Los loteros, una fuerza laboral en el olvido

Venden loterías contribuyendo en la consecución de los recursos para la salud, pero paradójicamente no les brindan brigadas de bienestar

Por Alexander Paloma Reportero Gráfico El Nuevo Liberal

Cuando estas personas toman la decisión de vender lotería lo hacen como una alternativa de trabajo, en esta ciudad en la que los índices de desempleo para las personas mayores de 50 años cada vez se incrementan, en el mercado laboral no hay muchas alternativas para esta población, pero a ello hay que sumarle que, tienen menos posibilidad los que tienen movilidad reducida.

Entre las opciones, que hay en el mercado laboral para las personas antes mencionadas, esta una de manera informal que es legal, la venta de lotería, es una labor convenientemente requerida por el beneficio mutuo que representa tanto para el lotero como para las loterías, además, es de recordar que de los impuestos de la lotería se financia la salud de los colombianos.

Lo que paradójicamente se encuentra en el decir de todos los que trabajan con las loterías es que, han sido abandonados en términos de su bienestar, todos quisieran ser tratados con más dignidad por parte de las loterías, esperan que se preocupen porque esta fuerza laboral tenga unas condiciones mínimas para trabajar dignamente en las calles en las que están expuestos a variedad de adversidades.

Según indican algunos loteros, a los que fallecían se les otorgaba una bóveda en el Cementerio Central en el panteón destinado para los que desarrollan esta labor, hoy este espacio está abandonado y deteriorado, los vendedores de lotería esperan que se les pueda otorgar de nuevo ese beneficio y el ataúd, como en épocas anteriores se hacía.

Gran parte de quienes trabajan con lotería son personas de la tercera edad como Marina Meneses quien lleva quince años ejerciendo esta labor, es una persona que ya camina lento con su bastón y se tiene que exponer a las inclemencias del clima cambiante de la ciudad, es un trabajo que ejerce con gusto a pesar de sus años, con el propósito de solventar sus necesidades. Entre tanto, en el centro de la capital caucana, escampándose de la lluvia, Olga Esperanza Luna espera se acerquen quienes buscan la suerte, dice estar agradecida por su trabajo, pues fue la oportunidad que encontró para poder desempeñarse laboralmente de manera independiente como madre cabeza de familia, Olga espera que a ellos como vendedores les den un poco más de acompañamiento y atención, pues considera que cuando suelen enfermarse o presentarse algunos percances ellos se ven en dificultades para brindarles las ayudas a los colegas por falta de recursos.

 

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