Editorial: ¿Esta será una oportunidad perdida?

En los últimos 20 años, el significado que ha tenido La Panamericana, vía de carácter internacional que llegó a pensarse traería desarrollo y prosperidad al Cauca cuando se construyó, se fue transformando, en el marco de la cultura de “la combinación de las diferentes formas de lucha”, acuñada por los distintos grupos armados que por más de medio siglo se aposentaron en este territorio, en el ‘arma’ más preciada para todo tipo de movimiento social en la Región, por un lado para llamar la atención y mirada del Gobierno Central que, con el pasar de los años, fue sacando al Cauca de sus agendas, con el silencio cómplice de una clase política regional más interesada en sus luchas y pugnas por ganar elecciones que preocuparse por sus gentes, sus problemáticas, anhelos, sueños y expectativas colectivas.

Otrora pues, se pensaba que la carretera Panamericana nos permitiría intercomunicarnos, no solo con los Departamentos del Valle y Nariño, sino que nos podría potenciar comercialmente a nivel internacional tanto con el Ecuador y Perú como con Europa y Asia, por la ‘cercanía’ que tendríamos a través del Puerto de Buenaventura y el Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Palmira para acceder a esos mercados.







Sin embargo, contario a lo que se soñó, acabamos de salir de un cierre más de la Panamericana y muchos se preguntan con desconcierto e indignación: ¿Cuándo será el otro? Seguirá el Cauca asistiendo impávidamente al no cumplimiento de los acuerdos firmados por parte del Gobierno Nacional con las comunidades indígenas; resistirá el Cauca las cada vez mayores pretensiones de las organizaciones indígenas de ampliar sus resguardos, bajo el argumento de la Liberación de la Madre Tierra y el retorno de ésta a los descendientes de los habitantes de esta región antes del 12 de octubre de 1492, es decir de nuestros antepasados, no obstante, el sector indígena se abroga con “cierta prepotencia” y exclusividad esta condición para usufructuarla ante los nuevos marcos constitucionales y legales, pues todos los que hoy vivimos en esta región venimos de esa mezcla surgida en la conquista y la colonia, como lo dice nuestro Himno: ” … Blancos, indios y negros una sola ilusión…”.

Será que las acciones de presión y fuerza, adelantadas por las organizaciones indígenas, que afectan al resto de la sociedad caucana por el aislamiento a que es sometida del resto del país, de manera particular, el sitiar a la ciudad capital para negarles su abastecimiento, se presentarán cuantas veces ellos lo dispongan, sin medir las negativas consecuencias en los campos económicos y sociales que cada vez pauperizan más este departamento; será que ante estas situaciones, el rechazo de amplios sectores pueda llegar a límites insospechados como los que se expresaron recientemente en las redes sociales que convocaban, con rabia y odio, al enfrentamiento contra las organizaciones y líderes de las marchas indígenas, abonándose el terreno para una confrontación interétnica de consecuencias inimaginables en el mediano plazo.

Situaciones estas que, al no resolverse favorablemente, con el concurso de todas las partes afectadas, aquí no pueden seguir primando protagonismos y vanidades, veremos cada día más lejanas las posibilidades de hacer del Cauca un Territorio de Paz, Bienestar y Prosperidad, que es lo que nos debe convocar en el contexto de los actuales Acuerdos de Paz, para no seguir en deuda con las futuras generaciones de caucanos.