Editorial: Más allá del género

Una decisión sin precedentes tomó recientemente un juzgado bogotano. Al estilo del deschavetado presidente venezolano Nicolás Maduro, por demanda del representante a la Cámara, Alirio Uribe, el eslogan de la Alcaldía de la capital del país deberá cambiar de ‘Bogotá mejor para todos’ para agregarle también el “para todas”, supuestamente en aras de la equidad de género.

La tutela ganada por Uribe, quien actualmente aspira al Senado por el Polo Democrático, desató una ola de críticas de diferentes sectores y desde luego abrió el debate entre defensores del lenguaje y feministas radicales, quienes ven en lo logrado por el congresista una victoria en nombre de la inclusión.

Lo cierto es que aunque lo resuelto por el aparato judicial pareciera tener una sana pero insignificante intención, el tema además de controvertir el lenguaje y redundar en lo obvio como lo es la expresión “todos”, termina convertido en un mismo acto de exclusión, sexista, y absurdo, tal y como ocurriera también la semana anterior, con la decisión del Concejo bogotano, de ordenar que las sillas rojas de Transmilenio sean exclusivamente para las mujeres en horas pico.

Una de las cosas que habría que decir es que precisamente por pensamientos como esos, es que el machismo en pleno siglo XXI sigue siendo desaforado y pareciera no tener fin. El hecho de reconocer o sugerir con actos como el promovido por el Concejo, que las mujeres son inferiores y necesitan y requieren de atenciones especiales, que incluso desentonan con lo “normal” de las cosas, en nada contribuye a reducir la brecha de desigualdades entre hombres y mujeres, y por el contrario las incrementa.

Frente a lo tutelado, y que concierne meramente a lo gramatical y que nada tiene ver con el género de algo o alguien, resulta sumamente curioso que cuando verdaderamente se ha requerido de la defensa acérrima a favor de alguna mujer no tanto en la palabra, sino en los hechos, la sociedad misma ha callado, y quienes han estado en el poder han sido negligentes. Basta con recordar las palabras de una pésima funcionaria del Palacio de Liévano, y quien manifestó que Rosa Elvira Cely, brutalmente asesinada por su expareja, había tenido la culpa exclusiva de su propia muerte. ¿No es eso una canallada excluyente?

Agregarle el “para todos y todas” a un eslogan, en nada cambiará el orden de las cosas. Por el contrario, y tal y como dijera Héctor Abad Faciolince en una de sus columnas, la pelea del lenguaje supuestamente incluyente, no solo va en contra de lo lógico y habría que cambiar leyes, normas, e incluso la misma Constitución colombiana, sino que también contrasta con otros idiomas como el inglés o el alemán, y en donde algunas palabras son neutras y nada tienen que ver con sexo o “sexa”, o género o “génera”.

Si lo que queremos es generar conciencia y equiparar las cosas, habría que recordar y reconfirmar que las mujeres son seres capaces y pensantes, y no subestimar su fuerza, ni su poder de ninguna manera. Lo demás es populismo del bueno.