Presidente retire las objeciones y pongámonos de acuerdo

HÉCTOR RIVEROS

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Un grupo de jóvenes de los que marchaban con banderas blancas para defender el proceso de paz y que llenaron la Plaza de Bolívar después de la derrota en el plebiscito y que ahora han vuelto activarse para defender la JEP quieren promover consensos que amplíen el apoyo al acuerdo con las Farc, faciliten consolidar el proceso y ayuden a que el país avance tantos otros temas pendientes.

La situación política generada como consecuencia de las objeciones presentadas por el Presidente de la República al proyecto de ley estatutaria de la Jurisdicción Especial de Paz abrió sin duda una oportunidad para promover un diálogo político como lo ha propuesto Humberto de la Calle, jefe negociador del acuerdo de parte del Estado.

Al gobierno y al Centro Democrático les debió quedar claro que no hay condiciones políticas para promover hacer trizas los acuerdos o modificarlos unilateralmente, que en el Congreso hay una mayoría que parece sólida para defender lo convenido y que la opinión pública en general -aunque las opiniones se mantienen divididas- la tendencia mayoritaria es a que se consoliden los acuerdos y no a devolvemos en las discusiones.

Esa circunstancia permite que la posibilidad de que haya actos de generosidad, o de grandeza si se quiere, de parte y parte.

No es el momento de cobrar una derrota al Presidente, ni de promover el rompimiento de las reglas democráticas, ni de amenazar con una asamblea constituyente o un nuevo plebiscito. No se trata de actuar como lo haría Maduro que cuando no tuvo las mayorías en la asamblea legislativa le quitó las funciones y organizó su propia constituyente. Se trata de que avancemos y verdaderamente aprovechemos esta oportunidad.

Para facilitar ese acuerdo es condición que el Presidente retire las objeciones. Mantenerlas es avivar la polarización mantener, es tener abierto un escenario de profundización de la división.

En el debate en el Congreso no hay cómo llegar a puntos de acuerdo, entre otras cosas porque las objeciones no se pueden tramitar por razones políticas que han quedado claras esta semana y por razones jurídicas que se han discutido muy largamente. ¿Para qué mantener un escenario que no va a producir ningún resultado positivo, sino eventualmente a profundizar las diferencias?

En gracia de discusión aceptemos que se pueden revisar algunos temas y mejorar lo convenido para garantizar que el propósito, ese que todos pregonan, que es el de asegurar los derechos de las víctimas se cumpla: que haya justicia, que haya verdad, que haya reparación, que haya garantía de no repetición. “Genuinas” la llamaría el Presidente Duque.

En su escrito de objeciones – que no voy a , ni a cuestionar para dar ejemplo- se acotan los temas, que podríamos decir son aquellos en los que el gobierno y su Partido quisieran modificaciones: i) Que quienes reincidan, incluido en el narcotráfico, reciban duras sanciones ii) que se asegure de la mejor manera el mayor nivel de justicia para los casos en los cuales  hubo niños afectados por delitos cometidos durante el conflicto y iii) que los que cometieron delitos en el marco del conflicto reparen a sus víctimas, que los bienes obtenidos ilícitamente sean puestos a disposición del Estado y de la sociedad para garantizarles repetición.

En esos propósitos todos estamos de acuerdo. Algunos creemos que las reglas adoptadas en el acuerdo son suficientes para asegurarlos, otros aparentemente creen que no y que por el contrario le dan ventajas a los victimarios para que incumplan sus compromisos.

Discutámoslo. Veamos si es posible ponernos de acuerdo y pasar la página.

El expresidente Uribe insiste en otros temas más complejos como por ejemplo el procedimiento de juzgamiento a los militares que cometieron delitos en el marco del conflicto, pero pues también discutámoslo. Discutamos si lo que se convino garantiza la consecución de la verdad, o cuál es el procedimiento para que se sepa la verdad. ¿Es que no estamos de acuerdo en ese propósito? ¿Queremos ocultar verdades? Ahí sí no habría posibilidad del acuerdo.

Yo le quiero creer a quienes se han opuesto al acuerdo de paz que lo que quieren efectivamente es igual a lo que quiero yo y todos los que hemos defendido el acuerdo: que los derechos de las víctimas se aseguren. Actuemos en consecuencia, facilitemos que eso se derechos se hagan efectivos.

Algunos de los jóvenes que creen que el 9 de abril, que es el día que la ley consagró para honrar a las víctimas, sería un excelente momento para abrir ese proceso de diálogo, con el reconocimiento de parte de los opositores de los beneficios que puede haber traído el acuerdo, con el reconocimiento de parte de quiénes lo hemos defendido de las preocupaciones de algunos en relación con lo convenido, con la solicitud a los ex combatientes de las Farc a dar muestras de generosidad y de querer era avanzar más rápido en la entrega de verdad, en la reparación, en la solicitud de perdón.

Qué los jóvenes que han apoyado el proceso de paz, los empresarios que se anticiparon a ponerse del lado del Presidente, los medios de comunicación, movimientos y organizaciones sociales de distintos sectores y orígenes busquen un acuerdo para cerrar las diferencias y permitir avanzar en la consolidación de la acuerdo que permitió la desmovilización y el desarme de las Farc sería el mejor homenaje que se le pudiera hacer a las víctimas en su día.