Lomitas, y la alegría de retornar

Con sus proyectos productivos en marcha y estrenando vivienda, los beneficiarios de Restitución de Tierras en la vereda Lomitas, intentan no solo recuperar todo lo que perdieron al salir de su territorio, sino también la sonrisa de sus gentes y la tranquilidad de un pueblo que lo perdió todo con la incursión de los paramilitares.

Por: Olga Portilla Dorado

@olguitapd

José Rubiel y su esposa Nelly, contrario a lo que pasaba años atrás, ahora no ocultan sus rostros; al contrario, sonríen y ven con ilusión como la Restitución va dando sus frutos. /Fotografías: Olga Portilla Dorado

Es la tercera vez que llegamos a Lomitas, vereda ubicada a 15 minutos de la cabecera municipal de Santander de Quilichao en la vía que conduce hacia Timba (Cauca). La carretera principal está pavimentada, y al lado y lado de la vía se puede observar como la caña es el cultivo que predomina en esta zona del departamento; las casas son modestas, la mayoría ya están construidas en ladrillo, pero aún quedan algunas hechas en bareque y techo de zinc.

Pasan los 15 minutos y al costado izquierdo de la vía hay una entrada, se alcanza a divisar el “once” que es como los lomiteños le llaman a su salón comunal, y por supuesto la cancha, que tiene un significado especial, porque años atrás fue el símbolo de la violencia y ahora es el centro de concentración de la paz y la tranquilidad. Ahí está un grupo de personas esperando que lleguen “las niñas de la Restitución”, “mis niñas” como les dice don Edgar Quintero, el líder más visible de esta vereda.

Recordando las visitas pasadas, la primera hecha en agosto del 2015 y la segunda en abril de 2016, la cara de Lomitas es otra, pero no solo porque en su vereda se ven casas nuevas (las que les han construido como beneficio de la Restitución de Tierras), se ven fincas con cientos de hectáreas de piña, con ganado, con cerdos y con galpones de gallinas. El cambio se siente y se ve en el rostro de las casi 100 familias que viven ahora en la vereda, la sonrisa dibujada en sus caras indica que ya no tienen miedo y que están intentando borrar un pasado para reconstruir su vida y el de sus familias.

Esta foto fue tomada en agosto de 2015, Nelly y José Rubiel apenas recibían la sentencia favorable emitida por la justicia colombiana, donde salían como beneficiarios del programa de Restitución de Tierras. Ahora no ocultan sus rostros, ya no temen y resurgen felices de un pasado de violencia que les marcó su vida.

Incluso a la hora de pedirles las entrevistas, ellos ya no piden la reserva de su nombre. Muy jocosamente uno de ellos me responde “Yo ya hablo a calzón quitado, yo ya no tengo miedo de que me maten, porque el único que tiene derecho a quitarle la vida a uno es Dios”.

Esa expresión es de don José Rubiel Vásquez. Todavía recuerdo la primera entrevista que le hice hace dos años, obviamente su testimonio no ha cambiado y los recuerdos que tiene sobre el por qué salió de su finca están intactos, pero en su mirada y en sus palabras ya no está ni la tristeza ni el desconsuelo de haber dejado su territorio abandonado por más de tres años debido a un panfleto amenazante que llegó en el año 2005, donde su nombre y el de otros lomiteños aparecía y los obligaba a salir en menos de 24 horas.

El discurso de don José Rubiel ahora se enfoca en sus piñas, en las 26 mil matas que tiene sembradas y a punto de producir para poder comercializarlas en el municipio, a un intermediario o a sus vecinos del caserío.

“A mí me tocó salir junto con mi esposa y mis hijas solo con lo que teníamos puesto, eso fue un 9 de junio de 2005. Mi papá que murió a los pocos años de yo haberme ido de aquí siempre se preguntó por qué esa gente (los paramilitares) me habían amenazado si yo solo me dedicaba a trabajar y no le hacía mal a nadie. Lo único que alcancé a decirle era que esto algún día se iba a componer, que tuviera fortaleza; y véame ahora, a Dios gracias sonrío, y mi única petición al Señor es que ojalá yo tuviera unos 20 años menos para disfrutar de aquel tiempo que perdí”, cuenta don José Rubiel.

Aproximadamente en Lomitas (Santander de Quilichao) se han sembrado 100 mil matas de piña en cerca de 40 hectáreas restituidas.

Desde el 2009 cuando retornaron con su esposa Nelly, pero sin sus hijas, quienes decidieron quedarse en Cali, porque allá vieron mejores oportunidades para estudiar, pero también porque el miedo de retornar no las dejó; José Rubiel y su compañera se han dedicado a sacar adelante su finca, claro el regreso no fue fácil, pues llegar a su casa y encontrar la “parcela hecha un fracaso” desmotivaba a cualquiera, pero el arraigo por su labor en el campo y la lucha por subsistir, pues a su edad y a la de Nelly conseguir un empleo no es labor sencilla, incidieron para que desde ese día que retornaron no hayan vuelto a dejar su finca.

“La Restitución llegó acá hace como tres años, y la vida de nosotros y de Lomitas ha cambiado casi en un 100 por ciento, porque gracias a Dios todo mundo sonríe hoy en día y estamos más unidos. Mi sentencia salió favorable con beneficio de proyectos productivos, entonces tengo piña, ganado, unos lechones y unas gallinitas; también salió lo de seguridad alimentaria, y pues también nos salió el tema de la vivienda, que estamos esperando en este mes nos la empiecen a construir”, dice José Rubiel.

Su mirada, a diferencia de la que tenía años atrás no está inclinada hacia el piso ni dispersa, hoy sus ojos tienen un brillo especial; caminando por su piñal se siente todo un agricultor orgulloso de lo que ha sembrado y espera seguir cosechando para cumplir su actual sueño, que es hacer de la piña su negocio, su base económica para seguir arando la tierra y darle una vida digna a su esposa y a sus hijas, a quienes a pesar de la distancia, les sigue colaborando con algo de dinero para sus gastos en la ciudad.

Don Edgar Quintero actualmente tiene 123 mil matas de piña, un amplío cultivo que le permite tener su sustento diario. Su producción la comercializa a través de intermediario, quien lleva su piña hasta Bogotá y a algunos almacenes de la 14. Ahora su meta, es junto a su comunidad, buscar las alianzas y los conocimientos para asociarse y transformar el producto para darle valor agregado. /Fotografías: Olga Portilla Dorado

Metros más adelante de la finca de José Rubiel y Nelly está la de don Edgar Quintero, el líder más visible de la vereda Lomitas, quien, aunque ya no es presidente de la Junta de Acción Comunal desde el año pasado, “porque él no quería perpetuarse en el poder”, sigue trabajando por su comunidad como lo ha hecho desde que tiene “uso de razón”, según cuenta.

Cuando uno llega a Lomitas, el referente siempre es don Edgar, un campesino alegre, colaborador, conocedor de sus tierras, de su gente, de la ley de víctimas y un hombre que habla sin “pelos en la lengua”, incluso en medio de las entrevistas que concede, siempre pide disculpas porque se le sale una que otra grosería.

Podría decirse que si Lomitas es el lugar del Cauca más significativo para la Unidad de Restitución de Tierras, porque fue este lugar el primero que se intervino en 2013, don Edgar es la cara de la Restitución en el Departamento. Ha sido crítico de la norma, de los gobernantes de turno, y no le ha importado recorrer más de 20 horas en bus para ir hasta Bogotá en busca de que se cumplan sus derechos y los de su gente.

Él siempre ha visto con buenos ojos el proceso que ha hecho la Unidad, pero hoy en día ya no se ve como el pequeño agricultor a quien a través de una sentencia le dieron 10 mil matas de piña; ahora don Edgar es un convencido y así se siente, de que es un agrónomo que ha dado la pelea y los sacrificios por tener sembradas 123 mil matas de piña, en un terreno que le arrendó el Consejo comunitario ‘cuenca Cauca microcuenta teta mazamorrero’ al que él pertenece.

“Yo salí el 9 de junio del 2005 amenazado por un grupo que se hacía llamar ‘Los Figa’, nunca supe los motivos, pero supongo que fue por lo comprometido que uno estaba con la comunidad en el tema del liderazgo. Es que yo era uno de los que me les paraba y les decía ‘nosotros somos autónomos en la comunidad para tomar decisiones, para ir de un lado a otro, ustedes no tienen por qué prohibírnoslo’, es que en ese tiempo ellos eran los que lo programaban a uno”, comenta Edgar.

“Ellos”, a los que se refiere Edgar y toda la comunidad de Lomitas, es al Bloque Calima, comandado por José Éver Veloza, alias ‘HH’, y Elkin Casarrubia Posada, alias ‘El Cura’, quienes a finales de los años 90 arremetieron contra el municipio de Santander de Quilichao, pero especialmente contra Lomitas.

En esa vereda sus habitantes no olvidan el año en que llegaron más de 50 hombres armados y empezaron a reglamentar la forma de vida en la zona. Fue en el 2000 cuando el Frente Farallones del Bloque Calima, comandado por alias ‘HH’, y luego reforzado por alias ‘El Cura’, cumpliendo las órdenes de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, emprendieron la arremetida violenta que desplazó a más de 3000 personas de este municipio, según el Registro Único de Víctimas.

“Jamás un actor armado decidirá quien vive o se queda en una zona, serán los jueces, el acompañamiento de la Fuerza Pública y el respaldo del Estado los que garantizarán que las comunidades puedan reconstruir y vivir nuevamente en sus tierras”, Ricardo Sabogal, Director General de la Unidad de Restitución de Tierras.




Por eso Edgar Quintero, se devuelve unos años atrás y puede decir sin temor y sin pretensiones que su vida y la de su comunidad, de un 100, ha cambiado un 80 por ciento, porque al igual que muchos habitantes de esta zona del Cauca, el día que retornaron y los días siguientes se acostaban y pensaban ¿Qué se pondrían a hacer? ¿Cuál sería su futuro?

“Cuando llegó la Unidad de Víctimas por primera vez, me alegré un poco, en ese momento yo era presidente de la Junta y pensé en que era el momento para empezar un proceso de reparación colectiva… a las pocas semanas apareció la Unidad de Restitución de Tierras, imagínense personas del Estado en estos territorios por donde nadie nunca se asomaba ni se interesaba, porque nosotros estábamos como huérfanos aquí antes de que aparecieran ellos”, señala Edgar.

En el departamento han sido restituidas más de 73.000 hectáreas; atendido el 50% de las solicitudes, se han beneficiado cerca de 4.000 personas y entregado más de 600 millones de pesos para el desarrollo de proyectos productivos. Por su parte, solo en Santander de Quilichao, el 96% de las solicitudes se han atendido, con 35 sentencias proferidas (hasta el momento) por parte de la justicia, las cuales han beneficiado a cerca de 50 familias, aproximadamente 250 personas.

“Lomitas en el Cauca es un sitio emblemático para la Restitución porque fue nuestra primera zona de intervención en 2013 y por eso es la que más frutos va produciendo en este momento, pero vamos a tener muchas más Lomitas en el departamento”, comenta María del Mar Chaves, directora regional de la Unidad de Restitución de Tierras.

Según cuenta Chaves, las metas que tiene la Unidad este año en el departamento son intervenir tres municipios nuevos que son La Vega, Santa Rosa y el 90% de El Tambo. “El tema de posacuerdo en el Cauca implica un escenario completamente nuevo para las víctimas y la Unidad de Restitución está muy expectante para poder ingresar pronto a aquellas zonas a las que no ha podido, pero ya con todo y eso, tenemos casi el 60% del departamento intervenido”, destacó la directora.

Por su parte, el Director General de la URT Ricardo Sabogal quien también estuvo en esta visita en Lomitas, destacó que el proceso de restitución ya está maduro, incluso habiéndolo iniciado antes de que finalizara el conflicto con las Farc.

“Ahora nos corresponde consolidarlo en aquellas zonas donde antes no pudimos estar por cuenta del conflicto, para nosotros ahora el gran reto del posconflicto se llama Cauca, Nariño, Caquetá, sur del Meta, sur del Tolima, ahí entraremos y ayudaremos para que la gente vuelva a la tierra. Definitivamente los campesinos de este país son los que lo hacen grande, gente trabajadora, laboriosa, a la que le tocó muy duro por cuenta de la guerra. Debemos seguir trabajando por ellos, para que puedan volver a la tierra que abandonaron por cuenta del conflicto”, expresó Sabogal.

Doña Rosa y su esposo tienen más de 70 años de edad, no tienen hijos, y al igual que otras familias de Lomitas sufrieron despojo de sus tierras y desplazamiento forzado. Hoy tienen una casa nueva y un proyecto productivo de gallinas ponedoras, con el que subsisten día a día.

Antes de finalizar nuestro paso por Lomitas, la última parada es en la casa de doña Rosa Inelda Vega, a quien en su sentencia favorable por el proceso de Restitución, el Juez ordenó que además de darle su proyecto productivo, se le debía construir su casa. Ese día se entregó oficialmente su vivienda, al igual que otras siete que hasta la fecha se han construido en la vereda.

“A mí me sacaron de mi casa, eso fue tan horrible que me provocaba era morirme. Me fui un tiempo para el Caquetá, allá estaba mi esposo, no duré ni tres meses y me devolví, él si se quedó 9 años por allá. Cuando llegué aquí no había nada, y luchando y bregando construí mi ranchito. Ahí estaba, donde ahora tengo esta casa grande y bonita”, dice doña Rosa, resumiendo su historia.

Ella vive con su esposo desde hace más de 40 años, ambos tienen alrededor de 70 años de edad, su sustento económico lo obtienen de las gallinas ponedoras que tiene Rosa en un galpón, son como 300 animalitos. Todos los días cumple su labor de campesina: las alimenta, recoge los huevos, los empaca en panales y los vende. Así se mantienen económicamente esta pareja de esposos.

El miedo a Rosa no se le ha quitado, pues ella no sale de noche, porque aún siente temor, a pesar de que ahora las cosas son diferentes. Pero lo que si no se le fue con lo que le arrebataron los paramilitares, fue la ilusión de ver un Lomitas que progrese, echado para adelante.