Propiciar el bienestar mental de los niños y jóvenes es una tarea de todos

Ante el incremento de casos de ansiedad, depresión y suicidios en los niños y jóvenes del país, es de vital importancia poder garantizar espacios seguros, donde encuentren una voz que los comprenda y acompañe en un camino que, aunque pedregoso, tiene salida. A continuación, algunas conclusiones de expertos en la materia.

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Redacción El Nuevo Liberal

ras la Pandemia por Covid-19, la salud mental del mundo entero se vio afectada; esa “nueva normalidad” que nos obligó a visitar lugares de nuestro interior hasta el momento desconocidos y a vivenciar la soledad y el encierro como nunca antes, exacerbó las afectaciones a la estabilidad emocional de muchos. Por fortuna, esta situación permitió que se retomaran los cuestionamientos frente al entendido social que se tiene de la tristeza, la depresión, la ansiedad y el suicidio. Fijar la mirada en estas patologías que históricamente se han mantenido minimizadas abre un sinfín de posibilidades para repensarse el mundo y sus sistemas, para cuestionar la familia y demás instituciones sociales, para reconocer que los diagnósticos no son una condena a muerte, y que siempre hay una razón extra para quedarse.

En el marco del foro, Herramientas para un buen vivir: salud mental en nuestros niños y adolescentes, desarrollado en la XXIII jornada de promoción del buen trato, Los especialistas, Gloria Muñoz, Mauro Egas y Andrés Dulcey, reconocidos psiquiatras del departamento, se encargaron de reflexionar y aportar algunas luces a los asistentes frente a estas patologías, sus ventas de posibilidad, las señales o indicios que dejan y el apoyo que como sociedad podemos brindar para mitigar los factores externos que pueden convertirse en detonas.

Según cifras de 2015, el 5.5% de la población en Colombia ha tenido ideas suicidas y un 1.9% han tenido intentos, por ello hay que entender que esta no es una situación ajena y debe ser abordada desde la empatía y el amor. /Foto suministrada.
Es primordial pedir y/o brindar ayuda ante el primer signo de alarma. /Foto suministrada.
Trastornos como la depresión no obedecen a la debilidad, a la falta de actividades o a la falta de voluntad para mejorar, más del 60% de los pacientes atendidos pueden recaer en episodios depresivos después de 2 años de haber iniciado sus tratamientos /Foto suministrada.

En la intervención de la doctora Gloria, la cual tuvo como objetivo destacar la importancia de la atención psicológica en los niños y cómo a través de un trabajo paciente y constante se puede llegar a entender su universo propio, se evidenció que hasta el más mínimo detalle o cambio en la cotidianidad de los infantes puede convertirse en un indicio para descifrar esa situación que está impidiendo el bienestar del niño, y que a través de una orientación psicoterapéutica donde se brinden herramientas, una escucha empática y se trabaje a través de la lúdica, es posible tanto interpretar como permitir que el paciente adquiera las capacidades para sanar, ya que desde los diferentes entornos donde se desarrolla su cotidianidad, se debe procurar brindar una experiencia de vida fundamentada en la salud mental y el bienestar.

Por su parte, el psiquiatra Mauro Egas, en aras de generar conciencia frente a la importancia del buen trato, abordó la depresión y ansiedad infantil a través de técnicas para identificarla y atenderla sin necesidad de ser un profesional de la salud. Si bien, la salud mental está sujeta a muchs factores y circunstancias tanto internas como externas, practicando la escucha, teniendo una actitud asertiva y disposición para acompañar, es posible brindar un acompañamiento significativo. Según destaca el psiquiatra, existen 3 barreras que impiden la atención a pacientes cuando las enfermedades están en sus inicios: la incredulidad de los pacientes frente a su condición y el analfabetismo emocional que hace que crean que las cosas se resuelven por sí solas; la familia, que aunque no sea de manera premeditada, puede convertir su “apoyo” en un factor de saboteo; el sistema de salud por su dilatación constante.

La depresión puede entenderse como una patología que cuenta con un origen específico, por lo que cuenta con un pronóstico, tratamiento y consecuencia. Dentro de los síntomas se encuentran los conductuales (retraerse, aislarse, no preocuparse por sí mismo), emocionales, (se puede ver como tristeza, ansiedad o irritabilidad), pensamientos (autocrítica, culpa), físicos (dolor de cabeza, fatiga, cansancio, opresión en el pecho, dolor estomacal, estreñimiento, mareo) y cognitivos, aunque, es constante reconocer dentro de las señales más notorias el mantenerse triste, irritable o ansioso por 15 días o más, experimentar un aburrimiento generalizado, sufrir alteraciones en el sueño y el apetito, sentir culpa y que se es una carga, lo que genera una alteración considerable a las rutinas cotidianas. Es natural en los seres humanos tratar de encontrar el por qué de las cosas, por ello, el especialista Egas menciona que los factores pueden ser biológicos, psicosociales o emocionales.

Para brindar ayuda a personas con trastornos se debe tener mucha tacto y empatía, teniendo cuidado en no ejercer juicios o recriminaciones, porque, tal como lo advierten los especialistas, es un proceso lento de subidas y bajadas, pero la constancia y el acompañamiento son vitales para llegar a buen término. De igual forma, es de vital importancia acompañar los procesos terapéuticos y propender por la creación de hábitos y rutinas saludables.

En cuando a la ansiedad, si bien, esta es una condición natural del ser humano por su componente adaptativo, cuando se torna constante, incontrolable e impide el desarrollo normal de las actividades cotidianas, se requiere acudir a la psicoterapia para adquirir herramientas que permitan controlar los episodios, asegurarse de contar con espacios tranquilos y confrontar las situaciones que nos desestabilizan.  

Frente al suicidio juvenil e infantil, el doctor Dulcey mencionó que, aunque a simple vista las cifras no sean altas, es preocupante que en la ciudad se presenten 10 casos de suicidio por cada 100 mil habitantes al año, por lo que resulta importante entender que, contrario a los mitos que rodean esta decisión, hay formas de identificar, abordar y evitar que se presenten más casos.

Para el sistema de salud ha sido un reto cambiar su concepción frente al tema, ya que actualmente es considerado como un problema de salud pública que debe ser atendido cuando se encuentra en una fase precoz, por ello es vital propender por la detección temprana desde todo el sistema de salud y que estos esfuerzos puedan ser sostenido a lo largo del tiempo. Es decir, la política pública de salud mental debe prevenir asumiendo a la prevención como si se tratara de otras enfermedades.

Si bien, de acuerdo a los estudios, hay población con mayor propensión al suicidio (víctimas del conflicto, personas abusadas sexualmente, población LGBTIQ+), es necesario que desde los medios se haga una cobertura responsable, además, se requiere que las instituciones primarias (familia, amigos, instituciones educativas) puedan detectar y permitir que se desarrolle en estos individuos una nueva actitud frente a la vida, debido a que son muchos los factores de riesgo, pero también las posibilidades de atender los casos desde el primer intento o incluso antes del mismo porque, como relata Dulcey, existen gestos de despedida, verbalización de las intenciones y premeditación. Es importante acompañar, brindar una ayuda oportuna y facilitar la atención por especialistas.

Velar por el bienestar y la salud mental es una tarea de todos, por ello, tanto el sistema de salud como la población en general debe sensibilizarse y humanizar sus procesos, acudiendo siempre a la prevención y atención temprana.

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