Cuando los pájaros no cantaban: La Guambía

Como una apuesta por aportar a la construcción de paz y memoria en Colombia, El Nuevo Liberal compartirá en su edición sabatina algunos relatos incluidos en el volumen testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad, vinculados al territorio caucano. Hoy compartimos “La Guambía”.

Especial Hay Futuro Si Hay Verdad

Redacción El Nuevo Liberal

La razón de ser de estos relatos es ser leídos por otros. Por eso, tratando de aportar a la construcción de paz y memoria en Colombia, seleccionamos algunos relatos vinculados al territorio caucano y sus habitantes. Los compartimos tal cual se encuentran en el Informe.  En la historia de hoy, una mujer misak cuenta que después de la Colonia fueron obligados a deshabitar la guambia para vivir en casas cuadradas, y así evitar prácticas consideradas paganas.

Fotograma “Pueblos en resistencia, por una vida en paz” /Recuperar la tierra para recuperarlo todo – Performance de la artista Julieth Morales. Fuente: Comisión de la Verdad.
Foto del pueblo guambiano. /Tomada de internet

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La Guambía

 Guambía estaba lleno de este tipo de casas, porque eran la forma y la concepción propia espiritual de vida. Están el fuego y los tres mayores, que son la Luna, el Sol y la Tierra, y de ahí nace el ciclo, nuestro espíritu. Aquí todos tenemos un puesto y lo recibimos desde que el ciclo nació. Los niños van terminando el último ciclo y se respeta a la generación de los abuelos y de los mayores.

Este sitio circular fue reemplazado por una hornilla, por estufas; fue desplazado por las casas cuadradas porque era mal visto por la gente. Una cocina de las nuestras representaba pobreza. En estos días le preguntaban en una intervención a un grupo: «¿Qué entendemos por pobreza? Pobreza es el que tiene una casa de paja, el que vive en un tiempo antiguo. Una persona que ya no es pobre es la que no tiene una casa así».

Entonces, en ese tiempo, empiezan a decir: «En vista de que los guambianos no quieren colaborar, ordenamos al párroco de la Iglesia católica quemar todas las casas», y se quemaron todas. Ahorita le muestro unas foticos de cómo era Guambía en pinturas, cuando tenía casas de paja. La justificación para quemarlas fue que en estos lugares se hablaba con el demonio. Muchas, luego de que se quemaron, se volvieron a cimentar y ¡otra vez las volvieron a quemar! Hasta el punto de que en Guambía no había una casa de paja. ¡No teníamos una casa así! Yo digo que no podemos seguir hablando de la memoria y de la historia si tenemos que preguntarnos quién me va a quitar la casa, quién me la va a quemar.

Entonces la armé y aquí está: es la única casa así de Guambía. Hay otras dos que son la casa de plantas medicinales, pero son de uso médico. Yo quise que mis hijos y mis hijas trataran sus dolores acá porque quiero que crezcan con otra lógica, aunque estén estudiando en Silvia, en colegios normales, públicos. Pero cuando llegan aquí les volteo todo lo que dicen allá, y así van teniendo identidad en su vida.

Por ejemplo, este lugar se llama Fundación y es porque lo dispuso un español que dijo: «Llámese Fundación y lleve mi apellido». Fundación Mosquera. Qué lío es cambiar este lugar cuando todas las generaciones lo llaman así. Ese español puso un modelo de casas, que es el modelo que estás viendo: una sala, piezas y ya. Pero acabaron con nuestras casas. No era que no lo supieran. Yo creo que la Iglesia sí se dio cuenta de lo que significaban nuestras casas espiritualmente, para el mundo indígena. Ellos sabían lo importante que era que todos se sentaran alrededor del fuego sin condiciones superiores ni inferiores. Todos hablábamos en igualdad de condiciones. Había más comunicación, más aprendizajes del idioma y de los mayores que contaban sus historias.

En nuestras casas tradicionales es donde se aprende el idioma, donde se comparte una comida y se va hablando de la misma comida. Es donde se habla de la huerta, de los trabajos, de los sueños, ¡que son tan importantes para nosotros! En la casa nos levantamos y hablamos de los sueños. Cuando alguien dice «soñé feo, soñé mal», se hace un remedio con el fuego. Y cuando alguien dice «soñé muy bueno, soñé bien», entonces va y se le dan gracias al agua.

En mi pueblo acabaron también con el nachak circular, pero no pudieron apagar el fuego. O sea, muchas de las familias misak de nuestra comunidad viven en las casas cuadradas, pero tienen el fuego. No ha muerto. No lo tienen en el centro, pero lo pueden tener en algún rinconcito. Algunos sí lo tienen en la mitad, pero está apareciendo la estufa y no sé cómo hacer porque alrededor de una estufa no se puede hacer lo mismo.

Es algo muy curioso: cuando la gente llega a la Guambía, llora. Yo me he dado cuenta y les he preguntado por qué. «No, es que el humo del cigarrillo me hace llorar». Entonces yo lloro porque ellos lo han perdido todo.

“Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en Colombia”, es el volumen de testimonios del Informe de la Comisión de la Verdad, un documento de 515 páginas, que recoge las voces de cientos de personas que decidieron compartir sus experiencias.  El documento puede ser consultado en la página web de la Comisión de la verdad (www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad).

Un comentario sobre «Cuando los pájaros no cantaban: La Guambía»

  1. Muy triste para los primeros pobladores, que viven obsesionados por lo ancestral, algo contra natura, en los humanos todo es perfectible, pero ignoran lo más importante, sus ancestros Amarillos, donde existen excelentes modelos para ponerse al día. Cuando en Silvia se funden colegios de sus primos chinos, japoneses, de Corea del Sur, de Singapur, estos problemas desaparecerán.

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