Editorial: Una crisis migratoria que se extiende

Se veía venir. De una manera tan clara, que no fueron pocos los analistas los que advirtieron que había que estar preparados. Pero poco por no decir nada hizo el Gobierno al respecto.

Acostumbrado al igual que sus antecesores a tomar medidas reactivas y no previsivas ante los problemas más apremiantes, la crisis de la llegada masiva de venezolanos al país huyendo de la dictadura ha sido manejada hasta el momento con decisiones tibias e insuficientes, como el de otorgar algunas decenas de miles de visas temporales de trabajo, cuando la verdad es que los refugiados son cientos de miles y en constante aumento.

Incluso en nuestro medio un editorialista se atrevió a pedir el cierre de la frontera asegurando en su columna que “Muchos venezolanos huyendo de la crisis económica desatada por el gobierno de Nicolás Maduro están llegando a Colombia de manera legal o ilegal. Vienen desesperados en busca de subsistir, y en busca de oportunidades que no hay ni para los propios colombianos. Y entonces, no les queda otra alternativa que el rebusque, o la indigencia, o la delincuencia”.

Ahora, aunque el problema pareciera lejano en distancia, ya nuestra ciudad podría estar soportando los primeros ‘coletazos’ de esta crisis migratoria. Al parecer, mujeres venezolanas estarían siendo contratadas por proxenetas payaneses para que presten sus servicios en prostíbulos camuflados en barrios residenciales de la capital caucana. Aprovechamos para hacerle un llamado al gobierno municipal a fin que ‘tome cartas’ en el asunto.

Pero el problema más grave es que esta situación apenas comienza.

Y apenas comienza, porque basta con observar la manera en que día a día se radicaliza el régimen de Maduro, con medidas represivas cada vez más arbitrarias, ilegales y violentas contra la oposición. Y adicionalmente, las Fuerzas Militares, que en últimas serían las únicas capaces de derrocar la tiranía, no solo la toleran, sino que la apoyan con todo su poderío.

Las razones para que el Ejército en lugar de defender al pueblo y restaurar la democracia haga todo lo contrario, son simples y evidentes. Tal como lo expuso un análisis del diario ABC de España en días recientes con cifras contundentes, mientras las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, las más poderosas del mundo, tienen 900 generales, Maduro cuenta con más de 2.000 a punta de ascensos frecuentes para tener a los oficiales contentos, lo cual deja en evidencia hasta dónde está dispuesto a llegar.

Como si eso no fuera suficiente, al otro lado de la frontera 11 militares o exmilitares son titulares de 11 de los 32 ministerios y ocupan 11 de las 23 gobernaciones. Y para asegurarse de que vivan de manera muy cómoda con ingresos millonarios y sin las serias dificultades que sí debe soportar la gran mayoría de venezolanos, Maduro les ha dado participación en el control de las fronteras, los mandos máximos tienen acceso a dólares al cambio oficial y manejan el negocio de la comida no sin que pocos también lo hagan con el del narcotráfico.

Así, esperar que los militares actúen como la historia pero sobre todo la decencia, la integridad y la solidaridad con la sociedad civil les exigiría, es prácticamente imposible.

Por esa razón es que en Colombia el problema no puede seguir manejándose con paliativos. El éxodo apenas comienza y si bien aquí existen la voluntad y la solidaridad para ayudar a quienes llegan, van a ser tantos, además a un país como este de por sí golpeado por una desaceleración económica con tasas de desempleo ya muy altas, que en pocos meses la situación puede salirse de cauce si el Gobierno no actúa de manera más contundente y rápida. ¿Lo hará solo cuando se presente una crisis humanitaria?