Stephen Dedalus o de cómo escapar del laberinto

SILVIO E. AVENDAÑO C.

avendano.silvio@yahoo.com

Seis años de la publicación del Ulises, James Joyce publicó El retrato del artista adolescente, (1916). El epígrafe es un verso de Ovidio: Et ignotas animun dimittit in artes, que traducido al español: “Y aplica tu espíritu a ignoradas artes

I

“En aquel tiempo y muy buen tiempo” está bosquejada la sensibilidad del niño consentido (baby tuckoo) Stephen. Onomatopeyas, sensaciones de calor y frio. Cuando se orina en la cama: “primero está tibia y luego se pone fría”. La sensación olfativa “Eso tenía un olor extraño; al mismo tiempo el paso de un orden de sucesión de las percepciones en la aprehensión. Las comparaciones “La madre olía mejor que su padre.” Los sonidos del piano. Asimismo, la idea de los partidos políticos en los colores de los cepillos de dientes, una cuestión más compleja como es la existencia de los vecinos, al mismo tiempo que el deseo y la culpa.

 

Luego cuando se inicia la tarea de conducir al pequeño desde su punto vista informe hasta el saber, ingresa al colegio Glongowes Wood. En el internado “se mantenía en el extremo de su línea, fuera de la vista del prefecto, fuera del alcance de los pies brutales y de vez en cuando fingía una carrerita”. No era el hijo de un magistrado, escasamente de un alguacil. Stephen Dedalus en el colegio uno más sin importancia. Un estudiante cuya arcilla maleable va a ser forjada en el hombre católico, pero pronto escribe:

 

Stephen Dedalus

Clase de nociones

Colegio de Glongowes Wood

Sallins

Irlanda

Europa

El Mundo

 

que se puede leer de arriba hacia abajo y a la inversa y, que sitúa al pequeño Dedalus en la individualidad frente a la pedagogía que forma al individuo en la nacionalidad y la religión. En la patria, Irlanda, con los colores de los partidos políticos: marrón y verde. La religión: la Iglesia católica, el Papa y Dios.

 

El calor familiar y el denso olor a pavo, de jamón y de apio, en la conversación de los comensales, aparece la religión mezclada con la política. “Padre, yo pagaré los diezmos cuando ustedes dejen de convertir la casa de Dios en una agencia electoral” con esto se hace presente el tema álgido: la unión de religión y política. Más, la madre de Stephen sabe muy bien que puede ocasionar el tema, por tanto, pide no hablar de política. Más unos deditos de whisky llevan a: ¿La religión debe hacer política desde el altar? Y mientras la cena transcurre, aparece Parnell, en la conversación, el hombre público, organizador, vencedor de la anarquía, que enfrentó a los grandes propietarios, que instauró en el Parlamento de Londres una postura revolucionaria, pero que cayó en desgracia ante los irlandeses, por una cuestión de faldas, por ser el amante de la mujer de un tribuno. Este hecho une a todos los beatos quienes se apartan con horror del adultero, provocando la condena de Parnell. Y la reunión familiar se quiebra en pedazos.

 

Éste es el primer desfondamiento que se abre en la formación de Stephen. La unión de la política y la religión lleva a la desconfianza de la patria y las dudas acerca de la religión. Frente a la religión, el pequeño Dedalus se distancia, pues la autoridad, castigo y la obediencia se desmorona: Irlanda es una colonia inglesa.

II

Stephen Dedalus abandona el colegio de Gonglowes Wood por dificultades económicas. Vuelve el adolescente a la vida campesina. La bancarrota llega a la familia: “Una mañana, dos grandes carros de mudanza se estacionaron ante la puerta y unos hombres entraron a empellones dentro de su casa y se pusieron a desmantelarla.” La familia es arrojada a los arrabales de la ciudad: “Dublín era una sensación nueva y compleja (…) Un vago descontento se apoderaba de él al contemplar el río y los muelles y el rio bajo y, sin embargo, continuaba errando arriba y abajo, día tras día, como si realmente estuviera buscando a alguien que lo esquivaba.”

 

En Dublín, entra colegio Beldevere, una vez más con los jesuitas: “Le pueden ayudar mucho el día de mañana. Esta gente le puede conseguir un puesto a cualquiera.” Pero Stephen vive en el halo literario. En el colegio se le reconoce como el escritor. No obstante, Balaud el burro de la clase y Malu el vago por excelencia quieren hacerle confesar, a la fuerza quieren hacerle reconocer que Byron es un poeta malo. Más, en el camino de dificultades Stephen recibe premios por sus composiciones literarias y crece en él el orgullo. Esquiva la “vida para la religión, vida para la patria”. Y, en la adolescencia crece el deseo. “Necesitaba pecar con un ser de su propia naturaleza, forzarlo a pecar con él, regocijarse con una mujer en el pecado (…) Al recorrer por las calles, por un laberinto de calles estrechas y sucias, después de mucho errar, una mujer joven, le puso la mano en el brazo para detenerlo y le dijo: -Buenas noches, mi vida- Y de esta manera un mundo desconocido se abrió ante él.”

III

Vendrían los retiros espirituales, como parte de la Contrarreforma religiosa del Siglo XVI. Stephen considera: “el orgullo de su pecado y su frío temor de Dios, le decían que esa ofensa era demasiado grave para que pudiera ser reparada, ni total, ni parcialmente”. En el colegio, los jesuitas lo llevarán a los terrores del infierno tan temido. “Los teólogos consideran que fue un pecado de orgullo, el pecaminoso pensamiento concebido en un instante: Non servíam.” (No serviré.)” Pero de manera especial, Dios castiga “la rebelión intelectual”. La floración de la adolescencia que estallaba en las devoradoras llamas del deseo, el orgullo intelectual que poco a poco se forjaba en los ensayos y en los versos son cuestionados: Y la vergüenza le cubría totalmente como una capa impalpable de abrasadora ceniza que iba cayendo sin cesar”, de tal modo que llega a la confesión por “Pecados de cólera, envidia de lo ajeno, glotonería, vanidad, desobediencia” y a decir: “He cometido pecados de impureza, padre.”

 

Más la resurrección en la confesión y la eucaristía. Pero, a pesar de la regla a la que sometía su vida “sentía el alma asediada de nuevo por las insistentes voces de la carne que comenzaban a murmurar al oído durante sus plegarías y sus meditaciones.” Y por más que sometía el cuerpo y el alma al orden y la disciplina, sentía una presencia oscura, sutil y susurrante que penetraba por todo su ser, que lo incendiaba en las llamas pasajeras de un deseo prohibido” No obstante: “Una duda inquieta revoleteaba aquí y allá por su mente”

 

Y al terminar los estudios de secundaria, el director se dirigió a él: “Te he hecho venir hoy, porque deseaba hablarte de un asunto de mucha importancia. –Sí, señor. – ¿Has sentido alguna vez vocación?”- Stephen se quedó con la boca abierta ante la pregunta del jesuita, pues la pedagogía en los colegios Glongowes Wood y Beldevere se había encaminado para conseguir entre los estudiantes alguna vocación. Pero para Stephen La lengua y literatura habían forjado su alma.

IV

 “¡Otra mudanza más!”. Y caminando en la playa le parece ver el nombre de Dedalo, aquel que logra escapar del laberinto. “Ahora, en el nombre del fabuloso artífice, le parecía oír el rumor confuso del mar y ver una forma alada que volaba por encima de las olas y escalaba lentamente hacia el cielo” En la playa Stephen tiene el poder de la imaginación: “Una muchacha estaba de pie ante él, en medio de la corriente: sola y tranquila, mirando hacia el mar. Parecía que por arte de magia se hubiera transformado en una extraña y hermosa ave de mar. Sus piernas desnudas largas y finas, eran delicadas como las de una grulla e inmaculadas, salvo allí donde el rastro esmeralda de un alga de mar se había quedado prendido como una señal sobre la carne.” Por eso más allá que constreñir la vida en el orden y la disciplina del sacerdote jesuita, desde el interior de Stephen brota la vocación del artista. “¡Vivir, errar, caer, triunfar, volver a crear la vida con la vida!”

V

“¡La universidad! ¡De modo que había burlado el cerco de los centinelas que vigilaron su infancia! Satisfacción y orgullo lo aupaban como olas anchas y lentas. El fin para al que estaba destinado, aunque el mismo no lo conociera, lo ha hecho escapar por el camino imprevisto.” Buscaba la esencia de la verdad en la Poética, de Aristóteles y en la Sinopsis de filosofía escolástica, de Tomás de Aquino. En el vagar peripatético su mente está atravesada por la búsqueda de la emoción estética. “Arte –dijo Stephen- es la adaptación por el hombre de sensible o inteligible para un fin estético”, la salida del laberinto de la religión y la política, así que “Salgo a buscar por diezmillonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza”.

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