La ciudad esfumada No. 23

VÍCTOR PAZ OTERO

victorpazotero@hotmail.com

Le interesa leer…’La ciudad esfumada No. 22′

Oscar Wilde solía decir que las personas todo lo comprenden muy bien, salvo lo obvio. Y el aforismo tiene miles de ejemplos para certificar su certidumbre. Lo traemos a cuento para reflexionar sobre lo que ha sido y sigue siendo el presumible y verdadero “destino histórico” de una ciudad como la nuestra: la muy blanca e imaginaria ciudad “culta” de Colombia. Si fue culta, lo fue en el pasado y por un muy breve periodo de tiempo. Y lo fue especialmente en ese tiempo que se anuda a las diferentes fases de la guerra de independencia, donde un selecto y pequeño grupo de seres humanos, amantes y virtuosos del pensamiento y la cultura, hicieron un valioso y significativo aporte a las nuevas inquietudes tanto intelectuales como espirituales y políticas que se articularon a ese momento decisivo que redefinió un nuevo ciclo histórico. Entre ellos hay que nombrar y recordar a un Camilo torres tenorio, a un Francisco José de Caldas, a un Manuel Ignacio de Pombo, a un miguel de Pombo y muchos otros que non alcanzaron notoriedad y que continúan siendo ignorados y desconocidos hasta por los mismos que suponen conocen la historia comarcana. Esos hombres con sus aportes, en buena parte contribuyeron a fundamentar y consolidar la imagen de la ciudad como un lugar que debería seguir siendo importante y prestigioso como un centro de pensamiento y favorecedor de los rituales de la cultura. Pero contrariamente a lo que pudiese suponerse y esperarse, y a pesar de la enorme y significativa importancia política que tuvieron algunos de los payaneses de aquella época, la continuidad y la relevancia cultural de la ciudad sufrió una profunda fractura cuando logro consolidarse el sistema republicano. Y por una, hasta infame ironía, uno de aquellos presidentes y caudillos nuestros, convirtió en cuartel la universidad, en pesebrera sus salones de clase y fundió el plomo de su imprenta para fabricar municiones, me refiero al equívoco general José M. Obando. A otro de nuestros más notables personajes (cuatro veces presidente) que además fue avezado geógrafo reconocido por academias europeas y autor de valiosos trabajos sobre la geografía del nuevo reino de Granada, un rector bastante estúpido e ignorante –que los ha habido varios en la larga historia de nuestra universidad- le negó el derecho a dictar una catedra sobre aquella materia; me refiero al general Tomas C. de Mosquera. Y Hay muchos otros sucesos de esa índole que han engrandecido nuestra pequeña historia regional de la infamia. Menciono esos oscuros sucesos, para resaltar que el amor y la protección a la cultura fue en muchos casos un proceso frustrado. Hecho doloroso, pues teníamos unas condiciones de privilegio para que la cultura y la inteligencia tuviesen dentro de la ciudad un escenario más que favorecido para su florecimiento. Pero bastantes veces ha sucedido que en Popayán el talento se convierta en un estigma.

Sin embargo y como si se tratase de una extraña paradoja que contraria lo obvio, es decir aquello que nadie entiende pero que todos obstaculizan, las fuerzas sociales no programadas, los elementos espontáneos y anónimos en muchos casos, han venido a encargarse, aunque de manera aún anárquica y precaria, de reconciliar la ciudad con su verdadero destino histórico, con esa especie de destino manifiesto que supervive y palpita en la esencia y en el alma misma de la ciudad.

Pues si hay algo que rescatar en el presente confuso y caótico que hoy caracteriza a la ciudad de Popayán, es corroborar como de una manera espontánea, en ausencia de un proyecto plenamente estructurado y planificado, la ciudad acelerada y progresivamente empieza a configurarse como una verdadera ciudad universitaria. Se supone que hoy tenemos 22 “universidades”. La denominación hay que tomarla con beneficio de inventario, pero el dato y el hecho, en sí mismos, Constituyen una realidad desafiante y contundente que exige una serena reflexión que clarifique todas sus implicaciones en la nueva configuración de la ciudad. Pues al dato de las presuntas 22 universidades hay que agregarle y considerar que eso implica la presencia de una población que supera los 30.000 estudiantes. La ciudad en su conjunto o las universidades en particular  habrán valorado y comprendido en todas sus complejas significaciones lo que se encarna en un fenómeno de tales magnitudes?

Ahí se tiene una enorme potencial de recursos humanos. ¿Acaso ha sido diseñada una política de coordinación universitaria?¿Acaso ha sido diseñada una ambiciosa estrategia para satisfacer las demandas y las necesidades culturales de ese considerable universo estudiantil? Me temo que en esos campos no hay mucho que mostrar, pero si mucho para hacer.

Quiero imaginar, que solo la universidad del Cauca, por razones que son más que evidentes, en asocio o en convenios con otras universidades consolidadas y de prestigio, son las llamadas a ejercer un responsable liderazgo en ese siempre aplazado proyecto de convertir la ciudad de Popayán en una auténtica y reconocida ciudad culta y verdaderamente universitaria. No se trata de utopía de pipián, muchos elementos ya están dados para cristalizar ese proyecto. Proyecto que necesariamente se confunde con proyecto de redefinición de ciudad.

Trataremos de continuar explorando algunas ideas que estimulen y propicien un diálogo fructífero entre lo que es el mundo universitario y su entorno comunitario. La universidad, en cierto sentido, está en mora de “desenclaustrarse”, así como la ciudad está en mora de pedir y exigirle a sus universidades elementos de orientación y esclarecimiento de su ser y estar en la historia.