La tradición patoja

Columna de opinión

Por: HORACIO DORADO GÓMEZ –

M

ás acá del inmortal y gigante volcán de Puracé, se encuentra la fecunda Popayán mostrando su vejez. Es una ciudad cargada de leyendas. Por esta época, de convivencia en sus casonas, resucita la alegría al lado del fogón familiar para darle gusto al paladar consumiendo sus especialidades culinarias. Estrechamente relacionada con el frio invernal, repito: “Cielo, suelo y pan los de Popayán”. Ello, porque es la ciudad tradicional, donde las personas somos muy arraigadas a sus costumbres. Por esta temporada degustamos las comidas típicas de alto contenido calórico, para reponer el gasto de energía que el cuerpo sufre para mantener el calor corporal. Y entonces, la característica principal que engloba la gastronomía temporal, es consumir alimentos dulces.  

Soy un enamorado de la Navidad desde mi tierna infancia, y me siento muy feliz cuando se acerca el mes de la alegría, para compartir las tradiciones en familia y transmitir la importancia de dar y recibir amor; de ser solidarios, de alimentar el espíritu y de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Todo ello, convertido en el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos.

Es pues, la Navidad la época ideal para conocer las tradiciones, las costumbres y para deleitar algunos de los platos más representativos de la cocina payanesa. De allí este escrito, para que se conozca un poco más sobre nuestros gustos y sabores. 

La tradición patoja con comida típica que no puede faltar en las mesas de las familias durante este tiempo. El encurtido y el plato de “Noche Buena” son comidas navideñas que se remontan a los viejos tiempos de la Popayán de antaño; de la colonia, cuando todavía no despuntaba la república. Aquí encontraron los españoles los insumos para sustituir los que tenían allá en sus tierras. Esa vistosa y muy agradable bandejita con sabor indígena, afro, y europeo, dio origen al plato de nochebuena patojo que contiene los desamargados de: limones, naranjas agrias, brevas caladas, higuillos, cidras, papaya, ajíes dulces, manjar blanco, manjarillo, dulce de leche con panela, buñuelos de almidón de yuca, hojaldras y las rosquillas, como símbolo de la coronación de la reina. 

Al acercarse los festejos de navidad y fin de año, crece la necesidad de preparar y alistar los alimentos para lucir en los ritos costumbristas. Ya lo saben, cual es el plato predilecto para servir en estos días para degustar en las cenas navideñas y para entrar en calor en esta temporada. Nada mejor que un delicioso platillo de colorines y apetitosos dulces navideños.  Quería recordar estas viandas para la noche de navidad y de fin de año que las familias deberían conservar por siempre

Pero, además de los dulces para el cuerpo, necesitamos otros confites para el alma. La navidad nos dulcifica y, si ponemos en práctica la unión para, pasar más tiempo en familia como núcleo fundamental de la sociedad, aprenderemos a amar con el corazón.  Realizar actividades propias de diciembre adornando la casa, de tal manera que en su interior resplandezca la fe, la paz y el sincero amor. Ser generosos en verdadera acción de amor y en silencio, sin esperar nada a cambio. Ennoblecer el alma expresando gratitud para que desaparezca el miedo y surja la abundancia. Y, desde luego, pasar la página del rencor, perdonando a quienes nos han hecho daño para alcanzar la paz total.

Civilidad: Se aproxima la temporada propicia para valorar la paz y el amor como verdadero significado de la Navidad.

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