Los peajes del hambre

Columna de opinión

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Por Reinaldo Hoyos Molina

Más de 200 “peajes” en 20 mil kilómetros cuadrados existen en Colombia, a veces, uno sobre otro; pero no son parte de concesiones, sino de mujeres, niños y niñas (hombres muy pocos) de la Guajira que esperan comida a cambio de dar vía.

La escena fue surrealista: un niño de no más de 13 años atravesando la vía a la velocidad que le permitía sus pequeñas piernas, porque acababa de quitarle una bolsa de agua mediana a un grupo de tres soldados (esos fue los que alcancé a ver) que lo miraban con ademanes de salir detrás de él.

Al final, al otro lado de la vía, el niño se voltea vigilando los movimientos de los soldados, para después adentrarse a ese paisaje árido que es la media y alta Guajira.

Logró su cometido: ese día tenía agua para beber.

Eso sucedió en la vía inconclusa del gobierno Duque que lleva de Uribia, capital indígena de Colombia como se identifica el municipio, al Cabo de la Vela, el paradisiaco destino turístico.

Desde Riohacha, capital del departamento, nos expresaron que debíamos comprar algún alimento para entregar a las comunidades indígenas en nuestro trayecto a la alta Guajira. Así lo hicimos. Lo que no calculamos es que fueran tantos, y que esos tantos se multiplican por dos debido a que a los Wayuú no les interesa si ibas entrando o saliendo.

Existen más de 200 “peajes” en esta zona y en ellos, mujeres con niños en brazos o niños y niñas, y muy pocos hombres. Le preguntamos a nuestro conductor sobre esto y su respuesta fue levantar uno de sus brazos para hacer la seña de beber, fue suficiente para entenderlo todo.

Estas realidades saltan a la vista y muestran los niveles de pobreza que desembocan en los 85 niños y niñas muertos por desnutrición, según los líderes Wayuú; en la falta de agua potable para el consumo humano; la falta de protección a los menores de edad y la poca inversión estatal y privada en la región.

Solo para dar dos ejemplos: existen parques eólicos y ninguno brinda energía a los municipios o rancherías de la Guajira. De los proyectos que anunció Iván Duque en su gobierno, el 54% no se ejecutó, más de la mitad quedaron en el limbo.

Al final, es inevitable llegar a la conclusión que las periferias del país, La Guajira y Cauca, tienen realidades muy parecidas; carencias y necesidades muy sentidas; todo en medio de una belleza natural única.

Quizá la diferencia entre estos dos departamentos es que allá hay niños que se arriesgan a quitarle una bolsa de agua a militares bien armados y salir en carrera, una carrera por la vida.