Si el principio de realidad en la obra poética de Giovanni Quessep es la poesía misma, la búsqueda estética hace de la palabra conocimiento y salvación. Aunque ese sentido pueda estar oculto y para encontrarlo sea necesario indagar dentro del tiempo oculto en el tiempo mismo, y dar con esa otra voz acallada que surge del mito cuando se vive encantado.
El nombre dado a ese volumen recrea las edades o periodos de un camino literario iniciado en 1968 con la publicación de “El ser no es una fábula”; obra de aperturas que ya entona una música de leyenda, distinta desde entonces, con nuevos elementos, míticos y humanos, en los libros siguientes, para hacer de su voz una de las que mayor interés suscitan en la lengua española, por la singularidad de su registro lírico y las variadas formas que armonizan la tensión de la tradición y modernidad literarias.
De los primeros temas aún palpita hoy día esa preocupación suya por el tiempo como una manera de nombrar el exilio, la conciencia del hombre mortal que canta, y su música
Giovanni Quessep llega a Popayán en 1982 procedente de Bogotá, donde trabajaba como profesor de literatura de la Universidad Javeriana. Pero es la Universidad del Cauca quien le otorga el título de doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras en 1992, como reconocimiento a su labor creativa y docente. A la ciudad que lo acogió hace 33 años, ha evocado sin decir su nombre:
SONÁMBULO
Siempre diré ¿dónde me encuentro,
qué extraña tierra es ésta
que no recuerdo el nombre de
los pájaros
para hacerme una palma con
sus alas?
Aquí vine de pronto
como sonámbulo, como ciego
golpeando con mi bastón las
sillas, la puerta,
los caballitos del diablo en la
ventana.
Desde hace tiempo estoy entre
gentes que amo,
en una ciudad blanca
que tiene las calles inclinadas
hacia el cielo
y un alcázar sin bufones ni reinas.
Es posible que aquí mis huesos
sean
desconocidos, es posible que
muera
soñando un país de dátiles
y un barco lapislázuli de navegantes
fenicios.
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