Volver a leer a Rafael Maya

Como una oportunidad de acercar a las nuevas generaciones a la obra del escritor payanés Rafael Maya, la colección Posteris Lvmen, del Sello Editorial de la Universidad del Cauca, publica en un solo volumen los libros Coros del mediodía y Los orígenes del modernismo en Colombia. Aquí, un fragmento del prólogo.

Por: Felipe García Quintero

El lustro que va de 1920 a 1925 es el periodo de composición del primer libro de Rafael Maya, un ciclo de escritura poética al que decidió llamar “La vida en la sombra”, tal vez debido a la búsqueda literaria que iniciaba por esos años de juventud, a modo de exploración del mundo, la existencia y el lenguaje. Aunque el título no lo anuncia, y en cambio presagie vislumbrar un lado oscuro o la imagen de algo turbio, quizá a tono con la crisis de fin de siglo y la tendencia a la desilusión crítica de la vanguardia en boga, la luz será uno de los caminos emprendidos desde entonces por el poeta payanés, pues lo suyo es la poesía de comunión, aunque la soledad instale su conciencia interior y sea parte del diálogo abierto y sostenido con los seres y enseres, destinado a confirmar la evidencia luminosa del universo.

Si la luz es un rasgo verbal en la búsqueda posterior de Rafael Maya, ya presente en este libro germinal, lo es por la visión conciliadora de la naturaleza y la espiritualidad que a su seno colma la existencia de un sentido religioso cristiano. La fe es otro rasgo personal de su voz, que en lo sucesivo tampoco desaparecerá de su obra poética, pues el universo y sus criaturas, incluida la especie humana, principalmente, son la creación privilegiada por la luz de un poder divino presente, aunque misterioso, en cada cosa viva; motivo siempre de celebración bajo las claves de una acción de gracias, no exenta de puntos inciertos, que solo a veces conecta su mundo con el nuestro, preso del desencanto y la secularización, hasta llegar a impedir su reconocimiento y valoración en otros términos que no sean los suyos; es decir, por fuera de su época, sus creencias y su estilo.

En ese momento histórico del siglo pasado, hacia 1925, la voz poética de Rafael Maya se nos presenta como una herencia literaria que prolonga y cierra a la vez el legado modernista de José Asunción Silva y Rubén Darío, especialmente, bajo la idea de la consonancia y la armonía cósmica que solo el lenguaje humano puede encarnar mediante la palabra sosegada y diáfana. La visión analógica del universo como ritmo verbal, Maya lo privilegia con el apego a la tradición clásica de la poesía hispanoamericana, bajo un dominio cabal de las formas métricas y la prosodia rítmica, de múltiples matices y acentos, que lo convierten, pese a su edad, en un virtuoso y consumado maestro de la técnica, si bien conoce y aplica las diversas maneras de la composición tradicional de la poesía como el soneto, la estrofa de dísticos pareados, el verso sáfico adónico, incluso, el poema de verso libre que tímido aparece también aquí bien definido para mostrar su rostro pleno en el siguiente ciclo poético, el que va de 1925 a 1930.

El carácter innovador de su escritura es lo que caracteriza su segundo libro, “Coros del mediodía”, publicado en 1930. En este conjunto de poemas Rafael Maya se libera de las formas tradicionales y logra el dominio total en otro ámbito como es el versolibrismo, donde el poema ya no tiene métrica ni rima, pero mantiene el ritmo interior, mejor contenido bajo el ropaje holgado que lleva a la lírica colombiana de entonces a respirar un aire distinto, fresco y renovado en realidad, gracias a que el poeta se instala en los nuevos tiempos para dar con el tono justo y expresar a su manera las preocupaciones interiores; por supuesto, sin renunciar al dogma espiritual, donde el diálogo con Dios y la naturaleza se torna en un escenario comunicativo más íntimo por aludir al misterio y lo secreto de la existencia vital, e incluir en su voz algunas zonas desconocidas, a modo de un enigma que el poema sabe nombrar. En todo ello la palabra explora las turbulencias del ser en busca de descubrir, sin explicación, las superficies confusas de la realidad. Se trata de un rasgo de la modernidad eludido por Maya pero que se impone ante su mirar cierto, aunque al sesgo, jamás empañado del todo por la visión trágica de la muerte.

Hoy día llama la atención la dirección que toma este modo del camino creativo, en tanto el joven Maya logra dar un paso inusitado hacia adelante pero contrario, a nivel formal, del dado en su primer libro, y que “Coros del mediodía” parece deshacer, pues en este segundo libro el poeta conquista un terreno de la poesía moderna poco explorado entre nosotros, casi sin antecedentes en la lírica colombiana de la época, en cuanto a la innovación suya que consiste en suspender el uso del repertorio plural de metros y rimas, antes listado, para concentrar su voz en el verso libre de largo aliento y tono melódico, dispuesto a contar y cantar, de modo descriptivo, reflexivo o narrativo, logrando con ello la unidad de un ciclo poético más sólido y ajustado temáticamente, en comparación de su obra inicial, desbordada en la dispersión de asuntos (como el paisaje, la infancia, el tiempo, el amor, la casa y la ciudad natales), cuyo repertorio carece de ejes o estructura que lo unifique, lo cual no compromete el virtuosismo de los recursos técnicos empleados bajo la lealtad debida a la tradición clásica, decíamos; ahora de difícil e improbable ejecución.

La innovación formal cumplida por Maya, mediante la renuncia a la versificación clásica y su incursión en el verso libre, es un atributo histórico tenido en cuenta como criterio editorial para elegir “Coros del mediodía”, aquí publicado de nuevo, luego de casi un siglo de su aparición, y destinado a formar parte de los primeros volúmenes de la biblioteca Posteris Lvmen con que la Universidad del Cauca celebra los 200 años de fundación, junto a la serie complementaria de artículos agrupada bajo el nombre de “Los orígenes del modernismo en Colombia”, libro ejemplar de crítica literaria que dialoga a su modo con los poemas que uno a uno, se comentan a continuación.

Antes de ello, resulta oportuno trazar una mínima semblanza del autor, orientada solo a recordar algunos datos de su vida y de su obra, fundidos en la conjunción de hechos de una cronología incompleta, que sin embargo lleva a estimar la trayectoria de Rafael Maya y su legado literario de humanista y maestro ejemplar de nuestra literatura, en sus vertientes de poeta, crítico literario, docente universitario y director cultural.