Democracia: entre el consenso y el disenso

Columna de opinión

Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA – carlosecanar@hotmail.com

E

 l pluralismo, las diferentes concepciones sobre el régimen y sistema político; análisis sobre el modelo económico y la distribución de los bienes materiales; las discusiones sobre  la sociedad que se conciba o se pretenda. Los variados criterios en la concepción e interpretación de los hechos más relevantes de la sociedad; el rol, alcances y limitaciones de los partidos y de las distintas opciones políticas; las diferentes propuestas en la resolución  o tramitación de conflictos y diferencias; el papel de la oposición para evitar los poderes omnímodos o para perpetuar las patologías del régimen político democrático; las diferentes expresiones de la sociedad civil; la discusión de problemas de interés colectivo y los acuerdos consensuales, entre otros indicadores,  son expresiones de las sociedades modernas y democráticas.

           Se dice que la democracia es el régimen político cuya característica esencial es el consenso, es decir, el escenario donde se imponen los criterios y decisiones de las mayorías. Sin embargo, en la actualidad está muy cuestionado el consenso como factor esencial de los regímenes democráticos, precisamente por el hecho de desembocar en el unanimismo que se convierta en dictadura de las mayorías para apabullar a las minorías, lo cual se convierte en obstáculo en la pretendida consecución de una verdadera democracia.El unanimismo pretende absolutizar todo y el poder se hace cada vez más grande en quienes lo ostentan. Un poder demasiado grande hace a los demás pequeños, dice Montesquieu.

      En otras palabras, la democracia es un régimen de consenso, pero también de disenso. Las mayorías se expresan, pero hay que tener en cuenta a las minorías, éstas deben tener cabida, son sujetos sociales y políticos activos, merecen reconocimiento y no se les puede apabullar o desconocer.

             Norberto Bobbio, en su libro, “El futuro de la democracia”, refiriéndose al disenso, sostiene: “Esta característica fundamental de la democracia de los modernos se basa en el principio de acuerdo con el cual el disenso, cuando sea mantenido dentro de ciertos límites que son establecidos por las llamadas reglas de juego, no es destructivo, sino necesario; una sociedad en la que el disenso no esté permitido es una sociedad muerta o destinada a morir”.

             En un país como el nuestro, reconocido constitucionalmente como pluriétnico y multicultural es difícil hablar de consenso, entendido como vocación o como decisión de las mayorías. En primer lugar porque hay diversidad de intereses y la unanimidad no es posible; y en segundo lugar, porque por mucho consenso que pueda existir, nos vamos a encontrar con unas minorías que disienten. Y a estas minorías hay que atenderlas, escucharlas y respetarlas.

             Pedro Santana en el libro. “Los movimientos sociales en Colombia”, en relación a las reglas de juego de la democracia y basándose en el concepto de Alberoni Franco en el sentido de que “Por democracia en occidente se entiende un sistema político en el que no hay consenso sino disenso, competición, competencia”, anota que “La democracia es un régimen de disenso, es a través de la confrontación de  fuerzas civiles y políticas cómo se determinan los rumbos de la sociedad, sólo que los medios para resolver esas contradicciones son predominantemente la confrontación civil, la movilización, la desobediencia civil, la huelga, el diálogo, el voto, etc.  Es decir, se privilegian los mecanismos pacíficos de confrontación y se hace expreso el rechazo a la utilización de la violencia para imponer un determinado rumbo a la sociedad”. Se trata entonces, del manejo de diferencias, de la confrontación de ideas, de intereses en términos pacíficos y en ningún sentido mediante la utilización de la fuerza y la violencia.

              En épocas electorales y en el ejercicio del poder, es importante tener en cuenta la importancia no sólo del consenso sino también el disenso, pues no faltan quienes pretenden posar como poseedores de la verdad absoluta; actitud que recuerdan aciagas épocas de oscurantismo e irracionalidad, donde el derecho a disentir era imposible mediante la imposición de un fuerte autoritarismo,  obstaculizando, la posibilidad de crear y construir con las diferencias,  un nuevo modelo de nación , donde verdaderamente quepamos todos.

          En Colombia con el nuevo gobierno, no sólo es el consenso lo que importa sino también el disenso; de ahí la importancia de los diálogos regionales vinculantes y la aspiración de la denominada paz total, construida precisamente en el devenir de los consensos y disensos. La paz total es una paz con todos, sin exclusiones; de lo contrario seguiremos escindidos, sin posibilidades de constituirnos en nación y mucho menos en sociedad civil que entre los colombianos siempre ha sido tan esquiva. Desafortunadamente hay un sector llamado oposición que no existe realmente como verdadera oposición, porque no funge por ser racional y propositiva, sino que sin argumentos está dedicada a criticar y malograr toda iniciativa de cambio del actual gobierno. 

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