DELIRIO                                                                                                       

Columna de Opinión

Por: Roberto Rodriguez Fernandez

rrfernandez@unicauca.edu.co

Utilizar un lenguaje llamativo, hasta emocionante, pero lleno de mentiras, malintencionado, y creer que se tiene la razón, eso es delirante.

Todo se vuelve espléndido, grandioso, a pesar del sufrimiento de la gente bajo un régimen claramente neo-colonial. Decir que se ha contribuido al progreso y a la democracia, cuando los informes muestran solo militarismos y exclusiones sociales, implica estar trastornado.

Muchos piensan que el poder individual soluciona todos los problemas, aunque esté basado en esclavizaciones explícitas u ocultas. Las riquezas apropiadas por algunos se vuelven tesoros legendarios, son la base del progreso sostenido durante décadas. Los diseños y controles de campos, ciudades y recursos son ingeniosos y democráticos.

Pero tanta perturbación ofende, además de alienar. Tener dirigentes totalmente alejados de la realidad social actual -en lo nacional y en lo regional- se origina en la insensatez. Estar aferrados a visiones claramente falsas, incluso a pesar de las pruebas en contrario, solo es un desvarío alucinante.

Hay quienes se oponen a los argumentos y razones mas creíbles y contundentes sin explicar sus diferentes maneras de ver las cosas, o a pesar de no verlas. En el pasado se niegan hechos, problemas y transformaciones, en el presente se creen sus propias mentiras relativas a que todo está bien, y para el futuro se anuncia la defensa de tales disparates.

Venden ideas de un optimismo verbalmente exagerado, pero realmente hueco, y quienes votaron y respaldan estos desatinos también han caído en el delirio, en la carencia de sentido de ese lenguaje fantasioso. Se niegan todas las posibilidades de debate, se huye de las multitudes que reclaman, se teme al juicio de la historia, los necios insultan a quienes descubren sus despropósitos y no aceptan abucheos en contra.

Insistir en la quimera del estricto cumplimiento de la legalidad cuando no se respetan las obligaciones ni las cordialidades, es esquizofrénico, allí hay desorden mental. Plantear que -en el mejor de los casos- todas las soluciones están en las leyes, es entender que la legislación es el fetiche perfecto; todo podrá ser legal, pero el problema está en las propias leyes, que contienen vacíos, antidemocracias, manipulaciones, intenciones torvas. Pero de eso no se dan cuenta los frenéticos del lenguaje mentiroso.

¿Cómo “bajar a la tierra” a los delirantes?

En el caso improbable de querer volver a la realidad, y que ello se pueda lograr, pero para poder ser de nuevo prudente y discernir y expresarse consecuentemente, sería indispensable contar con el reconocimiento de los propios errores por parte del afectado. Recuperar el sentido común es algo que el alienado no acepta, o que puede ser otro engaño.

Se requiere cordura, tener plena conciencia de los hechos, problemas y cambios de las sociedades pasadas y presentes, ser equilibrado en la comprensión de las coyunturas y expresarlas consecuentemente.

Todo ello implica vivir otra visión, partir de otras ontologías y epistemologías. No se trata solo de cambios en el lenguaje, no todo se aclara dejando de decir mentiras. Habría que “desaprender” conceptos y prácticas hegemónicas, deconstruir entendimientos y posturas, descolonizar el pensamiento y las acciones individuales y colectivas.

Es decir, habría que salir de la caverna. ¿Estamos saliendo?

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