Adictos a mí: el ocaso del Libertador

El primer número de la colección Posteris Lvmen, de la Editorial Universidad del Cauca, incluye cartas de Simón Bolivar a Tomás Cipriano de Mosquera, transcritas y en versión facsimilar, además de pinturas del maestro payanés Juan Cárdenas Arroyo. Del prólogo de Fernando Cruz Kronfly, publicamos aquí el fragmento inicial.

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Por Fernando Cruz Kronfly

ste libro espléndido contiene las cartas dirigidas en un tiempo por Simón Bolívar al notable payanés Tomás Cipriano de Mosquera. Documentos que enriquecen todavía el inolvidable género epistolar, en franca desaparición. Contiene igualmente bellísimos retratos, obras maestras pictóricas a cargo del artista señor Juan Cárdenas Arroyo, quien generosamente decidió que hicieran parte de este proyecto editorial.

 

Carátula del libro, Adictos a mí

La obra completa de Simón Bolívar es vasta y diversa. Sus cartas son apenas parte suya, aunque esenciales por cuanto desde allí hizo y dirigió la guerra. ¿Qué hubiera sido de la independencia en ausencia de estas cartas? La mayoría de éstas contienen órdenes militares o son respuesta a otras que le fueron enviadas por sus generales y coroneles al mando, con el fin de tenerlo al tanto del estado de la situación en los diversos frentes. Luego de dar las gracias, el Libertador pasaba a dirigir la guerra y a emitir las órdenes más diversas. Descendió hasta los detalles, en todo momento preocupado por la salud y el bienestar de sus tropas. También dio órdenes respecto de la música, los caballos, los hombres cansados, los hospitales, las mujeres, el equipaje y cuanto embarazara la velocidad de la marcha (carta 41). Incluso dio órdenes a Córdoba relativas al aseo y baño de los soldados y dispuso cambiar los caballos fatigados por cabalgaduras frescas. Quería estar en todo.

Las cartas dirigidas por el Libertador a Tomás Cipriano de Mosquera, como todas las otras que escribió en su vida, traslucen parte significativa de su personalidad militar y humana. De manera indirecta, permiten también conocer quién fue Mosquera y la importancia que tuvo para el Libertador este original hombre, conocido coloquialmente como «mascachochas» debido a las muecas y ruidos que hacía al hablar, como consecuencia de un disparo en la quijada en la valerosa defensa de Barbacoas.

Sin embargo, el presente libro apunta sobre todo a rendir homenaje de reconocimiento a Simón Bolívar en cuanto autor de cartas dirigidas a un destinatario payanés eminente, en un tiempo muy próximo él, cuatro veces presidente de las tierras que ambos ayudaron a liberar del dominio español: la Gran Colombia, la República de la Nueva Granada, la Confederación Granadina y, finalmente, la República de Colombia donde hoy nos encontramos.

Y este es el punto: el Libertador y sus cartas a Mosquera, pero también la ausencia y el vacío de ellas en sus últimos tiempos. Circunstancia que habrá de ser puesta en consideración a medida que vamos avanzando.

Y, si es así, la vida entera del Libertador queda expuesta a la mirada, sobre todo en sus cartas finales. Documentos donde él se vino a vivir su eternidad y que permiten conocer más a fondo al militar, al amigo, al amante fogoso, al querendón íntimo, hábil y diestro en caminar sobre rescoldos y brasas. Ese Bolívar objeto del deseo de las mujeres por donde iba, cuidadoso del escándalo y responsable de sus actos.

Cartas que también dejan ver, y de qué profundo y conmovedor modo, a ese ser humano que escaló la gloria suprema y al final se derrumbó desengañado y enfermo hasta querer por sí mismo dejarse morir, tendido en una cama convertida en oráculo de predicciones acerca de la patria. Muchas de las cuales se cumplieron y no dejan de señalar con su sombra nuestros días presentes a modo de lastre histórico, aunque jamás un destino enceguecido a la griega.

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Carta Nro. 7

Al señor Tomás Mosquera Turbaco, 1 de agosto de 1827

Mi querido Mosquera:

Me ha sido muy agradable recibir la carta de vuestra merced en que me participa los últimos acontecimientos de esa capital y el estado en que se hallan sus negocios, no muy buenos, por cierto; pero yo estoy en marcha y espero llegar a Bogotá a tiempo para salvar la patria y mis amigos. Nunca creí que hubiese llegado el caso de que Uds. se viesen amenazados en vida tan solo por ser adictos a mí, como que si esto fuera un crimen. Esta ocurrencia me ha causado la impresión más fuerte y me obliga a apresurar mi marcha antes de que Uds. caigan junto con la patria.

Sin duda que Ud. ha hecho muy bien en no renunciar el destino que le fue concedido legalmente; ¿y para qué?, para confirmárselo a un extraño que lo ha obtenido por la traición y la violencia.

Venezuela quedaba tranquila aguardando con impaciencia la convocatoria de la Gran Convención que desean ardientemente.

Escríbales Ud. de mi parte a sus buenos padres y amigos de Popayán y dígales Ud. mil cosas de mi parte, que los amo y les deseo todo bien.

Recomiendo a Ud. mucho mis papeles y mis libros que Ud. ha salvado tan oportunamente.

Soy de Ud. amigo de corazón.

Bolívar.

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