Anciano de los días

RODRIGO VALENCIA Q.

rvq12@hotmail.com

Cruzando el País de los Árboles que Aman, un hombre se topó con un viejo de barba larga y facciones nobles.

“Aunque no creas, soy tu guía, el Anciano de los Días.

“Mi tierra está en todas partes, mi muerte en ninguna.

“Recién ahora nací, pero vengo del ayer de los ayeres; ando en busca de Alguien…

“Hace mucho dejé una amada en el tejado de tu palacio; nunca la viste, ella lloró tu desdén por mil años; te fuiste tras otras, el velo sellaba tus puertas, el ángel oscuro marcó los dinteles, en tu frente la niebla secaba la rueca.

“Era hermosa, más dulce que miel de sueños… sus ojos, hermanos de Dios, su vestido nunca se arruga.

“Andas errante, tu cojera la marcan las piedras; un laberinto despista las nubes, la tórtola, el ruiseñor, en la noche fatigas el cuerpo, el molino, con otros desvelos.

“Te vengo siguiendo por siempre; bajo las losas están mis cartas y mapas…

“Nadie ha visto mi tiempo, ella tampoco; pero yo la ayudé en su cuna, le di jugo de olmos y un amor secreto por ti.

“Ahora no está; tu rostro, arrugado en la desidia, es un pergamino gastado; nadie podrá escribir allí salmos eternos.

“El tiempo ha caído en desuso, la serpiente enrosca, se come la cola.

“El primero y el último, el alfa y la omega te entregan a mí, y yo arrugaré tu tierra con los lamentos”.

… Después un viento fuerte sopló… el hombre fue borrado, la noche descuartizó sus miembros.

Desde entonces no oye la caravana en los montes, no puede sembrar el olor de las flores.