Objetivo Popayán la raíz del mal

JUAN SANTACRUZ

[email protected]

Cuentan los que saben que la villa-capital fue tan rica, que los invasores españoles al mando de Belalcázar y Ampudia pensaron que hallaron el famoso Dorado. Estos hechos acontecieron en el mil quinientos algo. En los mil ochocientos la aparente opulencia era de tal magnitud que las grandes mansiones, el arte, las cabezas de ganado, las minas, las Custodias causaban las mismas sensaciones en los usurpadores extranjeros. La verdad oculta era que pese a ser la comarca el ultimo bastión heráldico que quedaba en la nación, las seguidillas de gestas guerreristas desangraron el erario municipal y los capitales de particulares hasta el punto de quedar prácticamente sin nada. Hagamos el ejercicio con calculadora en mano y concluyamos a la fecha cuantos años llevamos viviendo de apariencias, fregados por no decir jodi…



1983, 31 de marzo, antes de las ocho y treinta a.m. éramos una ciudad en que pernoctaba la pobreza con los índices normales de su propio desarrollo. Después de esta hora según los entendidos todo se fue al caño. En tiempo récord los “cordones de miseria” empezaron a pulular en la región y a mediano plazo la sostenibilidad de la comarca desde antaño resquebrajada entro en cuidados intensivos. Esta coyuntura sumada a otros factores se convirtió en la panacea para los DEMAGOGOS, quienes con sus artilugios y magias convocaron a todos estos hambrientos y desesperanzados, imponiéndoles la única condición que en breve los encumbraran en el poder. Se institucionalizo que, por un plato de tamales, hojas de zinc, bultos de cemento, pedazos de tierra para invadir; los estratos muy bajos, foráneos mala leche, lideres comunales inescrupulosos, personas necesitadas, etc. se convirtieran en la mayor fuerza electoral existente hasta el momento.

Esos pro-seres, gestores vitales del a debacle son además suertudos. Contaron con un aliado trascendental en sus aspiraciones: la estoica paciencia que nos caracteriza, el egoísmo, la frescura, él no me importa; de los estratos tres para arriba que manos o menos tienen un pasar organizado. El interés particular en este caso prima sobre el colectivo.

Hoy en pleno siglo 21 cuando la mayoría de pilares que soportan la gobernabilidad y la convivencia sana y en paz se encuentran en lamentable estado, miramos de soslayo y no asumimos nuestros errores. Cantidades de malas hojas de vida impregnadas del egoísmo de sus aspiraciones, supuestamente con estudios de pregrado y posgrado en las universidades del Cauca, Asgard, Invernalia, Eslovaquia, Burundi, etc. sospechosamente enfocadas en función de manejos administrativos y desarrollo de ciudad; circulan por los diferentes partidos buscando avales y componendas que generan vergüenza por sus ansias de poder.

¿Pregunto? Que vamos hacer para que el primero de enero estos caballeros con traje y zapatos nuevos, no juren en vano ante otro de sus iguales y con las manos en la espalda nos hagan el popular “cachito”. Sugiero dos alternativas que se me antojan: Uno. Que las personas que amamos esta ciudad aunemos esfuerzos y en bloque sin tener en cuenta colores, credos, sabores y olores; sufraguemos por personas preparadas, impecables en su comportamiento, emprendedores y sobre todo que quieran la ciudad y no sean políticos. Es imperativo que los colectivos de los barrios estrato tres hacia arriba elijan sus propios interlocutores, que nos representen honorablemente; para que la confianza y la credibilidad emerjan. Dos. Si alguien tiene el chat de DAENERYS TARGARYEN; reina de los siete reinos, madre de dragones; porque no le piden el favor que con su DROGO “queme” a más de uno de estos pillos antes de las elecciones.

ADENDA. Tomo prestado este vocablo que suena bonito. En el mes de los papas recuerdo al mío. Su nombre en vida fue Jorge. Ante todo, un hombre bueno. Paso del quinto piso y el llegaría al siglo; pero no importa los años que pasen me hace mucha falta. Aun cuando tarde un buen vino a la salud de los buenos padres.