Se redujo el número de maestros en Colombia y no están siendo reemplazados

QUEIPO F. TIMANÁ V.

qtimana@yahoo.es

El laboratorio de economía de la educación de la Universidad Javeriana, nos aporta los siguientes datos: teníamos 453.868 maestros trabajando en el año 2019 y en el presente año 2021 tenemos 448.886, lo que representa una caída del 1.1%; esto equivale a que Colombia tiene 4.982 maestros menos en clase en el sistema educativo nacional, abarca desde el nivel de preescolar hasta la educación media y los Ciclos Lectivos Especiales Integrados (CLEI), los cuales atienden los ciclos para adultos, esta disminución de maestros puede incidir en la calidad y en el acceso a la educación de los niños, jóvenes y adultos.

El más afectado con esta reducción fue el sector privado con 3.1% de su personal, al pasar de 132.524 a 128.463 maestros, según el último censo de establecimientos educativos del DANE.

Un factor que pudo incidir en esta merma de maestros es la disminución de la matrícula escolar, principalmente en el sector privado y el cierre de establecimientos por la presencia de la pandemia COVID-19.

En el sector oficial también se disminuyó el número de maestros en 1.000 docentes. Lo que nos debe llamar la atención es que estos maestros que fueron retirados no han sido reemplazados, como tampoco se han previsto concursos de selección que permitan pensar en su relevo.

Es preocupante que la reducción de docentes de preescolar fue de 5.1%, pues en una sociedad tan desigual económica y socialmente, una estrategia que permite acercarnos al nivel de equidad es que los niños reciban su atención necesaria en esta primera infancia, en la cual además cubran la necesidad de una alimentación balanceada.

Otro sector que resulta afectado es que, según el censo del DANE, el 63.3% de los maestros del país son mujeres, es significativo que el preescolar, no es de los niveles más afectados, su cubrimiento es del 95.6%, lo cual es más drástico y discriminatorio en el trabajo de la mujer.

Las regiones en donde evidenciaron la mayor reducción de la planta docente, son las que tienen un mayor grado de dificultad en la calidad educativa: Putumayo, Vichada y Guainía.

Este hecho contrasta con lo sucedido en los países desarrollados, en donde se nombraron más maestros para atender con un mejor aprestamiento, retrasos en el aprendizaje, dificultades en la hibridación con la educación virtual, problemas de socialización y de salud mental.

Este problema nos debe llevar a plantear algunas alternativas y esto tiene que ver con el inicio de las campañas políticas para la elección de presidente y congreso de la república.

Los candidatos están llamados a superar el nivel de discusión de rencillas personales, y por el bien de Colombia, ellos que han sido privilegiados y han tenido las máximas posiciones, deberían presentarle al país programas que realmente ofrezcan soluciones estudiadas y factibles de financiamiento, que permitan enfrentar secuelas de la pandemia que nos deja el nivel de pobreza actual de 42% y con una informalidad laboral superior al 60%, con sus implicaciones en materia de seguridad social, así como un alto desempleo juvenil y de mujeres.

Deben plantearse programas que permitan reducir la desigualdad de manera sostenida y generar capacidades y oportunidades que logren desarrollar el potencial productivo del país.

Un punto básico de esos programas debe ser la educación, por su impacto en la forma de pensar, sentir y actuar de este capital humano en su realización de vida personal y social.

La educación mejora la productividad laboral, así como los ingresos iniciales, y amplía las oportunidades de acceso a un empleo decente.

El país requiere un sistema educativo que genere oportunidades equitativas para todos, con la calidad necesaria que sea garantía que su forma de pensar, sus competencias y capacidades conviertan a las personas en hombres o mujeres de bien y que sean personas adultas exitosas.

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