El Cauca: tierra de irreverentes

MARCO ANTONIO VALENCIA

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Fernando Vargas, presidente de Asoinca, un sindicato con más diez mil maestros afiliados en el departamento del Cauca lidera la rebelión contra Fecode, la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación. Y eso explica por qué, mientras hoy en todo el territorio nacional  los maestros están en huelga, en el Cauca siguen trabajando como si nada. Es más, Asoinca ha llamado mañana lunes 12 de junio a sus afiliados para votar un paro regional, con un pliego de peticiones propio, y muy distinto a las luchas nacionales.

Pero Vargas no es el único caucano rebelado contra los sistemas centralistas o los liderazgos que desde Bogotá quieren imponer su voluntad a distancia. El departamento del Cauca ha sido cuna de inconformes contra el centralismo toda la vida. Valor y liderazgo ha sobrado en el espíritu de los caucanos para ser la piedra en el zapato (o el palo en la rueda) de proyectos centralistas. A vuelo de pájaro, recordemos algunos casos de esa irreverencia.

Entre 1811 y 1812, mientras que en todo el territorio nacional se intentaba organizar un gobierno patriota después del grito de independencia del 20 de julio de 1810, mucha gente en Popayán, liderada por Miguel Tacón, seguía las ideas realistas a favor de los españoles.

En 1812, cuando se organizó la Nueva Granada (actual Colombia) con la presidencia de Antonio Nariño, el caucano Camilo Torres Tenorio lideró la oposición en favor de un gobierno federalista, y organizó la primera guerra civil haciendo llamar a este periodo: “la patria boba”.

promo-portalPor los años de 1928, el general caucano José María Obando se sublevó contra Simón Bolívar, tratando de impedir imposición de la constitución bolivariana, enfrentó al gobierno y militarmente obligó a dimitir al presidente Rafael Urdaneta.  Luego, en 1840, en la llamada “guerra de los supremos” se sublevó con grupo armado contra el presidente José Ignacio de Márquez.

El caucano José Hilario López fue un conspirador toda su vida. Primero junto a Obando se opuso a Bolívar; luego en 1854 encabezó “la revolución de los artesanos” para derrocar a José María Melo. Después, fue protagonista de “la guerra civil de 1860-1862” para defender la federación y autonomía de los estados.

El llamado poeta soldado, el caucano Julio Arboleda, en 1850 encabezó desde el Cauca “la rebelión armada de los conservadores” contra la abolición de la esclavitud decretada por el presidente José Hilario López.

Tomás Cipriano de Mosquera, entre 1860 y 1862, lideró tropas liberales para rebelarse contra las reformas centralistas del conservador Mariano Ospina Rodríguez, organizó guerra contra el Estado, y demostró el poder de las regiones hasta tomarse el poder militarmente.

Manuel Quintín Lame, en 1914 lideró un levantamiento de los nativos del Cauca, Valle y Tolima, en busca de construir una república independiente para los indígenas, ajena al poder central que desde Bogotá desatendía políticamente las necesidades de los pueblos étnicos.

Con este recuento “a vuelo de pájaro” y un poco forzado, de líderes y motivos de irreverencia,  busco llamar la atención en dos puntos: líderes y motivos de inconformidad contra políticas centralistas es una constante en el Cauca.

Me dirán algunos que la disidencia de Fernando Vargas acaudillando la rebelión contra Fecode  es un problema del sector educativo que no involucra los intereses de los caucanos. Puede ser, yo no sé, pero es un ejemplo de hoy, una noticia del día sobre “pequeñas revoluciones” que pueden convertirse en grandes problemas.

La disidencia de Vargas no se puede tomar a ligera. Ya muchos sindicatos del país estudian la idea de abandonar Fecode y unirse a Asoinca, que aspira a convertirse en sindicato nacional; y la historia nos dice que pequeños problemas mal atendidos pueden convertirse en incendios sin control.

Es más, líderes de Santander de Quilichao y el Valle del Patía ya hablan de independizarse del Cauca, como regiones o departamentos independientes por el abandono y las políticas centralistas que los tienen olvidados.