¿Paz total?

Columna de opinión

Por: FERNANDO SANTACRUZ CAICEDO

E

n Colombia instaurar la Paz es un objetivo estratégico ambicioso, pero implantar la “Paz Total” ¡semeja una utopía! Dada la magnitud de nuestro conflicto, su persistencia, las circunstancias generadoras de violencia y sus secuelas, podría abordarse teóricamente así: de la sumatoria de las partes –paz regional- resulta la Paz Total, producto del irrevocable propósito del Gobierno para instituirla y de la efectiva participación y acatamiento por todos los ciudadanos.

Colombia, sociedad clasista por excelencia, exhibe una concentración de la riqueza dineraria y material tan aberrante que, en desigualdad, ocupa el primer lugar entre los países de la OCDE; carece de democracia política, de justicia social, tiene brechas insalvables en cuanto a NBI y alberga una población aquejada por múltiples inequidades, ¡pero ávida por superar definitivamente su situación de miseria!

Iniciada la década de los 60 surgieron guerrillas marxistas -FARC, EPL- y cristianas –ELN-, con la intención suprema de “tomar el poder para el pueblo”. Lo antedicho prueba categóricamente el origen políticomilitar y programático de dichas organizaciones, marginadas completamente del narcotráfico –NT-, pero permeadas por sus prácticas al finalizar los 80. Tal razón obliga hoy al Gobierno a negociar la Paz Total con el ELN de manera análoga a la que concertó con las FARC, pues reconocer su naturaleza política impele a iniciar las negociaciones, a emplear dispositivos de justicia transicional y a honrar las obligaciones internacionales contra la impunidad. Contrario sensu, sería erróneo admitir el linaje político de las “bacrim” o las cuadrillas “paramilitares”, empresas criminales que deberán someterse o “acogerse” a la oferta de Paz acordada con el Estado en el marco de los cánones penales, so pena de ser liquidadas o extraditadas. El éxito en la negociación con grupos armados de signo social contrapuesto, ¡es uno de los desafíos cruciales del proceso! Materializar el Convenio suscrito con las FARC, es perentorio para avanzar positivamente en el pacto con el ELN. 

El NT ha sido el carburante de la Guerra durante siete lustros. Los empeños propaz Gobierno-Agrupaciones Armadas son encomiables, ¡pero incompletos! Petro anunció una política que enfatiza la legalización y regulación, opuesta al prohibicionismo apadrinado desde Washington y la UE. Es inevitable abordar alternativas de resolución fundadas en nuestras perspectivas y necesidades, como ocurrió en Bolivia, Perú, Uruguay, etc., y NO desde intereses e imposiciones foráneos. La oposición recalcitrante y las mafias transcontinentales y nacionales del NT, la minería ilegal, el comercio armamentista, etc., bombardean los “diálogos regionales vinculantes” y la formulación de Paz Total porque riñe diametralmente con sus réditos ilegales. 

La intensidad del conflicto en el norte del Cauca, colmado de ferocidad endémica, ha inclinado al ejecutivo a ensayar en ese territorio la política de Paz Total. Cálculos moderados indican que en 2021 los cocales cuantificaban 1.400 hectáreas en la zona Buenos Aires-Suárez; la superficie cultivada con cannabis en la subregión ocupaba 1.500-2.000 hectáreas; la violencia cobró 370 homicidios, masacres, desplazamientos, infracciones a los DD.HH. y afectaciones a la población civil; se incrementaron las siembras ilícitas y la minería ilegal; nueve de los 13 municipios nortecaucanos son PDET, gravemente damnificados por la confrontación, el abandono institucional y la pobreza.

A tal realidad se suman problemas emergidos de la tenencia territorial –reclamación de 375 mil hectáreas por comunidades indígenas y afros-; utilización del suelo –monocultivo cañero con 50 mil hectáreas-; enfrentamientos clasistas e interétnicos; hambre campesina por tierras y presiones heterogéneas experimentadas por el nuevo gobierno. Las comunidades cuestionan lo impredecible de “hacer diálogos regionales en el norte del Cauca, con una cantidad de grupos con orígenes e intereses tan distintos”. La alcaldesa de Santander de Quilichao afirma: “Esta región requiere una inversión estratégica que tiene que ser más allá del tema de fuerza pública y es inversión social”. Somos optimistas, así crezca el escepticismo entre los alcaldes locales.  Construir la Paz Total exige desanudar el fardo de los prejuicios y TRANSFORMAR, ¡CON GRANDES ESFUERZOS, LOS ANHELOS EN REALIDAD!

Un comentario sobre «¿Paz total?»

  1. Resolver el problema étnico es fundamental, lo demás es irse por las ramas. Si se acepta la teoría de López Obrador, al considerar que España vino a saquear, violar, destruir culturas, y de ñapa traer población Negra, que todos deben desocupar por invasores, no habrá solución pacífica, las mayorías que son mestizas alegarán que ellos tienen su parte india, luego derechos .y la población más frágil, es la Negra con la que hay una deuda de gratitud, por su colaboración en la construcción de la nación. Ese sentimiento de revancha por parte de los primeros pobladores debe dar paso a un nuevo ideal, y ese solo se logrará cuando el término indio sea cosa del pasado, para asumir la verdadera identidad, como es la de pertenecer a la familia Amarilla, donde existen excelentes modelos educativos, para que aspiren a actividades más sanas, y dejar en paz las otras poblaciones.

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