Editorial: Los controles al transporte escolar

En nuestra edición del pasado jueves conocimos un hecho que debe llamar a la indignación en nuestra capital. Un irresponsable conductor fue sorprendido por las autoridades de tránsito conduciendo un vehículo de transporte escolar -con niños a bordo- en estado de ebriedad.

La situación llama de inmediato a un análisis profundo sobre los controles que ejerce el personal de tránsito municipal en busca de fórmulas con enfoques preventivos, tendiendo a evitar accidentes, con más veras, en automotores que transportan jovencitos que deben llegar a sus colegios en cada jornada escolar.




En ese orden de ideas tenemos que preguntarnos si desde la dependencia municipal se hace un trabajo orientado exclusivamente hacia ese tipo de transporte, del que sabemos, es nutrido en nuestra ciudad. Sería pertinente entonces conocer si se cuenta con un censo real y efectivo de vehículos que prestan ese servicio, la condición de dichos automotores, su documentación en regla, pero lo más importante, si se revisa constantemente la idoneidad de quién está al mando de un carro que transporta entre 30 (los más grandes) o hasta 20 niños (en vehículos tipo ‘van’ donde apeñuscan hasta tres o cuatro pequeños en asientos para dos personas).

Tenemos que decir que nos parecen adecuados los permanentes retenes policiales tendientes a controlar el cumplimiento de normas básicas de tránsito, sobre todo, las de la documentación que los conductores deben tener en regla. Sin embargo, los controles deben ir más allá de la acción coercitiva y en caliente en calles de la ciudad, para pasar a revisiones de documentación y de vehículos, en las empresas transportadoras, o en los mismos colegios que directamente ofrecen servicio de transporte de sus estudiantes. Es de esa forma como se puede prevenir que una persona alicorada al frente de un volante, termine siendo la responsable de la seguridad de un grupo importante de niños.

Aparte de lo anterior, la ejecución de controles sorpresa en momentos en que los vehículos están fuera de servicio y estacionados antes que sean abordados por confiados jovencitos que esperan llegar sanos y salvos a sus colegios o a sus viviendas, también pueden detectar licencias de conducción vencidas, Soat que no están vigentes, tarjetas de operación vencidas, vehículos con fallas mecánicas, etc.

Así pues que las autoridades de tránsito, en comprobadas irregularidades, sean las que sean, deben dejar en claro que en esta materia no puede haber laxitud alguna. Dejaría mucho que desear, tanto para los responsables del tránsito municipal como para los directivos de colegios o empresas dedicadas al servicio de transporte escolar, que se tolerara alguna anomalía en vehículos o con conductores que incumplieran las normas y exigencias establecidas en la Ley.

Los directivos y responsables de los colegios tienen la obligación de ser rígidos con quienes cumplen la tarea de transportar a los niños pues no puede Popayán terminar siendo escenarios de una tragedia en la que brille que quien conducía un bus escolar no tenía en regla todo lo que para ello exige la legislación vigente.

Adenda: A propósito de Tránsito Municipal, esperamos algún pronunciamiento del recién posesionado jefe de dicha cartera, respecto al estado de los vehículos de servicio público en la ciudad. Recordemos en un mes exacto, se presentaron dos incidentes viales en importantes avenidas de la capital caucana. Sería bueno pues, que desde esa dependencia, que comenzó haciendo operativos a lo largo de todo un día para ‘cazar’ a vehículos mal estacionados, también hiciera lo mismo en los parqueaderos de las empresas de transporte urbano, exigiendo el bienestar mecánico de los automotores en el que se movilizan más de 40 mil payaneses diariamente.