La política de ayer a hoy

HORACIO DORADO GÓMEZ

horaciodorado@hotmail.com

De pedir el voto a viva voz a mediados del siglo XX, pasamos al imperio de la imagen actual y, a las redes sociales como formas de ejercer la política. Vivimos en épocas de cambios permanentes que abarcan los campos de la actividad humana, las ciencias, la economía, el deporte, la cultura…y, desde luego, la política, que por cierto, ya no es la misma de los tiempos en que se hacía con tamales, gaseosa y aguardiente.

Desandando  el tiempo y las vivencias históricas de la ciudadanía ¿Qué hacían en tiempos idos para atraer votos? Acudían a propaganda callejera. Altoparlantes montados sobre destartalados vehículos recorrían los barrios tirando volantes que la muchachada recogía.  Muros y paredes empapeladas con carteles de la imagen impostada de los candidatos. También ventanales de las casas de líderes barriales con afiches de los candidatos, aparentando con quien era la cosa política. Abundaban reuniones políticas en el salón comunal, el parque, el polideportivo, como otra forma de conocer el verbo y las propuestas de los aspirantes. El medio televisivo era costoso y apenas asomaba en el horizonte mediático. Un grupo de avanzada antes y después del perifoneo,  tenía la tarea de tirar por debajo de las puertas la papeleta, esmeradamente doblada y timbrada en rojo o azul como símbolo del partido (solamente existían el liberal y el conservador) Así era como las familias coleccionaban el muestrario de la oferta electoral del momento, para tomar la decisión a puro pálpito, por convicción ideológica, o por las simples propuestas, porque las encuestas no existían. Así llenaban los espacios públicos de espíritus selectos, oprimidos por la explotación, la ignorancia y el olvido de los gobernantes y  dirigentes de la cosa pública.

En aquellas calendas, la participación femenina era muy escasa. Muy pocas mujeres subían a la tarima a discursear; era  mal visto que las mujeres cambiaran el hogar por el comité femenino. La política era cosa de hombres. Pero había lideresas de “raca mandaca” (forma de decir de lo mejor). Mujeres, convertidas en verdaderas “fieras”, se hacían mechonear en defensa de su ideología.

¿Quién financiaba las campañas? En parte, los candidatos y un poco, los partidos. En esa época, los partidos tenían tesoreros, cuya misión era recaudar aportes a cada uno de los empleados que representaban los partidos en las empresas. Eran tiempos en que el político salía más pobre de lo que entraba a la función pública. Cuando  perdía las elecciones, perdía su patrimonio y el de su familia. No existían los militantes pagados.

El día “D”, en la noche de la votación, los partidarios, se reunían en torno a las noticias radiales a escuchar los escrutinios, como si fuera una final de futbol, sacando cuentas y porcentajes en un papel, muy pendientes del desenlace político.
He puesto la mirada hacia atrás en este escrito, más que bregando por una nueva política o añorando el viejo estilo, tratando de rescatar la sana y fecunda política, ésa que debe fortalecer la democracia y dignificar a la sociedad.