Este departamento es una bomba

Editorial

Por: Marco Antonio Valencia Calle

Primero bloquearon la vía Panamericana los campesinos del Macizo, pero como eran campesinos les hicieron promesas de humo, no se les resolvió nada, y no pasó nada.

Después, salieron a la vía Panamericana los indígenas de Tierradentro y el norte del Cauca, pero como eran indígenas, les hicieron promesas chimbas, incluso firmadas, y no pasó nada.

Luego salieron a la vía a protestar los cocaleros del sur del Cauca, campesinos y asalariados; pero además de promesas, firmas si honor y mesas de diálogo con ministros y altos funcionarios, tampoco pasó nada.

Y así han venido desfilando por la Panamericana los sin techo, los cafeteros, los mineros, los agricultores, los transportadores, los habitantes de pueblos abandonados, etc. Y la respuesta es la misma trama: dialogo, mesas de trabajo, promesas, y nada.

A la vía Panamericana van los que claman por agua, por vías, por salud, por educación, por comida, por un gobierno que además de escuchar y firmar papeles haga algo de verdad, y se deje de mentiras.

Cuando tapan la vía Panamericana que recorre el país de norte a sur, dejan aislado a varios departamentos.

Y en su desespero no dejan pasar ningún vehículo causando rabia, desespero, y desolación en otras miles de personas que necesitan transitar.

Esos taponamientos de vía han causado la muerte de cientos de personas. La ruina de muchas empresas, el odio entre clases y razas, el enfrentamiento y desunión de habitantes de un mismo departamento.

Ayer fueron los negros y habitantes del valle del Patía los que salieron a cerrar la Panamericana.

Los patianos, inundados hasta el alma por el invierno, piden agua.

Exigen que sus gobernantes se dejen de cuentos y cháchara… y les brinden una solución real a su problema de falta de agua potable. Dicen que son más de seis mil personas padeciendo la miseria de no tener el mínimo vital de agua para sus alimentos, para sus necesidades básicas.

Los habitantes de la Costa Pacífica (Guapi, López de Micay, Timbiquí) no llegan a la Panamericana a taponarla porque les queda lejos, pero en su territorio, de igual manera, salen cada vez con más frecuencia a gritar en las calles sus necesidades y reclamos al gobierno que los tiene abandonados.

Y así, la Panamericana como un santuario se va llenando de registros e historia de voces, arengas e insultos. Una vía internacional que en el tramo del departamento del Cauca siegue siendo testigo muda de las rabias, necesidades y desconsuelo de cada uno de sus habitantes.

Cada comunidad que allí asiste a cerrar la vía busca que la prensa recoja sus quejas, sus dolores, su cansancio, su hambre.

Quieren contarle al mundo, pero especialmente a los políticos que ostentan cualquier grado de poder, que ellos existen, que tienen problemas, que por favor, los ayuden. Que cierran la vía porque no quedó otro camino y están desesperados.

¿Cuándo va a estallar esta bomba social que se fabrica de a poquitos, taponamiento tras taponamiento?

Ya es hora de que el gobierno nacional ponga orden a esta crisis humanitaria y económica del Cauca.

Que con pesar y vergüenza tenemos que decir que a los de aquí nos quedó grande, no pudimos.

Es evidente, lo dice la historia.

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