LOS CONFLICTOS EN EL JAPIO

Columna de opinión

Por: Jesus Alberto Aguilar Guerrero

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eniendo en cuenta el patrimonio histórico y cultural, evocando el pasado, todo a raíz de las tenencias de tierras que vienen engrosando las noticias a diario debido a las invasiones que se propician en estos días, por parte de un grupo que se hace llamar los nietos de Quintín Lame, generando un total descontrol para la propiedad privada, como también para los dueños y arrendatarios de tierras donde se cultiva caña de azúcar en municipios del norte del Cauca. El tema que nos ocupa en esta oportunidad es la ya bien nombrada y afamada hacienda El Japio, existente desde el siglo XVII cuando llegaron los jesuitas, y se encuentra ubicada el municipio de San esteban de Caloto, colindando con el municipio de Santander de Quilichao y en donde en 1761 con un rudimentario trapiche movido por mulas, se molía la caña para la fabricación de panela y guarapo; el lugar era propicio para la cría de ganado en donde existieron varios hatos, además de cultivar maíz y arroz, para abastecer las bodegas de los colegios regentados por esa comunidad de frailes, en colegios de Popayán y la Iglesia de San José. En esas tierras cuenta la historia que fue aprovechada para reunir las tropas el general José María Obando y apoyar las campañas libertarias de la época; pero como todo no era color de rosa y en el gobierno del belicoso general Tomas Cipriano de Mosquera, dio por terminada la estadía a los clérigos y los expulso en 1767. Japio paso al poder de la Corona Española y luego se le adjudico a don Francisco Antonio de Arboleda en 1775, por intermedio de un remate. 

Años más tarde el gobierno departamental del Cauca, aprovecha su ubicación y por tener cerca la materia prima (la caña de azúcar), convirtiendo el trapiche en un auténtico alambique; llamandole a ese lugar “la aguardientosa” e instalar en esa hacienda la primera fábrica de aguardiente amarillo que diera las primeras rentas a esta jurisdicción; siendo reconocida como una de las haciendas más históricas y representativas del Gran Cauca y de Colombia, sin conocerse que en ese sitio hayan habitado grupos de resguardos indígenas; cuando se sabe que los trabajadores eran los campesinos y negros de la región. Hoy en día la familia Garces Echavarría, de la ciudad de Cali Valle, han hecho de ese hermoso patrimonio, un lugar para vivir de los recuerdos y disfrutar de su belleza. Pese a las continuas arremetidas para ser invadida la hacienda el Japio, se encuentra militarizada y se observa abandonada. 

El ambiente que se vive en ese lugar es tenso, debido a las invasiones de los indígenas a las tierras donde se cultiva caña de azúcar y que tratan de apropiarse por la fuerza de la hacienda en mención, intimidando a las gentes que por muchos años han habitado esos terrenos, aduciendo que los aborígenes son propietarios milenarios y ancestrales de todos los predios como son los cañaduzales. En esta oportunidad con la finalidad de conservar el patrimonio de estas tierras se optó por la mediación de la directora de la sociedad de agricultores y ganaderos del Cauca Isabella Victoria; quien trata por todos los medios de disuadir al grupo de indígenas encapuchados en un número indeterminado, como también intervienen en los diálogos funcionarios de la defensoría del pueblo, ministerio del interior y agricultura, para que en esta área las confrontaciones no pasen a mayores y se logre la pacificación total de la zona.

Un comentario sobre «LOS CONFLICTOS EN EL JAPIO»

  1. La pacificación solo se logra, si se reconoce el proyecto de la Corona, que era el de ampliar la familia a través de mestizaje, algo que hoy es una realidad, al ser la mayoría de la población, muy diferente a anglosajones, franceses, etc, que a donde llegaron solo les interesó , la explotación de los recursos humanos, y naturales, aquí España llegó para quedarse, y sería el espectáculo más absurdo ver indios puros, contra medio indios, y si los Blancos tienen el estigma de haber forzado y desplazado población Negra, para servir a sus proyectos, hoy los nativos quieren hacerse participes de esa vergüenza, pero peor, pues los españoles los forzaron a ser útiles, mientras estos los quieren considerar nulos. Solamente cambiando el ideal de los primeros pobladores se podrá solucionarse este conflicto, y lo primero es aclarar que de indios no tienen un pelo, error de Colón no corregido, hoy se sabe sin lugar a la más mínima duda, que pertenecen a la Familia Amarilla, donde existen excelentes modelos educativos, para ponerse al día, y no caer en contradicciones, como es vivir obsesionados por lo ancestral, e ignorar su identidad. Si esto se logra, las futuras generaciones aspirarán a ser los mejores ingenieros, médicos, técnicos y mirarán como un mal momento cuando el ideal era hacerle la vida invivible a las otras comunidades.

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