El legado de Mozart

Columna de opinión

C

Por Diego Fernando Sánchez Vivas

Cuando la Divina Providencia desde su entorno celestial escuchó el ” Requiem”, fascinado por la solemnidad de aquella música y la majestuosidad indescriptible de las voces, observó a Mozart, consideró que ya era hora de llamar del universo  físico tangible al mayor genio que ha dado la música en todos los tiempos, junto a Bach y Beethoven, y decidió que en adelante lo acompañaría para que encantara con su prodigiosa e inagotable inspiración, las incontables horas de la eternidad.

El 27 de enero de 1756, nació en Salzburgo, Austria, Wolfgang Amadeus Mozart, el último de los siete hijos de Leopold y Ana María  Ann, visitan todas las cortes de la fastuosa Europa de la época en la que cae rendida a sus pies  la nobleza más representativa de ese entonces, atraídos por la armonía de sus obras, la precocidad inaudita de su inspiración  y la innegable simpatía y vitalidad desbordantes del genio. Ahí estaban la emperatriz  María Teresa de Austria, el duque de Grimm, y la princesa de Conti. En el palacio de Versalles con gran entusiasmo el Rey Luis XIV escucha al infante interpretar el clavecín con cuatro sonatas con acompañamiento de violín y más tarde en Londres, el rey Jorge III en compañía de la reina Carlota, se asombran con la interpretación de seis sonatas para clavecín, violín, flauta y violonchelo k-10-15. Luego se siguieron en una cascada incontenible de una inspiración que parecía heredada de designios superiores, sus más significativas obras musicales, sucediéndose una tras otra, 41 sinfonías como las excepcionales 35,38 Praga y 41 Júpiter  entre otras, 22 óperas entre las cuales se destacan , ” Don Juan”, ” Las Bodas de Fígaro”, ” Don Giovanny” y ” La Flauta Mágica”, 27 conciertos para piano, 6 conciertos para violín, 20 misas, 178 sonatas para piano y 60 obras para orquesta como serenatas y marchas.

Pero ese talento inagotable y descomunal genialidad no lograron que pudiera disfrutar de una vida holgada y tranquila, ya que en sus últimos años la estrella que inicialmente lo acompañaba a lo largo de sus presentaciones empezó a opacarse y poco a poco fue sintiendo el impacto del olvido, la pobreza y la enfermedad. Decepcionado Mozart regresó a Viena, y el 30 de septiembre de 1791 estrenó ” La Flauta Mágica”, y como un espejismo ilusorio parece que quiere recuperarse de la adversidad, pero ya es tarde. El 5 de diciembre de 1791 a los 35 años de edad se extinguió para siempre la presencia física del genio de la música. Al día siguiente es conducido en medio de una inclemente lluvia al cementerio de San Marx con la presencia de tres músicos y el sepulturero que acompañaron su féretro hasta el final y son depositados sus restos mortales en una tumba comunitaria simple.

Su legado, dos hijos pequeños y el tesoro inestimable de su música. De su obra el compositor Franz Schubert afirmó  “Oh Inmortal Mozart”, cuantas infinitas e inspiradoras dedicaciones para una mejor vida   has dejado en nuestras almas”

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