LA MAYOR SACFRIFICADA: LA VERDAD

EDITORIAL

Por estos días, donde la actividad proselitista por la presidencia de la república ha entrado en un importante receso,  por lo menos una semana, y que busca, entre otros aspectos, contrarrestar la sobresaturación de discursos y propuestas de los candidatos en plazas públicas y recintos cerrados, que a pesar de los ‘cambios’, ‘retoques’ y ‘maquillajes’ de los mismos, al acercarse el día de las elecciones, a fin de ser más presentables a nivel de contenidos y argumentaciones, debido a la precariedad conceptual demostrada por algunos candidatos sobre los problemas álgidos del país al inicio de la campaña y de las inocuas estrategias y acciones para hacerlas realidad, buscando quizá, de manera exclusiva, el favor ciudadano en las urnas, sin rubor alguno por no contar con una visión de país.

En este contexto, cuando los ciudadanos bien informados o con cierto nivel de formación política, así como los integrantes de las mismas campañas, saben los que representa cada uno de los candidatos, se puede decir que todo está dicho, para poder tomar una posición ‘consciente o comprometida’ el próximo 29 de mayo de 2022; es decir, todo está echado a su suerte, como se dice en el argot popular. No pasa igual con la gran mayoría de la población, caracterizada por la prevalencia de niveles muy bajos o nulos de formación política, ha permitido que las ‘nuevas e innovadoras’ posturas, que han ido tomando los candidatos en estos dos largos meses de campaña, se constituyan en el centro de focalización de sus acciones, de las respectivas campañas y sus seguidores para el día de las elecciones.

Ante la maleabilidad política de amplios sectores de los potenciales electores, las campañas políticas han venido manejando sus ‘propias verdades’, apalancadas en profundos procesos de marketing para posicionarlas en el subconsciente individual y colectivo, maximizando las propias y descalificando las otras, así como estigmatizando a sus promotores y seguidores, promoviendo las Fake News y posicionando las Posverdades, en las redes sociales, como elementos centrales para obtener la voluntad del elector.

Es mucho el daño que se le hace al país, recreando este ambiente en un contexto de profunda polarización, el cual para algunos es algo normal y se lo atribuyen a la fogosidad y apasionamiento con que los colombianos asumimos los procesos electorales, creando situaciones de aceptación del hecho que no importan las razones, los argumentos y propuestas para optar por el primer cargo de la nación: La presidencia de la república, sino la mayor capacidad para obtener la ‘voluntad’ del electorado.

Ojalá que lo que hoy vivimos como país nos pueda servir para que le ganemos espacio a esta nociva práctica que vulnera el sentido y significado de la verdad, la cual, según algunos autores, no es otra cosa que ‘la correspondencia entre lo que pensamos o sabemos con la realidad’, lo que supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa. De allí que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza. Cuestión que, al no cumplirse, lo cual se ha vuelto costumbre en las actividades políticas, la verdad se erige como ‘lo opuesto a la falsedad y a la mentira’, que sin lugar a duda se ha apoderado de la actual campaña política.

Es aquí, en donde la mayor damnificada de todo este proceso político – electoral que vivimos es la Verdad, la cual desde la filosofía ‘implica siempre una relación entre un sujeto, es decir, una inteligencia, y un objeto, o sea, una realidad’. Como tal, la verdad es la concordancia del pensamiento con lo real. En este sentido, si tal correspondencia no se da, entonces podemos afirmar que se trata de una proposición falsa, lo grave es que quien llegue a la presidencia con esta afirmación materializada, su maniobra de gobierno y gobernabilidad va a ser muy difícil.

Desde este espacio, que busca coadyuvar a la construcción de ciudadanía a través del fortalecimiento del espíritu e ideario liberales, no partidista, llamamos a que este domingo asistamos masivamente a las urnas votando a conciencia, pensando más en el país que en los intereses personales por muy loables que estos sean.