EL COSTUMBRISMO DE EVERARDO ÁGREDO

Por Rodrigo Valencia Q

En la Casa Museo Guillermo Valencia (Popayán, frente al Banco de la República) se encuentra, desde ayer, una singular exposición.

Everardo Ágredo tenía su sorpresa para el mundo. Su imaginación equipaba un fabulario gráfico especial porque nunca renunció a su mundo íntimo, privado, sorteado en un dibujo de motivos tan personales, que nada logró contaminar su originalidad creadora. Es minucioso en un oficio dedicado, concentrado, que exige atención para recorrer esos territorios de cuento con olor a tierra mágica, a anécdotas de pueblo virgen, con su fauna y flora intrincadas, en donde el ojo explora encantos de una búsqueda insistente de años.

Recién ahora, a sus 80 de edad, este desconocido artista payanés, que prácticamente es autodidacta (mejor aún), aunque muestra algún diploma, bonachón y silencioso (dicen), realiza su primera exposición individual. Y muestra una prolífica, incansable obra de dibujo que recuerda la técnica de pirograbado, que ha trabajado por años con manos de artesano, comprometido vitalmente con modestia y laboriosidad. Y, obvio, llevaba una veta innata de artista sin ínfulas, de hombre que ha visto destellos, luces, sombras, sortilegios y tramas de líneas y puntos ilustrando ambientes y personajes del anecdotario más original, lugares donde se ve la prolífica génesis de su espíritu creador.

Decir que la obra de Everardo Ágredo es primitivista la enmarca en su posible rótulo de estilo. Sus fantasías van más allá de lo exigido por la visión acostumbrada de las cosas; son la catarsis de alguien que pulsa lo extraño de un orbe poblado por florilegios, susurros y barrocas intimaciones de la fantasía, mundos en donde nos participa una rica y profusa galería de costumbrismos propios de su amor a la tierra, que ha vivido, observado y disfrutado de manera especial.

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