Paro circulario

ANA MARÍA RUIZ PEREA

@anaruizpe

Tratando de dimensionar lo que significa el paro provocado por el bloqueo de la carretera Panamericana en el Cauca, los medios desde Bogotá dicen que el departamento más afectado es Nariño. Es cierto que el efecto del paro cada vez irradia a más departamentos, a más negocios, a más sectores, pero el meollo está en el Cauca, y la ciudad sitiada no es Pasto, es Popayán. Son los indígenas del Cauca los que bloquean la vía, el problema está en este departamento.

No contar con una carretera es como tener una arteria tapada, con consecuencias calamitosas para todo organismo que necesita la circulación. Eso lo sabemos muy bien en el Cauca, no solo los mingueros. El Cauca no tiene vías, se han tragado en corrupción toda la plata de las obras que, cuando las hacen, se caen al mes como el puente Córdoba, llegando a Tierradentro. Siempre hemos sido cenicientas del presupuesto nacional, y el departamental vive en la ruina. El estado de las trochas del Cauca, Panamericana incluída, ha sido históricamente desastroso, y así sigue. El Cauca es como un cuerpo que sobrevive con la presión arterial altísima, el colesterol por los cielos y sin oxígeno.

Bloquear la Panamericana es producir un infarto a un territorio que con dificultad sobrevive. Con todo el respeto y la solidaridad que me producen cada una de las exigencias que la Minga hace, no puede ser más que parando el sistema circulatorio del departamento se siga intentando alcanzarlas. En los últimos 20 años ha habido 64 bloqueos, de mayor y menor duración, desde que en 1999 el Estado colombiano, en gobierno de Andrés Pastrana, se comprometió con su firma a cumplir con un pliego de compromisos. 20 años de exigencias acumuladas, de los gobiernos birlando a los indígenas sus derechos adquiridos. 20 años de bloqueos o amenazas de cierre de la carretera lo que indican es falta de eficacia en el método.

Popayán es una ciudad de regiones, todos los espacios territoriales del departamento están ahí adentro reflejados. Más allá del centro, los barrios se construyeron y crecieron alrededor de parientes y amigos, que es el único lugar donde una persona sin techo quiere estar después de un terremoto, o de un bombardeo. En Popayán hay cuadras y barrios de los de Almaguer, los de Guapi, los de Caldono, los Misak, los Nasa. Todos tienen primos en un pueblo. Los bloqueos joden a todos los caucanos que no están en la Minga, en Popayán, en municipios cercanos y en toda la región. Y políticamente aleja la posibilidad de crear un frente común de caucanos en apoyo a exigencias que, de raíz, son justas.

La señora Matilde que vende empanadas en la Terminal de Transporte de Popayán no tiene la culpa ni de las atrocidades históricas ni las barbaridades del gobierno actual. Mucho menos sus hijos, que sobreviven con lo que ella vende. El señor de la tienda en Tunía que perdió la cita médica en Popayán. La leche que se daña. La gasolina que se agota. El bloqueo de carreteras levanta muros aun más altos entre grupos sociales que deberían estar exigiendo al unísono respeto con el territorio a un gobierno indolente.

Porque no se puede hablar de desarrollo territorial sin atender a la geografía que nos une, irremediablemente. Los ríos que nos cruzan, los páramos que nos dan agua, los atardeceres que nos iluminan. El Cauca somos todos los caucanos, campesinos e indígenas, mestizos y negros. Votó mayoritariamente por el SI. Administra como puede la pobreza. Sabe que tiene incrustados muchos malandros. Y sobrevive a los infartos.