Filosofía de lo imposible e inaceptable

Columna de opinión

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.

U

na pregunta fundamental es: ¿cómo ser extraño? Esto porque en el mundo actual se diseñan, promueven e imponen lo que podemos denominar como: identidades algorítmicas. El sistema económico y social no sólo se sustenta en la creación del deseo, para que esta lleve al aumento del consumo, sino también, y especialmente, en la creación de identidades y proyectos de vida. No es suficiente con que el individuo desee, además lo deseado debe hacer posible y configurar una identidad de sí mismo. Lo anterior quiere decir que, aunque se promueva y se afirme la diferencia y la multiplicidad, lo cierto es que estas funcionan dentro de un mismo sistema implícito. En eso consiste la característica principal del sistema en mención, que va más allá de la represión y el control, al imponer la motivación individual como una forma de sometimiento imperceptible. Se vive en el infierno de lo igual, aunque se crea estar en la diferencia. Por eso la pregunta: ¿cómo ser extraño? es importante porque esa extrañeza debe pensarse y asumirse como límite, resistencia y creación. 

De hecho, el filósofo alemán Peter Sloterdijk realiza un estudio sobre aquellos que son extraños, haciendo énfasis en la actitud de asumir y desarrollar esa extrañeza, pero no en el proceso intenso de volverse extraño. Es verdad que hay quienes ya nacen extraños, y deben asumir una disposición existencial especial y de distinción ante esa condición inherente, pero también es verdad, y esto nos interesa más, que es posible volverse extraño, devenir extraño, crearse a sí como extrañeza. La esencia (en el sentido spinosista del término, que consiste en identificar aquello sin lo cual el individuo deja de ser, y con lo cual el individuo es) de los que nacieron extraños es maravillosa, pero lo es aún más la de aquellos que se crearon a sí mismos como extraños, que hicieron de la extrañeza un proyecto de vida consciente y voluntario. 

La extrañeza consiste en la capacidad de no identificarse con ningún sistema de pensamiento, de negar con fuerza y alegría toda filiación a cualquier grupo, de no ponerse nunca ninguna camiseta, de no portar ningún tipo de logo o símbolo, del rechazo consciente del apego como sustituto del miedo, de no pertenecer a “ningún ismo” (ni siquiera al vitalismo, porque hay momentos intensos en que es necesario poder reconocer una debilidad). Ser extraño consiste en vivir en el límite, porque adentro se pertenece y afuera no es posible el sentido; también es un acto de resistencia a todo lo que pretende imponer determinaciones, leyes, parámetros porque no los hay, y si los hubiese se podrían transformar; la extrañeza es la afirmación de la posibilidad y del proceso infinito de creación. ¿Cómo ser extraño? ¿Cómo comprender que lo imposible sólo es aquello que todavía no ha devenido como posible, aquello que todavía no se lo ha hecho posible? Ser extraño es la opción fundamental del individuo contemporáneo. Sólo a partir de ahí se debe desplegar y elevar la esperanza.