Una nueva reforma política

Columna de opinión

Por Harol Mosquera

D

ice el adagio popular que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. En los últimos gobiernos se han realizado reformas políticas, una tras otra, que al final terminan confirmando que casi todo sigue igual. Los políticos tradicionales, se acomodan a las nuevas reglas de juego y se reeligen, a veces en cuerpos ajenos, demostrando que, el problema no está en el régimen jurídico aplicable a los procesos electorales, la raíz de nuestros dolores de cabeza en materia política se encuentra en las personas y sus prácticas que cual camaleón se acomodan a cada régimen. 

El clientelismo, el trasteo de votos y la compra de votos se reinventan para sobrevivir a cada reforma política. De nada han servido instrumentos tan creativos como la sanción al transfuguismo, la doble militancia, la silla vacía y la pérdida de investidura. 

Muchos aún desde la Picota o cualquier otra cárcel, continúan detentando su poder político regional o nacional. Por eso, no resulta fácil admitir que, la reforma que hoy se discute en el congreso de la república va a servir para el cambio. La llegada de nuevos cuadros del Cauca a la cámara de representantes, si bien motiva ilusiones, en modo alguno hace sentir en la región que las cosas vayan a cambiar pronto. 

Paradójicamente en nuestro departamento, solo los indígenas y los afros quedaron con representación en el senado y a pesar de formar parte de la bancada de gobierno, aún no sentimos el efecto de su gestión. Lo único seguro es que esta nueva reforma política no va a despertar en la mayoría de los ciudadanos el entusiasmo por participar en los comicios, la pérdida de credibilidad del congreso de república no se va a superar por ahora. Sin embargo, a poco más de 100 días del nuevo gobierno, hay mucha censura por parte de la oposición, pero han desaparecido las denuncias por corrupción, que en los anteriores gobiernos estaban a la orden del día. 

Lo único que han podido denunciar es que compraron unos muebles al parecer costosos para la familia presidencial y la casa vicepresidencial, frente a lo cual se demostró que, ni el presidente ni la vicepresidenta tomaron esa decisión, pero que, además, sus antecesores invirtieron mayores cantidades en esos enseres. 

Es posible estar o no de acuerdo con el presidente Petro, pero lo único seguro es que en los próximos 4 años, no volveremos a ver en el gobierno nacional prácticas como las de Providencia, donde fue más lo que se perdió que lo que se invirtió en los damnificados del huracán, o incluso en los auxilios repartidos durante la pandemia, donde mientras se entregaban ayudas a quienes no las necesitaban, otros debían colgar trapos rojos en las puertas de sus humildes residencias, para comunicar que se estaban muriendo de hambre durante el confinamiento. 

La actual ola invernal está poniendo a prueba la nueva administración nacional, es tiempo de probar que es posible que todos los recursos sean invertidos em sus destinatarios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.