Cuando los pájaros no cantaban: Tres piedras

Como una apuesta por aportar a la construcción de paz y memoria en Colombia, El Nuevo Liberal compartirá en su edición sabatina algunos relatos incluidos en el volumen testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad. Hoy compartimos “Tres piedras”.

Especial Hay Futuro Si Hay Verdad

Redacción El Nuevo Liberal

Como cada sábado, compartimos con nuestros lectores apartes de los relatos que conforman el volumen testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad, “Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en Colombia”, un documento que intenta “componer una polifonía sobre la guerra desde las experiencias más íntimas de las personas que la vivieron”. .

La razón de ser de estos relatos es ser leídos por otros. Por eso, como una apuesta por aportar a la construcción de paz y memoria en Colombia, seleccionamos algunos relatos vinculados al territorio caucano y sus habitantes. Los compartimos tal cual se encuentran en el Informe.  En la historia de hoy mujeres yanaconas reconstruyen el desplazamiento forzado de su comunidad a Bogotá, y sus estrategias para no perder tradiciones como la de la Tulpa.

Los indígenas Yanacona se encuentran ubicados principalmente en la zona suroriental del departamento de Cauca en el Macizo colombiano. Imagen: Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
De acuerdo con el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), La tulpa ha representado desde la ancestralidad, la unidad familiar, es un espacio donde la palabra se abriga con el abuelo fuego, es donde la comunicación y la educación propia se hace práctica. Imagen: Mateo Rivano para el libro “Ipx kwet peku’j / Alrededor de la Tulpa” (Luz Eneida Tumbo, 2014).

Los relatos han sido editados con el interés de mantener la integridad de los testimonios, y lo que puede parecer un error de escritura “es una decisión editorial en la apuesta por respetar la oralidad, en su diversidad y riqueza lingüística, de las personas que dieron su testimonio”, explica el documento, el cual puede ser consultado en la página web de la Comisión de la verdad (www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad).

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Tres piedras

Nosotros somos indígenas yanaconas. Vivíamos en el macizo colombiano, una tierra en la que por donde usted pase hay agua. Cada veinte metros hay una quebrada, un arroyo, un pozo, algo de agua. La historia nuestra es un poco triste. El pueblo yanacona siempre ha sido desplazado de su territorio. Antes de llegar al macizo, nosotros vivíamos en el territorio del Imperio inca. Éramos un pueblo que no había sido conquistado por ellos, pero que finalmente terminó sucumbiendo ante su poderío. Los indígenas yanaconas no se doblegaban, entonces el emperador inca los mandó a matar. Su mujer dijo que no, que los dejara al servicio de ella, y los yanaconas quedaron al servicio de la mujer del Inca. Cuando llegaron los conquistadores, para salirse del yugo inca, los yanaconas se aliaron con los conquistadores. En el transcurrir del camino se ubicaron, la mayoría, en las montañas del macizo colombiano, donde no llegaba nadie.

Nuestro territorio es el macizo colombiano. Desde donde empiece y se denomine macizo colombiano. Lo que nos ha acontecido a nosotros como yanaconas y como pueblo indígena ha transcurrido desde la Conquista. Por aquí lo dijo más de un compañero, «estamos encima de oro, de agua, de petróleo».

Hay algo muy significativo en los pueblos indígenas y es la manera como pensamos. Eso es lo que nos une a todos los pueblos indígenas. La tierra para nosotros no es una forma de inversión; es una forma de vida. Es algo que nos provee todo para nuestro bienestar. De ahí que la llamemos Madre Tierra.

Pues ha habido una invasión de los grupos al margen de la ley, llámense de izquierda, llámense de derecha, llámense lo que sea. Han sido como la base para que personas o nuestros miembros de comunidades indígenas tengamos que desplazarnos. Nos amenazaron, nos mataron. No les gustó como pensábamos. Por esas cosas estamos aquí. Nos ha tocado salir de nuestro territorio por la violencia. Es que estaban los paramilitares, la guerrilla, la misma Policía, el mismo Gobierno. Nos desterraron de nuestro territorio. La guerrilla se llevaba a los muchachos cuando estaban en la adolescencia. Hubieron muchas cosas que de todas formas nos tocaba salir.

A la llegada a la ciudad siempre ha habido un choque cultural bastante impresionante. Por ejemplo, yo ando con esta ruanita y con este sombrerito, a veces, y el taxista de pronto no me quiere alzar porque no sé qué piense.

Tienen un concepto raro de qué es ser víctima: piensan que somos… no sé, pobres diablos, que no teníamos nada y nosotros lo tenemos todo. La única meta que tenemos como pensamiento indígena es recuperar nuestro territorio, o tener un territorio donde verdaderamente podamos enseñarles a nuestros hijos nuestros usos y nuestras costumbres. En verdad, nos las están acabando.

Soy indígena nativo porque es que yo soy de aquí, a mí no me trajeron ni mucho menos. Es a partir de esa resistencia que hoy en día estamos cogiendo fuerza. Y tenemos que atizarle, tenemos que jurgoniarle al fogón, tenemos que calentar nuestras tulpas. A eso es que nosotros le estamos trabajando. Hoy en día nos estamos llamando La Tulpa. ¿Por qué La Tulpa? Porque es el símbolo de nuestro territorio.

La tulpa es nuestro símbolo, lo que acá en la ciudad llaman estufa. La estufa de nosotros son tres piedras, esas son las tres tulpas. En esas tres tulpas está nuestra madre naturaleza; es donde calentamos y cocinamos nuestros alimentos. En esas tres tulpas nos reunimos a dialogar; a mambiar nuestro conocimiento, a mambiar nuestras costumbres, a mambiar nuestra experiencia. Entre las tulpas, al pie de la tulpa, está nuestro ombligo.

Nosotros no nacimos ni en camilla, ni en la ciudad. Nosotros nacimos, ahí sí como se dice, en nuestra cama de paja, en nuestro territorio. Y nuestros papás nos cortaron el ombligo y lo enterraron en la tulpa.

Levantan la tulpa, hacen el hueco. Se lo tapa con rescoldo, y ahí ya vuelve y se sienta la tulpa. Por eso es que nosotros no podemos abandonar nuestro territorio. Nuestro ombligo, nuestra raíz y nuestra sangre están en el territorio.