesos licitatorios de obras de gran envergadura, que debieran ser ejemplo de transparencia, equidad, honestidad y pulcritud oficial, para convertirlos en cavernas malolientes de podredumbre.

Que tristeza nos da, que las proclives conciencias de unos cuantos colombianos corruptos se hayan prestado a tan infame y descarada depravación violatoria de las más elementales normas de comportamiento ético y moral ante una sociedad maltrecha por la corrupción.

Nos duele en el amor patrio todo este sainete que ha aparecido en el nublado horizonte nacional, salpicando de descomposición, instituciones, campañas, personas naturales y jurídicas, funcionarios públicos y privados, y ex funcionarios del Estado.

Definitivamente la Academia es el medio fundamental para prevenir la corrupción, fortaleciendo la educación en valores éticos, ciudadanos, de respeto a la ley y la democracia, forjando antes que profesionales competitivos para el mercado laboral, ciudadanos de bien para la sociedad.

¡Adelante señor Fiscal contra la corrupción!