Editorial: Servicio de transporte público ¿inseguridad sobre ruedas?

Editorial: Servicio de transporte público ¿inseguridad sobre ruedas?

El accidente de tránsito ocurrido el pasado lunes en el puente sobre el río Molino, donde una buseta de la empresa Translibertad colisionó contra el barandal del viaducto, ha despertado grandes inquietudes respecto a la seguridad de la ciudadanía que hace uso del sistema.

Este incidente ocurrido en pleno festivo (cuando la demanda de pasajeros es baja y el tránsito de automotores y motocicletas es mínimo) dejó como saldo 4 personas heridas, incluyendo a la conductora del automotor que cubría la Ruta 1 de la mencionada empresa. Sobre las causas del mismo, reportes preliminares dieron a entender que la buseta se habría quedado sin frenos en pleno descenso cuando se toma la Primera Norte para entrar al barrio Bolívar. Todo parece indicar que la conductora, sin control alguno del busetón, fue a parar contra la baranda del puente, siendo detenida por un poste, evitando de paso que el pesado carro cayera al río Molino.

Se nos indicó, horas después del suceso, que los pasajeros lesionados recibieron atención oportuna e inmediata en centros asistenciales de la ciudad, toda vez que el vehículo contaba con toda su documentación en regla. Claro está que una documentación completa y actualizada es una obligación que suponemos, deben mantener todos los automotores de las cuatro empresas que prestan el servicio en calles de nuestra capital. Faltaría más que tras desperfectos mecánicos, o fallas humanas de conductores o cualquier otra circunstancia que provoque algún siniestro de tránsito, las busetas no cuente con el seguro obligatorio para accidente de tránsito, un documento que por lo menos garantiza una atención médica primaria en centros asistenciales de la ciudad.

Ahora, más allá de las responsabilidades en reglamentación sobre tránsito y cobertura para sus pasajeros de parte de la empresa y de los propietarios, la ciudadanía lo que reclama a la par, es un impecable proceso de mantenimiento para todos los automotores de servicio público que circulan por las calles payanesas, muchos de los cuales operan diariamente por más de 12 horas seguidas. Estaremos atentos a las respuestas que nos entreguen desde Translibertad sobre las reales causas del accidente del lunes festivo, advirtiendo de antemano que sería inconcebible que a uno de estos busetones se le permitiera rodar hacia el servicio con alguna potencial falla mecánica.




Y ojo que para este caso no estamos hablando de la mal llamada ‘guerra del centavo’, una realidad que también afecta la seguridad del ciudadano en nuestra urbe. En ella, los choferes se disputan, a altas velocidades, los potenciales pasajeros que aguardan en los paraderos. Acciones irresponsables como esta también han degenerado en accidentes de tránsito o en ‘encontronazos’ verbales con palabras soeces de gran calibre entre quienes están a cargo de los vehículos, en situaciones lamentables que ocurren a la vista de pasajeros, peatones y hasta de otros conductores.

Todas estas realidades se suman al gran desprestigio de parte de la ciudadanía con que cuenta, tanto el servicio en sí como los conductores, aunque tenemos que decirlo, infortunadamente se generaliza porque un número importante de profesionales del volante son personas responsables, amables y cumplidoras de su deber.

A manera de conclusión para este espacio editorial, tenemos que decir que este problema del transporte merece un tratamiento especial por parte de las empresas, que debe estar al tanto de su personal y de sus automotores; de las autoridades competentes, por una parte de las municipales, que deben dictar normas para que el transporte público sea cómodo y seguro, y por otra, las de Tránsito. Todo este esfuerzo mancomunado debe confluir hacia la prestación de un servicio de calidad. Si no hay esa tarea combinada, el peligro seguirá latente en el transporte público.