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    Los padres van perdiendo el año

    MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

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    Esta semana que termina conocí a la profesora Leonor, coordinadora de una importante institución educativa de la zona centro del Cauca. Y conversamos sobre un tema que nos interesa: la educación.

    Sus ideas son preocupaciones serias. Análisis que vienen acompañados de la experiencia viva de todos los días y reflexiones de 25 años laborando en el sector.

    Dice la profesora Leonor que muchos niños no respetan a sus profesores, porque los padres de familia tampoco respetan a los profesores, llegando al caso que en conversaciones de familia los papás desvaloran el trabajo o la persona del profesor. En consecuencia, hay niños que retan a los profesores, los insultan o les manotean porque saben que son respaldados por sus papás. Y un niño que no respeta a su profesor en el salón de clase, es un niño que no aprende, que cuando se le llama la atención por su comportamiento inadecuado, lo que hace es burlarse de todos generando problemas graves en el aula.

    Hay padres que desvaloran la escuela en sus conversaciones diarias, hablan mal de todo -y todo el tiempo- de lo que significa la escuela; por lo tanto, el niño no puede tener ni respeto ni ganas ni aprecio por el mundo escolar. En consecuencia, tenemos niños que vienen por la comida o para que los cuiden mientras los padres trabajan. Es necesario valorar la escuela y su cometido social. Entender que la educación cambia vidas, cultura, pensamientos.

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    Hay padres de familia que visitan al colegio para insultar a los profesores cuando sus hijos son sancionados por alguna falta. En vez de acercarse al colegio y averiguar lo que pasa, llegan a insultar a todo el mundo a partir de la versión de los hijos. Hay que creerles a los hijos en sus justas proporciones.

    En muchos hogares “las tareas” de los estudiantes ya no es una actividad de prioridad para los padres. Muchos papitos ya no acompañan a sus hijos a hacer tareas ni les revisan los cuadernos para ver si tienen pendientes, de tal manera que las tareas siendo una actividad para reforzar el aprendizaje del salón pierde su intencionalidad.

    Hay padres que matriculan a sus hijos y nunca vuelven al colegio, no vienen a recoger boletines, ni a reuniones de padres, ni asisten a escuela de padres. Es decir, entregan a sus niños como en una guardería y se olvidan de acompañar el proceso. Los niños que son acompañados y con padres preocupados ocupan los primeros puestos y tienen un nivel más positivo que los abandonados.

    Muchos padres llegan cargados de tigre a insultar a los docentes cuando sus hijos pierden una materia o el año. Para ellos no hay culpa de sus hijos ni de los padres, creen que la pérdida de una materia o una nota baja es por culpa del profesor.

    Hay padres de familia que llegan a la escuela a decir “yo ya no sé qué hacer con este muchacho, allí se los entrego, ese niño ya no me hace caso”. Son padres derrotados frente a su responsabilidad y creen que la escuela tiene soluciones mágicas a problemas que tienen que ser enseñados y tratados en casa.

    A muchos padres se les olvida que educan con el ejemplo, que cada palabra, gesto o actividad que haga se queda en el inconsciente de su hijo para toda la vida. Por ejemplo, los niños ya no ven a sus padres leer, por tanto, leer en muchas familias se volvió en una cosa extraña, difícil, lejana. Si un niño ve a su padre con un libro leyendo, los chicos tarde o temprano imitan a su papá o a su mamá y leen de manera autónoma.

    El mundo de la escuela sería mejor si los padres respetaran a los profesores y les pidieran a sus hijos respetar a sus maestros. Si los padres acompañaran a sus hijos a leer y a hacer tareas. Si los padres asumieran el compromiso de acompañar a sus hijos en todos los procesos educativos que la escuela exige y pide.

    Finalmente, la profesora Leonor me dice que, desde el momento que algunos padres abandonaron su compromiso y responsabilidad con sus hijos, la escuela se volvió más complicada, enseñar se volvió una profesión difícil, y muchas aulas ya no son sitios de aprendizaje, sino torneo de conflictos. Y, claro, los resultados educativos no son tan positivos ni tan buenos.

    Está comprobado que niños acompañados por sus padres en el proceso educativo son niños exitosos, que aprenden, y que saben comportarse.

    Está comprobado, además, que un padre tiene que asumir su tarea con ternura, pero también con mano firme; Y mano firme no quiere decir ni agresividad ni violencia. Padres fuertes tienen hijos que asumen su papel, padres débiles tienen hijos desadaptados o en problemas.