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    La oportunidad es calva y tratándose del desarrollo del Cauca, aún más

    QUEIPO F. TIMANÁ V.

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    Si el Cauca hubiese sido administrado con mentalidad de estadistas y con ella hubiesen buscado una real sociedad equitativa, que abarcase a todos los caucanos, incluidos los sectores urbano y rural y todos los componentes étnicos que la integran, habría trazado un plan prospectivo a largo plazo que bien pudiese ser al 2050 y hubiese fijado su norte al desarrollo mediante una misión y visión concertada, que representase el querer de todos y que convocara a trabajar unidos en el logro de ese propósito visionado.

    Al carecer de esa visión consensuada, no desaprovechemos la oportunidad que tenemos de contribuir al cambio de mentalidad y a la preparación y capacitación para el desarrollo de la cuarta revolución industrial.

    El Cauca, a finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, tuvo la oportunidad de ingresar al desarrollo industrial moderno, pero no lo entendió o no quiso entenderlo cuando poseía la explotación del oro de veta y aluvión en su territorio, dicha explotación la hacía con métodos artesanales, improductivos y desgastantes, por cuanto olvidó la formación de contingentes de ingenieros y tecnólogos que se requerían; tampoco acudió a la traída de ingenieros extranjeros, expertos en el tratamiento de dicho metal, tampoco crearon las condiciones de inversión nacional y extranjera para dicha explotación, por el contrario pegados a la herencia de la mentalidad feudal hispana, su dirigencia se especializó en cazar guerras nacionales e interregionales, que les permitiera controlar y ejercer poder, sacrificando la agricultura y olvidando su desarrollo embrionario industrial.

    Hoy estamos ad portas de no entender el momento, con el bien ganado espíritu progresista reflejado en la producción cafetera, de preferencia en cafés especiales, que le da valor agregado a esta actividad; debemos avanzar y volcar nuestra mentalidad sobre la cuarta revolución industrial, lo cual demanda innovación y una rigurosa formación de liderazgo en todos los sectores, y a la que nos debemos aplicar, de manera consciente, en las instituciones de educación superior del departamento, las instituciones tecnológicas y todo el sistema educativo.

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    Si bien el sistema educativo debe tener presente sus prelaciones sobre el bienestar del ser humano y sostenibilidad ambiental, el sistema educativo tiene que replantear su rol, si bien debemos buscar un desarrollo integral del ser humano, el momento exige una educación dual que sea excelente en su formación académica, pero también debe garantizar la exploración, experimentación y aplicación práctica para lo cual requiere desarrollar su capacidad analítica, inteligencia artificial, desarrollo de códigos, trabajo en grupo y una vocación de lectura permanente, solvencia en idiomas extranjeros, de preferencia el inglés y una vocación de innovación en el campo práctico.

    El momento exige formar en ciencias computacionales, programadores y diseñadores digitales, ingenieros de sistemas, ingenieros y técnicos en robótica y mecatrónica, ingenieros en nanotecnología, es decir, la tecnología de las cosas aún más pequeñas que lo micro, se requiere formar en la nueva agricultura y en los servicios de hotelería.

    Hoy está seriamente cuestionada la educación por el uso de los medios que nos brinda la tecnología: el internet, los celulares y la nube, la información que se requiere la suministran estos medios, lo que antes lo hacía la memoria del maestro; lo que requerimos en educación es fortalecer el carácter y la voluntad acordes a una ética y una moral que debe ejercer cada individuo dentro de su autonomía personal.


    Este mensaje, es una simple provocación por discutir sobre el momento que nos reta y por cuanto mi experiencia como coordinador académico de las instituciones de educación superior de Antioquia me exige hacerlo por mi tierra, aunque nadie es profeta en su tierra.