Colombia y Venezuela, ¿laboratorios de guerra?

FELIPE SOLARTE NATES

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Con lazos de sangre y como siameses compartiendo una frontera de más de 2.000 kilómetros, por donde circulan libremente contrabando, guerrillas y narcos, por revolcones que la política marca en el destino de los pueblos, Colombia y Venezuela viven un momento crítico atizado por gobiernos intentando reafirmarse en sus ideologías y proyectos.

Sin medir riesgos derivados de atizar diferencias con Venezuela, el gobierno de Duque, liderara una campaña por el derrocamiento de Maduro, respaldando a líderes y grupos de oposición que desde Bogotá promueven la caída de un régimen, que sin duda derivó en una ‘dictadura constitucional’ apuntalada por una casta militar a la que entregó el manejo de las principales industrias, incluidas la petrolera y siderúrgica a las que llevaron a la ruina.

Queriendo mantenerse ante el gobierno de los Estados Unidos como el mandatario más obediente, el presidente Duque y su ‘lengüisuelto’ embajador Francisco Santos, proclamándose como ‘paladines de la democracia’, avivan el ambiente belicista que además de alejarlos de la política prudente mantenida por el anterior gobierno, da alas a Maduro para cerrar filas ante la amenaza de la ‘invasión yanqui’ anunciada desde que vivía Chávez.

Encontrarían, en la guerra excusa perfecta para justificar la debacle de su gobierno y proyecto ‘socialista bolivariano’, mediante sacrificio sangriento de los países hermanos, en el que también posiblemente participarían a su favor el Eln, las disidencias de las Farc más afines con su ideología y grupos vinculados al narcotráfico y negocios ilícitos.

Irresponsablemente ignoran que seríamos laboratorio de guerra en medio de la lucha económica, diplomática y guerrerista que libran China, Rusia y países emergentes por ganar posiciones, después que los Estados Unidos, quedó como imperio hegemónico gracias al derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas, Urss.

Rusia ha resucitado de sus cenizas, gracias a su poder armamentista, nuclear y espacial sumado a la hábil política internacional y de espionaje liderada por su Presidente Putin, experto ajedrecista, exdirector de la KGB, quien por algo favoreció la elección de Trump, dañando la imagen de Hillary Clinton, gracias a las noticias falsas difundidas en redes sociales y oscuros negocios celebrados con las empresas del cuestionado presidente.

Durante los años de la ‘guerra fría’, desatada después de la Segunda Guerra Mundial, las dos superpotencias: Estados Unidos y la URSS, se mantenían en un ‘empate táctico’ caracterizado por el juego de amenazas y amagues por entrecruzarse los misiles atómicos, mientras en distintos continentes y países suministraban armas convencionales y financiaban a grupos políticos, ejércitos y guerrillas que defendían sus ideologías e intereses en ‘guerritas’ nacionales y regionales, libradas en el Medio Oriente, el Vietnam, Camboya y Laos; en Cuba, Nicaragua y El Salvador y en varios países del recién descolonizado continente africano.

En el territorio de sus países las potencias no libran las guerras, pero si las impulsan en los de la periferia para ensayar armas nuevas, estrategias y tácticas de combate y especialmente en los ricos en petróleo y otros minerales estratégicos.

En Siria, Rusia y Estados Unidos se baten en una guerra por interpuestos bandos. Van ganando los rusos apoyando al presidente Saad.

Irán y la frontera colombo-venezolana, por primera vez en continente americano, con Cuba y Nicaragua en medio, podrían ser el próximo frente de batalla.

Debido a la guerra económica desatada por el presidente Trump gravando con altos aranceles a productos fabricados por la China, México, Europa, más las sanciones a Rusia, Irán, Venezuela, la geopolítica mundial se agita y directa o indirectamente estos movimientos repercuten en todos los países, como ahora lo sufren Turquía y Argentina.

Históricamente las guerras han estallado después de pulsos económicos entre países con grandes grupos industriales y financieros intentando dominar mercados y fuentes de materias primas.

Rusia y China tienen multimillonarios intereses en Venezuela que les abona préstamos con el decreciente petróleo que produce. Ambas potencias, con mayor injerencia rusa, convirtieron a los vecinos en potencia armada regional con mayor capacidad y si estalla un conflicto saldrán en defensa de su aliado.

Las Fuerzas Armadas colombianas, con dotación de museo, cuentan con un ejército más preparado para guerra de guerrillas que para una confrontación moderna donde la muerte es industrializada y tecnológica gracias a bombardeos masivos y grandes batallas en las que poco sirve heroísmo romántico.

La asociación con la Otan, que concretó Santos, meses antes de entregar el mandato, sería mecanismo de disuasión para controlar a Maduro en caso de que intenten destruir por sorpresa las refinerías y principales industrias y vías del país.

Varios analistas recomiendan que el gobierno colombiano debe promover el cambio pacífico en el régimen venezolano a través de la ONU, OEA, sin abanderar la campaña y menos una invasión, pues corremos el riesgo de sufrir los zarpazos de un tigre agónico con las garras afiladas.