Editorial: Intemperancia mortal

El pasado fin de semana cuando varias localidades en el Cauca adelantaban fiestas patronales, se presentaron una serie de homicidios mediados al parecer por la ingesta en exceso de bebidas embriagantes. En Totoró, un video donde se aprecia a varios hombres agrediéndose con lo que encontraban, se volvió viral, representando de alguna forma, esa irregular actuación de quienes pierden todo control y todo pudor cuando se emborrachan. Situaciones como las descritas dejaron el pasado fin de semana cuatro personas muertas en localidades rurales de Cajibío, Totoró y el sur del Cauca. Recordemos igualmente, que este tipo de historias se repiten año tras año, precisamente en ambientes donde supuestamente la fiesta y la alegría deberían de imperar.

Pero lo anterior no es exclusivo de nuestra comarca. Y lo decimos porque las cifras a nivel nacional son contundentes. Lo dicen todo. Tanto, que revelan una arista de otro de los graves problemas que aquejan a este país pero que poco suelen analizarse.

En Colombia según un reciente informe del Instituto Nacional de Medicina Legal, el 30% de los homicidios se producen durante celebraciones o en tiempos cercanos a eventos deportivos. Puesto en otras palabras, la intolerancia, esa ramificación de la violencia que durante décadas ha golpeado a esta sociedad sin clemencia, es otro de los factores para que esta nación continúe siendo una de las más virulentas del planeta. Y lo peor de todo es que a diferencia de la guerrillera, que tiende a bajar, esta no solo se sostiene sino que incluso, aumenta.

Es así como no solo las ferias y fiestas de cientos de localidades colombianas suelen cerrarse haciendo el balance de muertos, al igual que algún triunfo resonante de la Selección Nacional de fútbol o algún otro equipo del rentado profesional, sino que es cada vez más al interior de los hogares donde los episodios de agresión suceden a diario.

Así, para citar apenas un ejemplo, si bien el año pasado se presentaron 11.532 asesinatos, la cifra más baja en 40 años lo cual es de destacar, casi 2.000 de éstos respondieron a ataques mortales por parte de parejas sentimentales, familiares o amigos cercanos, mientras menos de 300 se relacionaron con el conflicto armado.

Así las cosas, no resulta exagerado afirmar que en este país es más posible ser víctima fatal de un ataque en algún evento ferial, durante alguna celebración deportiva o lo que es peor, dentro del propio hogar, que por la violencia subversiva o de algún otro grupo criminal.



La principal causa de este fenómeno, de acuerdo a los expertos, es la intolerancia, que acompañada por los altos índices de agresividad y poca educación que lamentablemente acompañan a cientos de miles de colombianos, dejan ese resultado de sufrimiento y muerte que se pensaba disminuiría con la desmovilización insurgente pero que de continuar su tendencia, se convertirá sin duda en el nuevo yugo que apabullará al país.

Hoy basta con entrar a las redes sociales para darse cuenta que el odio pulula y se comparte. Cada vez hay menos argumentos y más condenas. “Nuestros juicios solo reflejan nuestra poca calidad humana”, dijo en alguno de sus escritos el presbítero Rafael Castillo Torres, quien ve conveniente perdonar, pues como dice, el que sabe perdonar desde dentro, hace crecer la vida.

Ojalá no tuviéramos que dar más noticias sobre los apuñaleados, macheteados o baleados durante la fiesta del pueblo X, o l del marido que mató a la esposa porque supuestamente le fue infiel; o la del hermano que le dio una puñalada a otro por un malentendido; o de la señora que le quemó la ropa al esposo y luego el fuego alcanzó la habitación del bebé.

Y es la juventud la que más se está viendo involucrada, pues la mayoría de las personas asesinadas en el primer semestre de este año estaba entre los 18 y 40 años de edad. Es hora de acabar con esta locura.