Editorial: Sobre parques, administración y alucinógenos

Preocupa que una de las quejas recurrentes de los líderes de las comunidades que visitamos, es el aumento en el número de jóvenes consumidores de alucinógenos.

Ejemplo reciente el que nos expuso Juan Jairo Loaiza, presidente de la Junta de acción comunal del barrio Pandiguando, quien, preocupado por la entrega oficial del polideportivo de la zona (siguen esperando para darle apertura a las canchas y áreas para el disfrute de la comunidad), asegura que los jóvenes no respetan el cierre del escenario e ingresan por encima de la mallas para buscar un lugar solitario en el que puedan consumir dichas sustancias tóxicas.

Lo más desconcertante es que otros polideportivos de la ciudad que siguen en el limbo porque no han sido entregados de manera jurídica y oficial al municipio, presentan el mismo problema con muchachos que se toman estas zonas recreativas para consumir sustancias alucinógenas; igual situación es denunciada en zonas verdes en gran cantidad de barrios de nuestra capital.

El panorama es lamentable cuando desde afuera de una de las canchas múltiples, o cualquier zona verde de nuestra ciudad, se puede ver que los muchachos, en vez de estar pateando un balón o disfrutando del lugar, se sientan en los alrededores a fumar marihuana, por lo que algunos padres prefieren no entrar con sus hijos a departir en dichas áreas.

Lo mismo pasa en parques y lotes abandonados de otros barrios, que sirven también como guarida de ladrones.

Según la última encuesta global sobre drogas (The Global Drug Survey), el 58% de las personas que recurren a los alucinógenos en el mundo, tiene menos de 24 años.

Ese dato podría ser el reflejo de lo que está pasando en Popayán, pues recientemente el comandante de la Policía Metropolitana le dijo a la prensa que la gran mayoría de comparendos por violaciones al Código de Policía provienen por consumo de sustancias sicoactivas en vía pública o zonas verdes.




Las autoridades, principalmente los padres, deben estar alertas con sus hijos, ya que diariamente son requeridos muchos jovencitos por parte de las autoridades policiales. Además, la vigilancia de la policía alrededor de los colegios debe ser permanente para evitar el expendio, ya que es fundamental, porque perseguir a las mafias es tarea del Estado.

Las acciones de la administración municipal y de otras dependencias de salud pública deben seguir enfocadas en prevenir y mitigar este flagelo. Es importante el trabajo que se viene haciendo con la formación de los adolescentes vulnerables que se convierten en multiplicadores del mensaje de prevención del consumo; además de los programas de la Policía de infancia y Adolescencia como el DARE, pero sin duda falta más intervención en los colegios y comunidades, con estrategias eficaces para que el mensaje llegue y se quede, porque con cada joven que entre al mundo de la droga, son muchos los que fracasan, empezando por la familia.

Ojalá los espacios para la recreación y el deporte que están en un absurdo limbo jurídico, sean entregados con celeridad y se defina de una buena vez todo lo relacionado con su administración para que no sigan convirtiéndose en el escondite de los muchachos que poco a poco, acaban con su vida.

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