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    Editorial: La responsabilidad en el uso de las redes de comunicación

    Se ha seguido con cuidadosa observación, los mensajes de redes formados en zonas rurales por comunidades campesinas, desde luego se ha traído a la memoria épocas pasadas, en las cuales, a la solicitud de poblados distantes por una vía veredal, se agregaba la de una línea de telefonía por cable, como un ruego continuo, para poder lograr alguna comunicación.

    En este procedimiento investigativo, se encontró a la Red de Emisoras Comunitarias, que se constituyó posteriormente en respuesta a la expectativa de las poblaciones rurales dispersas, en su mayoría, para acceder a la información de incidencia en sus territorios de origen global, nacional, regional o local.

    El Internet, permitió un acceso igual a la información, por cuanto a los bloques acumulados de miles de contenidos se puede ingresar en iguales condiciones, sin caer desde luego en la falsedad de que es democrático, por cuanto más del treinta por cuento de la población en Colombia no tiene acceso a un computador o a la instalación del servicio de red.

    Hoy inclusive el Estado se vio en la necesidad de utilizar la comunicación virtual para adelantar programas de educación, con mucho de improvisación, mas con el ánimo de cumplir indicadores exigidos por organismos internacionales, que de dar respuesta cierta a las necesidades de la sociedad colombiana.

    De la misma manea se experimenta y se avanza en la utilización en la prevención y prestación del servicio de salud, y desde luego copar cada día otros campos como el de cuidar y monitorear la conservación ambiental del planeta.

    Todas estas referencias, tomadas al azar de la realidad, llevan a adelantar reflexiones sobre la incidencia que tendrán en los comportamientos sociales, en la actuación responsable en el tiempo de la pandemia y en los tiempos sorprendentes después del túnel, de una forma infinita e inimaginable.

    Esta innovación en los instrumentos y formas de la comunicación, demandan el acompañamiento de conformaciones culturales con recias bases en la conciencia del individuo y en el pensamiento colectivo, para que sean material didáctico adecuado a la creación de una nueva cultura para la superación de la pandemia y la época posterior a esta.

    En el Cauca se ha visto cómo se inundan las redes de mensajes y comentarios superfluos, que corresponden a las minúsculas disputas locales, que a temas de interés superior.

    Se inició con el tema delicado del contagio del señor alcalde en donde primó más el interés de espectacularidad que el de solidaridad humana; después la señora directora de la Cámara de Comercio, otros secretarios del despacho municipal y así, sin seriedad, hasta llegar a varios comentarios sobre la alerta naranja que hoy cubre a toda la ciudad.

    Del mismo modo inundaron los mensajes en torno a los comentarios sobre si era de considerar, bajar o no el cuadro Apoteosis de Popayan, más adelante si bajar o no la estatua del señor Belalcázar, con todos sus simbolismos y significados.

    Como es dado en el acontecer local, antes de pasar muchos días, se pretendió volver viral, más que el coronavirus, el disgusto entre el gobernador del Cauca y el alcalde del municipio de Villarrica, por apreciaciones en torno al hospital local de esta región para atender las emergencias, todo en medio de hilaridades inclusive de congresistas que quisieron sacar partido de este impase.

    O se actúa con sensatez, con responsabilidad, asumiendo los adeudos como se hace en la mayoría de los medios de comunicación, avalados los informes por los nombres registrados o por columnistas y periodistas que firman sus informes y comentarios, o desaparecerán estos recursos precisamente por la carencia de veracidad en sus mensajes y contenidos.

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