Yo también (Me Too)

JUAN CARLOS LÓPEZ

El mundo vive un sismo mediático alrededor del fenómeno Me Too (Yo También), por el cual miles de mujeres y hombres reivindican su derecho a denunciar los abusos y el acoso sexual del que han sido víctimas en el pasado, tal y como lo ha hecho la periodista Claudia Morales en nuestro país, quién con su denuncia a medias ha logrado poner a especular a los colombianos sobre el nombre de su presunto violador, en una especie de dramático reality que apenas está comenzando. Importante aclarar que a Claudia la respeto profundamente.

Pero más allá de las circunstancias personales, políticas y judiciales que ese insuceso ha desatado, la reflexión que quiero concitar tiene que ver con el inmenso grado de impunidad que nos agobia, que sumada a la pérdida de confianza en el establecimiento judicial nos arrima al borde de un abismo peligroso, donde la justicia por propia mano reaparece, para devolvernos a la época del salvaje oeste y a la ley del más fuerte.

Aquí es cuando el “Yo También” adquiere en nuestro país otra connotación, y miles de voces dicen al unísono a mí también me atracaron, a mí también me mataron un familiar, a mí también me acosaron en el trabajo, a mí también me extorsionaron, a mí también me estafaron… Y no pasó nada. Triste pero cierto, la justicia es para los de ruana y sólo un mínimo porcentaje de los delincuentes son castigados.

Por eso me animo a decir: Yo También. Levanto mi mano y digo Yo también he sido vilipendiado, injuriado, calumniado. Me refiero a la persecución sistemática que un periodista desató en mi contra desde los años en los cuales estuve como presidente del Club Deportivo Los Millonarios, e incluso después.

Durante esos años, este personaje, abusando de la posición dominante de tener a su servicio un micrófono y una cadena radial, repito, en forma sistemática y permanente se dedicó a denigrar de mi honra, esparciendo un manto de duda – sin ninguna prueba – sobre los manejos financieros de un club que recibí quebrado, inscrito en la Ley 550 y con centenares de procesos judiciales en contra que lo iban a llevar a su desaparición y que al final, en un ejercicio jurídico financiero, coadyuve a salvar a través de una fórmula financiera que logró sacarlo de la crisis y devolverlo al protagonismo deportivo.

No atendí el consejo que muchos me dieron: “con la prensa no se puede pelear porque es peor”, por eso recurrí – y sigo recurriendo – a los estrados judiciales para obtener justicia, en torno a uno de los delitos más execrables que existen, la calumnia, a la espera de un hecho maravilloso y excepcional que castigue al delincuente. La semana pasada escribí en esta misma columna lo que me dijo un amigo, “sólo le tengo miedo al que me pueda mandar a la cárcel o al cementerio” y eso es tristemente cierto, hay profesionales de los medios de comunicación y políticos que saben muy bien que en este rincón del planeta hay delitos – como los mencionados de injuria y calumnia – que son “veniales”, que se curan con un padre nuestro, y que en la inmensa mayoría de los casos no pasa nada.

En la campaña a la gobernación del Cauca del año 2011, en la cual fui candidato por el Partido Liberal, un grupo de amigos de la otra candidatura, a la postre ganadora, pagó los gastos de llevar a Popayán al concuñado del periodista al que me he referido, para que en una rueda de prensa, a diez días de elecciones, despotricara a diestra y siniestra en mi contra, por lo cual un par de años después este sujeto fue condenado por un Juez Penal de Bogotá, obligándolo a rectificar sus afirmaciones y a una indemnización económica.

Ahí pasó algo positivo, se obtuvo una sentencia condenatoria (lo cual celebro), pero el daño ya estaba hecho. Por ejemplo ¿quiénes de los que leen esta columna supieron de la rectificación que hizo este “señor”? ¿Qué porcentaje de quienes escucharon las falsas afirmaciones en mi contra en el año 2011 se enteraron que debió retractarse porque todo era una vil calumnia?

El año pasado, y a raíz del nombramiento que el Presidente de la República me hiciera como Director General del ICBF, este patético seudo-periodista fue entrevistado por algunos medios nacionales para que hablara de su oposición sobre mi nombre. Fue más cauto. Claro, mediaba una primera condena judicial y hay varios procesos en curso. Pero en su estilo arrabalero dijo que “López era un mal administrador y que había maquillado los balances de Millonarios”. Ahí volví a recurrir a mi única arma, la justicia, e instauré otro litigio penal. Con la fe de los de ruana esperaré los resultados.

Circunstancias familiares muy especiales me llevaron a tomar la decisión entonces de no aceptar esa honrosa posición. Necesitaba lo mejor de mi tiempo para dedicarlo prioritariamente a otras tareas. Pero como lo dije, no podía dejar pasar por alto la nueva afrenta. Repito, esperemos qué pasa. Recojo lo que dicen un par de frases, tengo “fe en la causa” pero no soy ingenuo, también tengo “los pies en la tierra y los ojos en el cielo”.

Por eso me gusta que exista el movimiento Me Too, que las personas hablen, que cuenten, pero con pruebas, para que por lo menos el escarnio público sea una sanción. Esperemos que no sea un fenómeno pasajero, que crezca, que llegue a los sitios más recónditos, para que el castigo no sea sólo mediático, sino también social, político y jurídico; para qué el pillo sepa que ser pillo no paga; para que el torcido sepa que no todo vale; para qué el calumniador sepa que aunque “de la calumnia algo queda” el que la hace la paga.

Sólo así podremos seguir construyendo la nueva patria, parte de lo cual es derrotar la impunidad. Adelante el “Yo también”.